Alberto Manguel: "La Argentina es un país donde la corrupción es endémica y no hay cultura cívica"

Alberto Manguel, en Roma
Alberto Manguel, en Roma Fuente: LA NACION - Crédito: Elisabetta Piqué
Elisabetta Piqué
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14 de mayo de 2019  • 18:54

ROMA.- En vísperas de embarcarse en la aventura de guiar por primera vez un crucero literario que lo llevará, junto a un reducido grupo de doce personas (cada una de ellas desembolsó 6000 dólares), a conversar de libros navegando por el Mediterráneo, Alberto Manguel no sólo habló de esta nueva experiencia.

En un café de la Piazza Farnese, el exdirector de la Biblioteca Nacional también se refirió a la realidad del país, que le duele, según confesó. Definió el best-seller Sinceramente como una "biografía publicitaria", y señaló que si bien "no hay decadencia cultural" en la Argentina, "no hay ninguna cultura cívica". Lamentó, además, que de acuerdo a lo que observó durante su gestión el Gobierno "no tuvo ningún interés en la cultura" y aseguró que "el gran milagro del país es su supervivencia".

-¿Es la primera vez que zarpa en un crucero literario?

-He hecho a lo largo de mi vida muchos grupos de lecturas, eso me gusta, conversar de libros. Incluso cuando estaba en la Biblioteca Nacional, para juntar plata, hice un curso sobre Dante, y la idea del crucero literario surgió del éxito de esa iniciativa.

-¿Cómo?

-Verónica Viel Temperley, que me ayudó a organizar ese curso y fue fundraiser de la Biblioteca, para la que consiguió 2 millones de dólares de Microsoft, entre otros logros, fue invitada a un crucero. Cuando volvió, comencé a preguntarle si en tal ciudad había leído tal libro o tal otro, y entonces se nos ocurrió esto de organizar un crucero literario y asociar los lugares con ciertos textos. Nosotros somos apenas un grupo pequeño dentro de otro mayor de mil pasajeros. Como el crucero iba a diez puertos, se nos ocurrió elegir diez novelas, una correspondiente a cada puerto, y comentarla como una suerte de introducción literaria al lugar. Yo siempre he sospechado que la geografía es un invento literario. Cuando decimos Roma, nadie ve a Roma como simplemente una realidad material. Roma es todas las historias contadas sobre Roma. Entonces, nos pareció que iba a ser divertido.

-Así que es un estreno total...

-Sí, y el estreno total es hoy, porque justo empezamos en Roma la primera lectura y mañana zarpamos del puerto de Civitavecchia hacia Sorrento, primera escala, mientras que la última será Venecia.

-¿Cuántos integran el grupo?

-Doce personas, todos argentinos a quienes les interesa la literatura. Cualquier persona puede ser parte de esto, incluso en el futuro estamos pensando que vamos a promocionarlo en otros países. También pensamos cursos de literatura norteamericana en Nueva York, de una semana, para septiembre próximo.

Alberto Manguel, en Roma
Alberto Manguel, en Roma Fuente: LA NACION - Crédito: Elisabetta Piqué

-¿Ya se imagina que le va a gustar esta experiencia?

-Creo que me va a gustar porque me gusta hablar de libros. Creo que va a ser una experiencia entretenida e instructiva. No es que yo voy a dar un sermón o una clase, sino que va a ser una conversación. Me interesan mucho las distintas opiniones.

-¿Por qué eligió para Roma La primavera romana de la señora Stone, de Tennessee Williams?

-Podría haber elegido un libro de Carlo ]Emilio Gadda, de Alberto Moravia o de tantos otros. Pero pensé que la visión de un extranjero sobre Roma, esa seducción erótica que tiene Roma para un extranjero, podía servir como introducción al atractivo de esta ciudad. Y ya he escuchado gente que leyó esta novela; a algunos les encantó y a otros les pareció terrible, y de eso va a surgir una conversación sobre Roma, de eso se trata.

-Para Ravena, ciudad que tocarán la semana que viene, sobre el Adriático, propuso El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati.

-Sí, lo que me gusta es compartir amistades literarias. Buzzati es uno de mis autores favoritos y El desierto de los tártaros, una de mis novelas favoritas. Si descubro a alguien que no ha leído ese texto me parece que le estoy haciendo un regalo extraordinario. Y va a dar lugar a una conversación sobre la construcción de una geografía imaginaria.

-¿Cuántas veces leyó un mismo libro? ¿Encuentra aspectos nuevos al dictar este tipo de cursos?

