Al maestro, con cariño
Uno de los hombres más queridos de la cinematografía argentina recibió el reconocimiento de sus pares, su familia y sus amigos
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Es uno de los hombres más queridos de la cinematografía argentina . Se trata de José Martínez Suárez, responsable del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y director de films como Dar la cara , Los muchachos de antes no usaban arsénico y Noches sin lunas ni soles . Martínez Suárez cumplió todo tipo de tareas en la industria: fue actor, asistente de algunos de los mejores cineastas del país, productor y guionista. Además, es un lector impenitente, con una notable cultura literaria. Varias de las figuras más brillantes del cine nacional de hoy lo consideran un maestro en la profesión y en la vida, tal es el caso de Juan José Campanella, que así lo deja asentado en el prólogo de Estoy hecho de cine , un libro de conversaciones de Martínez Suárez con el entrevistador Mario Gallina. La expresión de ese afecto se vio en la presentación del volumen en Malba. Había actores, técnicos, directores y discípulos de todas las generaciones. Martínez Suárez se refirió con humor a su pasado y a su presente. Por último, Mirtha Legrand, la célebre hermana de Martínez Suárez, habló en nombre de la familia. No pudo evitar las lágrimas, pero se recuperó pronto. Hubo un episodio gracioso. "Chiquita" quiso leer un testimonio sobre su hermano, pero apenas si veía en la penumbra (¿por qué no habría una luz conveniente en la mesa?). Acostumbrada a la iluminación perfecta, recibió una ayuda inesperada. Alguien que llevaba una pequeña linterna de bolsillo le fue iluminando los renglones uno por uno. Mirtha y el público se rieron.
Como hubiera dicho Miss Piggy, la de los Muppets: la noche era aún joven, los cuadros de Silvina Benguria en las paredes eran divinos y la música de Puccini vibraba en el aire. ¿Quién no se hubiera sentido al borde de una epifanía? La librería Clásica y Moderna estaba colmada de público en la presentación de El secreto de Puccini , la primera novela de Marcelo Zapata. En primera fila, se veía a Oscar Barney Finn, Natu Poblet, la crítica de arte Elba Pérez y el novelista y teórico de cine Ángel Faretta. Sentados a distintas mesas estaban Mariano Roca, Ricardo Cámara y Pablo Zunino. Susana Reinoso actuó como moderadora y mantuvo una entrevista pública con Zapata después de que el escritor Rubén Tizziani elogiara la prosa musical del autor. La actriz Ingrid Pelicori cerró el acto leyendo fragmentos del libro. La novela de Zapata se basa en dos hechos históricos. Uno de ellos es la visita triunfal que Giacomo Puccini hizo a Buenos Aires en 1905. El otro, poco conocido, tiene que ver con Michele Puccini, hermano de Giacomo. Michele emigró a la Argentina en 1889 y, como Buenos Aires era una ciudad cara, se instaló en Jujuy. Allí vivió un tiempo, hizo amistades, tuvo amores y se batió a duelo, por una cuestión de honor, con el poderoso senador Domingo Pérez Montenegro. "Me documenté mucho para escribir esta narración. Oí hablar de Michele por primera vez hace veinticinco años", dijo Zapata. "Desde entonces, no le perdí la pista. Viajé a Jujuy y a Italia. Estuve en la villa toscana de Puccini, en Torre del Lago, cuando todavía no era museo, y debí ganarme la buena voluntad del casero para entrar. En esa investigación, descubrí personajes con historias apasionantes, cada uno de los cuales merecería otra novela. Uno de ellos es Ulisse Barbieri, autor teatral, anarquista y esotérico, que se vino a la Argentina. En Buenos Aires, conoció a Bartolomé Mitre, que lo nombró crítico de La Nacion, pero, eso sí, le recomendó que no escribiera sobre ocultismo".
La utilidad de los subtítulos. Las visitas a la Argentina de la Comédie Française siempre despiertan interés a un público amplio, que no se limita a la colonia franco-argentina. Lo primero que ofreció la compañía en su corta temporada de este año fue El juego del amor y del azar , de Pierre de Marivaux. Los subtítulos no sólo fueron útiles para los que no entendían francés, también fueron esenciales para los que lo entendían pero no estaban sentados en las primeras filas. En la vasta Sala Martín Coronado del San Martín, se oía con dificultad a las actrices Léonie Simaga y Suliane Brahim; por el contrario, a Gérard Giroudon (de dicción y emisión perfectas) se le oía y se le entendía todo. Fue imposible no recordar la imaginativa y magnífica puesta en escena de la misma obra que Alfredo Arias y el grupo Tsé estrenaron en 1986 en Aubervilliers y que representaron en Buenos Aires en el Teatro Cervantes al año siguiente. Los actores estaban vestidos a la usanza de la Commedia dell' Arte , utilizaban máscaras inspiradas en las singeries de J. J. Grandville y se movían de un modo simiesco. La tradición de la obra de Marivaux en el mundo del espectáculo argentino no termina en el teatro. En 1944, Leopoldo Torres Ríos dirigió la película El juego del amor y del azar , adaptación de la pieza del autor francés. Los actores eran Silvia Legrand, Roberto Airaldi, Severo Fernández y Eloísa Cañizares.
La tarde de la inauguración del Filba en Malba, quienes iban a escuchar las palabras de Sylvia Molloy se cruzaron con el público conmocionado que salía de la lectura de poemas Y llorarás , del escritor chileno Raúl Zurita. Josefina Delgado comentó que había conocido al poeta hacía muchos años. Desde el primer momento la obra de Zurita la conmovió, pero esa obra leída por él -señaló- alcanza una dimensión aún mayor. "Cada palabra está cargada de dolor." Lo que había perturbado a los oyentes de Zurita en Malba, al igual que a Josefina en el pasado, era de qué modo la voz y la presencia del poeta son la encarnación dramática de lo que dice. En la marejada de gente que salía y entraba, se veía a Alejandro Katz, María Kodama, Jorge Consiglio, Pablo Braun, Leonora Djament y Adriana Hidalgo. Edgardo Cozarinsky les contaba a Daniel Link y Sebastián Freire que acababa de recibir una buena noticia: su nuevo film, Carta a un padre , se va a estrenar en la Viennale (Festival Internacional de Viena) el próximo 30 de octubre. En ese film, Cozarinsky indaga sus raíces. Recorre con la cámara las colonias judías de Entre Ríos en busca del pasado familiar y llega mucho más lejos: a Europa y a Oriente.


