Alta Fidelidad. Lydis: la condesa bisexual que pintó la patria freak

Detalle de "A do´nde Van", 1967. O´leo sobre tela. Coleccio´n Si´vori
Detalle de "A do´nde Van", 1967. O´leo sobre tela. Coleccio´n Si´vori
Fernando García
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21 de julio de 2019  • 19:43

En los sesenta, el intrépido manager y publicista Andrew Loog Oldham hacía todo lo posible para hacer de los Rolling Stones la opción maldita a los Beatles. En las notas del segundo disco del grupo puso un slogan en forma de pregunta que marcó las tensiones de la época: ¿Dejaría que su hija se case con un Rolling Stone? Nadie esperaba entonces que el grupo se eternizara por más de medio siglo y por lo tanto la pregunta tuvo que ser naturalmente reformulada (tal que hoy diríamos ¿Dejaría que su madre o, más aún, su abuela se casen con un stone?). Esa misma idea sobrevuela la sala del museo Sívori en los bosques de Palermo mientras recorro las salas dedicadas a la pintora Mariette Lydis con el llamativo nombre de "Transurrealismo". Pero ahora la pregunta es: ¿Dejaría que cuelguen un Lydis en su living room? La producción de esta condesa austríaca que pasó la última parte de su vida pintando en un altillo de Buenos Aires es por demás extensa: en vitrinas se destaca su trabajo como ilustradora en París en medio de la Primera y la Segunda Guerra Mundial y una travesía de bisexualidad avant la lettre. Pero la pregunta viene específicamente por todos esos cuadros, pintados entre los años 50 y 60, de jóvenes y mujeres que parecen animar una miniserie zombie. Las figuras de Lydis se parecen mucho a esa pintura anónima de consultorio médico altri tempi: jóvenes rubicundos y pecosos, sin ninguna intención de entrar en la historia del arte. Pero con un giro gótico que las vuelve perturbadoras, listas para contagiar miedo. Los modelos de Lydis devienen freaks (raros, bizarros, anómalos) y ella misma que supo ser una artista cotizada en las paredes burguesas, aunque nunca hizo fila en el canon, puede ser releída desde esa clave ahora.

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Con el indescifrable nombre de "Ola mina XD", el dúo que forman Ca7riel y Paco Amoroso puso en You Tube un nuevo video que el 11 de julio que ya acumula 1.225.772 visualizaciones. La música es un desquicio de tecno-chatarra ( junk), un actualización de lo que llamábamos cyberpunk y las partes vocales llevadas al límite de la forma conocida como trap. "Ola mina XD" es video arte en la era del meme, con una yuxtaposición de imágenes frenética e imposible donde el anime, los Simpson y la iconografía filo boquense (Maradona, Riquelme, ¡Coppola!) estallan como en un orgasmo de (el subgénero digital) vaporwave. Los protagonistas, Amoroso y Ca7riel, introducen unos artefactos de ciencia ficción barata (micro-cheap) en sus traseros que los transportan a ese mundo restallante y los ponen con los ojos en blanco. La patria freak: esa mirada está conectada insólitamente con las otras que esperan en las paredes del Sívori. ¿Ca7riel y Paco Amoroso como chicos Lydis en la era del streaming?

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El interés por Mariette Lydis volvió de la mano de la escritora María Gainza y su novela La luz negra (Anagrama, 2018). Quienes no teníamos idea de ella (su nombre ni siquiera figura en el clásico 80 años de pintura argentina de Cordova Iturburu) tuvimos que googlearla para entender que no era un personaje de ficción (aunque los avatares de su vida son bien novelescos) y que, como explica la narradora de la novela, la pintora "era una invitada frecuente en los círculos de clase alta (.) Era una época en que las pinturas de Lydis funcionaban bien en el mercado, eran una moda que nunca llegaba a convertirse en furor pero tampoco se agotaba". Sus obras durmieron por años en el depósito del Sívori, museo al que la condesa donó casi toda su obra. Ahora son una presencia extraña, transmiten cierta sensación de enfermedad en ese entorno saludable del bosque donde se levanta el museo.

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En 2012, como en la novela de Gainza, el artista Guido Ignatti falsificó un Lydis pero sin la intención de introducirlo en el mercado paralelo ni mucho menos. Lo hizo para darle forma a una instalación que reproducía un consultorio médico. La galerista Nora Fisch sube una foto a Facebook y recuerda: "La instalación de Guido recreaba una sala de espera de consultorio deprimente y surrealista. Convivimos en ese clima el mes y medio que duró la muestra, en ese entonces trabajaba David Nahon y al final casi tuvo que empezar a tomar Prozac". "Enfermas mentales", exhibida en el Sívori, es acaso la obra que extrema esta relectura freak de la condesa bisexual en la segunda década del siglo XXI. La posteo en Facebook con la pregunta aquella de Oldham reconvertida: ¿Dejaría que cuelguen un Lydis en su living room?

Ni con un revolver en la nuca, me contestan.

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