
Cómo fue que Rapsodia pasó de un sueño en un cuaderno violeta a una marca líder
A Josefina Helguera y Sol Acuña las invitaron a “correrse” y luego de un año y medio la realidad hizo que volvieran “recargadas”; gestaron una cultura única con 1000 empleados de los que 95% son mujeres; su estilo de management es totalmente disruptivo

Toda marca de ropa empieza con una idea, un taller y, en este caso, un cuaderno violeta. El deseo era crear algo distinto; y poco a poco ese pequeño mundo empezó a expandirse. Hace 27 años comenzó a tomar forma un universo único, una marca de texturas, de vanguardia, de sensibilidad y un estilo imposible de confundir.
Con el tiempo, cruzó fronteras, llegó a Chile, Uruguay, Colombia y México y alcanzó los 100 locales. Gestaron un proyecto que emplea a 1000 personas de las que un 95% son mujeres. ¿Su nombre? Rapsodia. En la música es una composición libre que ensambla distintos fragmentos, temas o ideas sin una estructura rígida. El término proviene del griego rhapsōidia, que significa “coser cantos”.
Es justamente lo que hicieron Sol Acuña y Josefina Helguera quienes no crearon solamente una marca, sino una forma de mirar, de combinar, de diseñar, y, por qué no, de divertirse. “Traemos piezas originales, antiguas, mezcladas con denim y cuero. Nos pasa que salimos por el mundo y no encontramos lo oriental, el rock y lo femenino combinados con la pasión”, destacan. Juntas le dieron forma a una estética, que terminó definiendo a toda una época.
Ellas son ellas y por qué no el espíritu de la marca al punto que cuando un fondo de inversión las invitó a “retirarse” fue la propia realidad la que las convocó de nuevo. En esta nueva edición de Hacedores que inspiran, de LA NACION + EY, la historia de cómo dos amigas transmiten estrategia, espontaneidad y amistad. Y sobre todo consistencia entre lo que piensan y lo que hacen.
La última entrevista que dieron fue exactamente en 2016 y en ese contexto Josefina dijo que “probablemente, si volvemos a charlar en diez años, todo lo que hoy te diga será poco, porque el futuro siempre sorprende cuando das lo mejor. Es espectacular”. Diez años después… acá estamos…
-Sol Acuña (SA): Por lo más lindo: que estamos acá, que estamos bárbaras, apasionadas por lo que hacemos. Un poco más sabias, más preparadas, con más convicción, con un equipo espectacular, tope de gama, y eso nos da una seguridad absoluta.
-¿Cómo se reenamoraron de algo que fue de ustedes, que después compra un fondo, ustedes se van y luego vuelven?
-JH: Fue parte de eso que pasó hace 10 años: el universo te sorprende. Llegó un fondo con una propuesta increíble, que prometía traer las mejores prácticas. Entre ellas, “energía extranjera”, y nos invitaron a corrernos. Así que dimos un paso al costado. Hicieron de Rapsodia algo distinto.
-¿Cuánto tiempo estuvieron afuera?
-JH: Un año y medio. Cada una enfocada en cosas personales y disfrutando de la vida. Pero Rapsodia empezó a perder su esencia. Con una mentalidad más americana, la marca se ponía “triste”.
-¿Dolía ver eso desde afuera?
-SA: Nos dolía un montón porque seguíamos involucradas. Éramos accionistas y, supuestamente, éramos como los ángeles guardianes de una marca que no era nuestra, que que la manejaban otros. Teníamos que poner la cara por un trabajo que no sentíamos propio. En un momento dijimos: así no. Me sentía representando algo que no era verdadero.
-JH: La clave de lo que hacemos -y lo que nos sostiene felices y de pie- es que amamos lo que hacemos. En ese momento teníamos que representar algo en donde no nos sentíamos representadas. Y, además, la compañía empezó de a poquito a ir apagándose.
-¿Y cómo volvieron?
-JH: La empresa estaba al borde del colapso, en un contexto económico difícil. Ahí nos convocó Juan Pazo, el marido de Sol, que es director general.
-SA: Yo tengo confianza absoluta en él. Hablando con Juan sentí seguridad para volver a ocupar nuestro lugar. Armamos un equipo espectacular, que se fue consolidando mes a mes.Eso era como una especie de olla que hervía de creatividad.
-JH: Fue un desafío enorme. Nosotros trabajamos con dos años de anticipación en las colecciones, y nos tocaron años durísimos y tuvimos que aplicar muchas ideas. Era crear en medio del barro, pero salía algo distinto.
-¿Se acuerdan cómo se conocieron?
-SA: Desde la comunión.
-JH: Sol era como es ahora: radiante. Ella recién llegaba del campo.
-SA: Y yo la vi canchera, alternativa. Ya compraba en el barrio de Once, en tiendas vintage. Desde el primer momento nos sentimos cómodas, hablábamos el mismo idioma. Mezclamos los roperos, pasábamos los fines de semana juntas.
