A Stephen King lo asusta que la vida se esté pareciendo a su obra

Los paralelismos entre las novelas del escritor estadounidense y la actualidad resultan claros en su nuevo libro, "El instituto"; hoy se estrena en cines "It: capítulo dos"
Los paralelismos entre las novelas del escritor estadounidense y la actualidad resultan claros en su nuevo libro, "El instituto"; hoy se estrena en cines "It: capítulo dos" Fuente: Archivo
Anthony Breznican
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5 de septiembre de 2019  • 11:40

El autor, a punto de cumplir 72 años, está por publicar su sexagésima primera novela, El instituto (que Penguin Random House editará en la Argentina con sus novedades de noviembre) sobre niños que tienen habilidades supernaturales y son reclutados a la fuerza para ser parte de un estudio, a cargo de una organización oscura que luego los desecha de manera brutal cuando dejan de ser útiles. Quienes encasillan a King como un escritor de novelas de terror se sorprenderán por la calidez que hay en un libro que pareciera tener tanta sangre fría.

El concepto del libro se remonta a hace más de veinte años, cuando King -quien ha desarrollado personajes psíquicos similares en libros como Carrie, El resplandor, Ojos de fuego y La zona muerta- imaginó que existía una escuela llena de niños con habilidades extraordinarias. Cuando comenzó a escribir el libro, en marzo de 2017, pensó que no quería que fuera un relato de terror, sino una historia de resistencia: Luke, un genio telequinético de 12 años; Kalisha, adolescente que puede leer la mente de las personas, y Avery, canalizador de poderes que tiene 10 años, organizan una rebelión desde su centro de detención.

"Quería escribir sobre cómo la gente débil puede tener fortaleza", dijo King en una entrevista telefónica desde su casa en Bangor, Maine. "Cada uno de nosotros está en una isla, y a la vez podemos gritarnos unos a otros y unirnos, y entonces se forja ese sentimiento de comunidad y empatía. Me encanta. Me encanta que las historias tengan eso".

"Aunque eso no funciona con el estilo de una homilía", agregó. "Suena empalagoso cuando solo dices: 'Los amigos mejoran las cosas'. Pero cuando lo cuentas en una historia, la gente entiende. Todo el mundo quiere tener un amigo porque, básicamente, la vida es una empresa solitaria".

King reconoce que El instituto comparte esa temática con Eso (It), su épica novela de 1986 y la que despertó una nueva ola de adaptaciones de la obra de King para cine y televisión tras el éxito de la película de 2017. La secuela It: capítulo dos, que adapta la otra mitad de la novela con las versiones adultas de los personajes, se estrena en cines mañana. Las tramas de Eso y de El instituto son totalmente distintas, pero en el fondo de ambas historias hay algo que el autor dice que le importa cada vez más estos días: no generar miedo, sino disiparlo.

"Uno de los desafíos, cuando has vivido tantos años como yo y piensas que has explorado todos los rincones de tu alma, es que tienes que preguntarte: '¿Qué es lo que realmente me preocupa? ¿Qué cosas me importan?'", explicó King. "Bueno, me importa la amistad. Me preocupa que haya un gobierno que tiene demasiado poder y que tratará de hacer cosas pensando que los fines justifican los medios. Me importa la gente indefensa que trata de defenderse. Todas esas cosas están presentes en El instituto".

Todavía puede escribir escenas macabras y desgarradoras, pero los amigos de King dicen que han notado un cambio en sus relatos. "En general, la mayoría de la obra reciente de Steve se ha vuelto más optimista", comentó Bev Vincent, autor de The Stephen King Illustrated Companion y coeditor, junto con King, de la antología de cuentos Flight or Fright. Vincent se refiere así a libros de King como Elevación, una novela corta cómica sobre un hombre que literalmente se quita el peso del mundo y comienza a vagar a la deriva, o La caja de botones de Wendy, que King escribió con Richard Chizmar, editor de Cemetery Dance Publications, y trata sobre un artilugio que da buena fortuna a ciertas personas al tiempo que inflinge desgracias en otras.