-Siempre. Porque un libro cambia con cada lector y un libro cambia con cada lectura de cada lector. Si bien creemos que el texto es el mismo, no leemos Hamlet si somos contemporáneos de Shakespeare de la misma manera de cuando hemos pasado por Freud. Son lecturas que se crean a partir del contexto cultural y personal de cada individuo, como sucede con Dante. Y yo espero que en las conversaciones surja justamente la posibilidad de otras lecturas, inesperadas, que van a enriquecernos. Yo descreo de los especialistas del arte: sí, necesitamos gente que conozca teoría literaria, teoría artística, pero en el fondo lo que importa es la relación personal que uno tiene con la obra de arte, la relación emocional.

-¿Puedo preguntarle acerca del último best-seller argentino?

-Ah, el de Cristina Kirchner. Sí, pero eso no es un libro...

-¿Pudo leerlo?

-No, leí sobre el tema. Pero no necesito visitar el Polo Norte para saber que hace frío allí. De manera que las impresiones que me dan las lecturas de los comentarios me bastan y sé que en el mundo hay tantos libros que no he leído, que si no leo el de Cristina no va a pasar nada. Pero, en la Argentina tenemos esta tradición de libros falsos como La razón de mi vida, de Eva Perón, que son publicidades de uno mismo, hagiografías . En la Edad Media ningún santo escribía su propia vida, pero nosotros hemos cambiado las reglas y entonces cada uno se considera un mártir, un santo, un héroe, y escribe su biografía publicitaria.

-¿ Sinceramente es una biografía publicitaria?

-Entiendo que es eso. Creo que no hace ningún comentario sobre la corrupción o los robos; no hay ninguna confesión de esos crímenes que cometieron la expresidenta y sus colaboradores. Creo que no hay nada de eso en el libro.

-La presentación en la Feria del Libro fue un gran acto político.

-Yo creo que cada país tiene los gobernantes que se merece.

-¡Es un momento de debacle mundial?

-Desesperante, porque no hemos aprendido. Creo que, volviendo al crucero literario, las ficciones sobre estos lugares son una lección de historia, pero son lecciones que no queremos aprender. ¿Cuánta literatura hay sobre el fascismo en Italia? Y después de todas las lecturas, de todos los eventos, de todas las memorias, volvemos a un gobierno fascista. No lo entiendo. En Estados Unidos, el sueño de la democracia, lo eligen a Trump. No lo entiendo. Y en la Argentina elegimos a personas que sabemos que son criminales, tratese de Menem o Cristina Kirchner, no importa.

-¿Esta ausencia de una clase política 'en serio' es también reflejo de una decadencia cultural?

-Sí. Pero, curiosamente, yo no creo que en la Argentina haya decadencia cultural. La dictadura militar fue una interrupción en la cultura argentina. Pero después volvió a resurgir y mi experiencia, después de 50 años de no haber vivido en la Argentina, al volver, es que hay una riqueza cultural extraordinaria. Entonces, a mí se me hace más incomprensible la situación política, porque individualmente sólo en la Biblioteca Nacional he conocido gente de un talento tan extraordinario, gente joven, voluntariosa, inventiva, con ambiciones para el país. ¿Cómo no es posible, con todo ese talento, encontrar alguna solución política, algún líder político que sea ejemplar? ¿Cómo no es posible que no podamos poner a una de esas personas talentosas en una posición donde siga siendo honesta, siga interesándose en el porvenir auténtico del país y no en su bolsillo, no en su ambición, no en el hecho de adquirir poder para hacerse rico y poderoso? No sé. Me duele mucho el país.

-¿Qué es lo que más le duele?

-Yo tenía una visión un poco nostálgica de la Argentina viviendo afuera. Pero volví y se me destrozó el corazón. La Argentina es un país donde la corrupción es endémica y no hay cultura cívica.

-¿No hay cultura cívica?

-Yo pensé que la Biblioteca podía ser un centro de educación cívica, dando ejemplos de documentos, haciendo cursos, ofreciendo los tesoros a los lectores argentinos. Pero, por un lado el Gobierno no tenía ningún interés en la cultura, entonces no daba ningún presupuesto; y por otro, la biblioteca se encontraba en la mitad de la batalla entre no dos partidos políticos, sino entre hinchas de fútbol: los unos diciendo 'viva Cristina, muera Macri', los otros diciendo 'muera Cristina, viva Macri', sin ningún interés real en el porvenir del país. Eso me desesperó.

-El crucero literario servirá para pensar en otra cosa...

-Sí, pero es como ver a un ser querido que se está muriendo lentamente, pero nunca llega el momento final, porque tiene tanta energía, tanta riqueza, que eso no se agota, por más que roben, por más que tenga una administración pésima, igual el país sobrevive. Ese me parece el gran milagro argentino, su supervivencia.

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