-JH: Vivíamos en la misma cuadra. Salíamos a vender e hicimos nuestra primera marca con la que salíamos a vender en un Peugeot 404.
-¿Y el cuaderno violeta? ¿Qué escribían acá?
-JH: Fue el eje fundamental del proyecto. Tenía que ser cortito, chiquito, concreto, y al pie. Todo estaba ahí: quién era nuestra clienta, la competencia, el surtido de prendas, cómo queríamos el local, la experiencia de compra, los precios, las vendedoras. Todo metido ahí y así se lo presentamos a Francisco (De Narváez).
-SA: Francisco, que después fue socio, nos enseñó al lema de “think big” y a volcar todas las ideas. Le llevábamos el cuaderno, él corregía, y nosotras seguíamos escribiendo hasta las tres de la mañana. Hasta que lo convencimos.
-JH y SA: La sociedad que tenemos con Francisco es de gran admiración y respeto mutuo. Pasamos por “de todo” y nos emociona como confió en nosotros.
-¿Cómo brotaba la creatividad?
-JH: Lo más importante era darnos permiso para soñar sin límites, nuestro sueño más grande. Nada estaba prohibido. A la hora de juntarnos, había techos altísimos, chimeneas, un living, el mejor probador del mundo. Todo lo que no nos pasaba en otros lugares, quería que nos pase acá. Después de hacer ese business plan, nos dimos cuenta que el límite está en la mente, porque, si vos no te ponés un límite en la imaginación, podés crear todo lo que te puedas imaginar, porque todo lo que poníamos iba quedando genial. Cada prenda es distinta. Todo tiene un color diferente, estampados, lentejuelas, todas cosas que en la industria local no existían, y nosotras soñamos con lo que nos daba ilusión, con lo que no había y lo que queríamos usar en esa instancia. Después teníamos que poner un orden a todas esas ideas.
-SA: Por suerte, la tenía a Jose, la mejor socia que pude haber conseguido en mi vida, para que todo eso vaya a una grilla y tenga un un sentido, porque a mí, de repente, el caos me bloqueay ella es orden. Nos combinamos perfecto.
-JH: Desempolvamos los manuales de marketing. Hicimos la listita bien concreta e íbamos corrigiendo semana a semana, hasta que quedó bueno, consistente.
-¿Y el primer local de Cañitas?
-JH: El día que abrimos, todo lo que estaba en el cuaderno violeta estaba ahí. Literalmente.
-¿Qué significó India para ustedes?
-JH: Una cueva de Alí Babá de colores y texturas. Podíamos hacer siete colecciones en un minuto. Aventura. Todo era posible: colores, piezas únicas, bordados. Nos movíamos en tuk-tuk, pagábamos con bolsas de rupias. Fue una aventura total. Viajábamos de proveedor en proveedor y todo fluyó.
-¿Creen en la casualidad?
-SA: Nos unió el amor por lo que hacemos y por estar juntas. Nos admiramos.
-JH: Compartimos lo profesional y lo personal. Es un vínculo diario. Eso nos hace entendernos desde un lugar de disfrute. Crisis entre nosotras nunca hubo. El respeto es la base para que las cosas fluyan. En nuestro grupo trabajan 1000 personas, de las cuales 95% son mujeres. Y somos mujeres que nos complementamos. Cada una trae sus dones y todas vamos armando esta Rapsodia todos los días. Se trata de respeto y afinidad.
-¿Cómo nacieron las alas que son distintivas de la marca?
-SA: Eran parte de un dibujo de un águila. Un chico del equipo dibujó las alas, las pusimos en el jean y… volaron.
-JH: Como el ala iba para arriba, levantaba la cola. Fue azar y se viralizó. Después se transformó en nuestro logo. Siempre volar está bueno. Al punto que el grupo se convirtió en Grupo Alas.
-¿Cómo saben si una colección será un éxito?
-JH: Lo siento “piel adentro”. Amo los best sellers. Me encanta que la gente acceda a lo que necesita. A veces tengo una certeza absoluta. Hay algo que sentimos con Sol que sin mirarnos sabemos si va a funcionar o no.
-¿Qué sienten cuando ven sus prendas por la calle?
-SA: Les guiño el ojo por dentro. Es hermoso.
-JH: En la moda hay mucha sensibilidad personal y también ciclotimia. Y nos reímos mucho de eso.
-SA: Por ahí algo que dejamos después nos gusta y vuelve. Hay momentos en los que me quiero poner toda la colección. Es por ahí. La expansión de Rapsodia me saca una sonrisa. Me da orgullo.
-La expansión a chicos y a deco…
-JH: Decidimos quedarnos con el negocio de mujer que es lo que mejor sabemos hacer.
-SA: Enfocarnos también fue clave. También a nivel expansión internacional buscamos explorar pero no sentimos un fracaso si hay destinos en los que la marca no va.