"Tenían finales felices. Tenían una visión optimista de la humanidad, tanto en lo individual como entre grupos de personas, aun cuando hubiera algunos patanes en la trama", dijo Vincent. "¿Su visión del mundo se ha ablandado o eso siempre estuvo ahí desde los primeros libros? Tal vez en todo su trabajo siempre hay como trasfondo una manera positiva de pensar la humanidad".

Basta de historias lúgubres

En estos días, King está algo desencantado con sus historias más lúgubres como Cementerio de animales. Cuando los directores de la adaptación que se estrenó en 2018 estaban ideando la última escena, el escritor propuso una idea en la que se salvaba al joven personaje que él mató en la novela original (los cineastas terminaron escogiendo otro desenlace).

Aunque King guarda distancia con las adaptaciones de su obra, La historia de Lisey es una excepción. King está escribiendo todos los capítulos para la adaptación televisiva de la historia de amor sobre una mujer que trata de recomponer su vida tras la muerte de su esposo; la serie de Apple TV es producida por J. J. Abrams y será estelarizada por Julianne Moore. Para la adaptación de la saga apocalíptica The Stand, King también ha escrito un nuevo final con un estilo más "y vivieron felices para siempre" para dos sobrevivientes del Armagedón viral. "Tenía ese final pensado desde hace años", dijo el autor, con nostalgia. "Siempre quise saber qué le ocurrió a Stu y Frannie cuando regresaron".

Chizmar, el editor, ve mucho del espíritu de su amigo y colaborador en los niños de El instituto. "Me parece que Steve es un niño grande", dijo. "Tienes adultos con poder y luego a niños, que representan lo bueno y la inocencia, que se unen para recuperar ese poder. Ahora él es abuelo y les dedicó el libro a sus tres nietos. Me parece que ve con un poco más de escepticismo a los viejos, pero que tiene esperanza por la juventud", concluyó.

Durante un tiempo, King consideró que los villanos de El instituto fueran el mismo grupo que cazó a la piroquinésica Charlie McGee en su novela Ojos de fuego, de los años ochenta.

"Al principio pensé: 'Bueno, está bien, voy a incluir a The Shop. The Shop tiene a estos niños encerrados'", afirmó. "Pero luego pensé: 'No, realmente no quiero que sea una cosa del gobierno'". Decidió que los antagonistas fueran fanáticos financiados por capital privado.

Luego, a medida que King se acercaba al final del libro a mediados del año pasado, las cosas se complicaron. El instituto comenzó a parecerse a lo que estaba ocurriendo en la vida real: niños, que buscaban asilo en la frontera, estaban siendo separados de sus padres por una política gubernamental. "Todo lo que puedo decir es que lo escribí ya estando en la era de [Donald] Trump. Y para entonces ya tenía una sensación, ahora cada vez más fuerte, de que los débiles y la gente a la que le quitan derechos, porque no encajan con la idea 'estándar' de un estadounidense blanco, están siendo marginados", comentó el escritor. "Y en el transcurso de escribir el libro, Trump de verdad comenzó a encerrar a niños". Hay reportes de que por lo menos siete menores de edad han muerto en custodia de las autoridades migratorias estadounidenses desde que se promulgó la política de separación familiar.

"Fue espeluznante, porque era como lo que yo estaba escribiendo", dijo King. "Pero no quiero que digan que lo tenía en mente cuando escribí el libro, porque no soy una persona que quiere escribir alegorías como Rebelión en la granja o 1984".

Como pueden atestiguar sus 5,4 millones de seguidores en Twitter, el autor prefiere reservar sus comentarios personales para las redes sociales. Las novelas son un lugar para explorar la naturaleza humana, no los acontecimientos actuales. "Pero si dices la verdad sobre la manera en la que la gente se comporta, a veces te encuentras con que la vida realmente imita al arte", dijo King. "Creo que en este caso sucedió así".

King nunca ha dicho que tiene capacidades psíquicas ni experimenta visiones sobre el futuro, pero es posible que posea un poder extrasensorial que parece escasear hoy en día: la empatía.

The New York Times

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