A pulmón
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¿Cuántas veces oíste la frase “acá hacemos todo a pulmón”? Miles, probablemente. ¿Sabés por qué? Porque es verdad. Los que trabajamos en un diario nos enteramos de muchas cosas. Muchas más que las que sería posible imprimir. Así, mientras en las alturas –donde el aire al parecer está enrarecido– siguen discutiendo un mundo que ya no existe y decidiendo sobre la base de ideologías, en lugar de hacerlo sobre la base de los hechos y las estadísticas, nos enteramos de que acá abajo, en el mundo real, docenas de sociedades, organizaciones sin fines de lucro, parroquias, grupos y, por supuesto, pequeños y medianos empresarios se rompen el alma sacándole el jugo a presupuestos irrisorios y lidiando con obstáculos kafkianos.
La Argentina está hecha a pulmón. Incluso en grandes corporaciones –no daré nombres; no me creerían– tienen que remar en jarabe de arce para hacer aquí lo mismo que en otras latitudes se hace con más dinero, más tiempo y menos trabas.
La Argentina está hecha a pulmón y de cierta forma es un orgullo que incluso en la adversidad no bajemos los brazos. Es una encerrona, además, porque o lo hacés a pulmón o no lo hacés. Así que hay ahí un síntoma, y es hora de prestarle atención.
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