-JH: Somos mucho más de América latina.
-¿Qué significa para ustedes la medalla milagrosa y por qué es tan importante?
-JH: Una guía. Una velita interna que sostiene.
-SA: A mí me acompañó cuando falleció mi hija en el parto. Buscar esperanza fue vital. Me quedé embarazada contra todo pronóstico, y después de un embarazo de riesgo, llegó Lucio. La Virgen me cuidó. Desde entonces, siempre agradezco. Siempre fui positiva. Acepté lo que pasó. Hice terapia, me dejé ayudar. Y seguí. No sé de dónde saqué fuerzas, pero se puede. Hoy estoy bien, la recuerdo bien y la llevo conmigo.
-JH: A mi la ansiedad me llevó a meditar y estudiar sanación energética. Era eso o medicación. Necesitaba encontrar mi eje. La energía sigue al pensamiento. En cada colección hacemos una intención, una meditación. Es muy lindo. Hay que conservar el eje frente a la sobre exigencia de lo que es el mundo actual. Todo lo que estudié me explica el flujo de ideas y porqué no cesan. Todo lo que podés mirar lo podés crear. Eso es Rapsodia. Una conexión desde el disfrute y el universo te sorprende. Siempre hay que poner lo mejor.
-Hace 27 años dibujaron a Azucena, “Zuzu”. ¿Qué es Zuzu para vos?
-SA: Zuzu es mi primer amor verdadero del primer hijo. El desborde de amor. Trabajadora, segura. Me recuerda mis inicios aunque la veo más segura a ella. Es arrolladora. Tiene muchas ganas de trabajar.
-¿Y tus dos varones?
-JH: Hermosos, muy lindos. Juano tiene veintinueve, y Santos tiene veinticuatro, que trabaja con nosotros. La verdad que son lo máximo. Y ahora que se acaba de casar también tengo una nueva hija.
-¿Está bueno laburar con la familia?
-JH: Me encanta, se genera algo muy lindo, algo lindo compartido. Y también nos permite conocerlos desde otro lugar, porque uno los conoce desde un ámbito familiar.
-SA: Los jóvenes tienen tanto para aportar, traen cosas nuevas y se generan ideas frescas.
-Les propongo un juego para para cerrar la entrevista que tiene que ver con algunas palabras y ustedes le ponen definiciones. La vida para ustedes es:
-JH: Mágica.
-SA: Maravillosa.
-Música para vos...
-SA: La vida
-¿Tu canción preferida?
-SA: Alguna canción de Nina Simone que podría ser Save me.
-Las cosas que te ponen de mal humor...
-SA: La impuntualidad me mata, el poco el poco compromiso,
-¿Las cosas que te ponen de buen humor?
-JH: la familia.
-¿La textura que más disfrutan?
-JH: El denim, el algodón.
-Si nos vemos en 10 años, ¿qué les gustaría decir en retrospectiva del camino que recorrieron de acá a esos 10 años?
-SA: Que todo fue maravilloso, que todo siguió así y mejor, que seguimos estando contentas juntas, contentas con la marca, que Rapsodia siga.
-JH: Muy agradecidas, siempre. Porque seguimos por esta red de gente que siempre nos alienta, nos escribe unos mensajes muy lindos. Y si tuviéramos que decir algo: gracias.
-¿Por qué creen que lograron lo que otros no logran? Porque sueños hay muchos, dibujos, en cuadernos, también hay tantos otros, pero son muy pocos o pocas quienes lo logran.
-JH: Para mí, tiene que ver con la pasión y la claridad, con estar enfocado y concentrado, con saber a dónde querés llegar, con ser profesional, con ser coherente en la acción.
-SA: Conducta, ser profesionales. Yo siempre digo que acá hacemos ingeniería nuclear, porque en este país tenés que estar preparado.
-JH: Todo el tiempo tenés que reorganizarte, reordenarte, y reinventarte. Hay una elasticidad en el trabajo cotidiano. Con cada colección que arranca, vemos un tema, un título, y le vamos poniendo capas, va saliendo, y nos vamos divirtiendo. Lo que te dan los años es la certeza de qué ingredientes usás que son los que te dan la propulsión. 27 años más tarde después de miles de cosas tenés la sabiduría del “es por acá”.
-¿Tienen metas? ¿Hay un nuevo libro Violeta?
-JH: No es que hay un nuevo libro violeta. Nosotros dividimos un poco el trabajo entre soft y hard, y nosotras somos soft; vamos a ser alma que va a acompañar todos los viajes del cuerpo físico que el hard decida a dónde ir y qué lugares recorrer.
-Para cerrar, completá esta frase. Josefina Helguera es…
-SA: Mi gran amiga.
-Y Sol Acuña es...
-JH: Mucho más que una palabra. Lo máximo, la mejor compañera… Nos vemos en diez años.









