Alta Fidelidad. MoMA sampler: Indio Solari pinta canciones, Marcelo Pombo canta arte contemporáneo
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Abrimos el gran libro de Indio Solari en las páginas 294 y 295. "En materia de artes visuales, Klimt: esas mujeres, esas texturas doradas [...] Salvador Dalí, que no es muy bien considerado […] pero a quien aprecio. Pollock me interesa, pero no me mata. Con Van Gogh no ligo: esas flores de una carnosidad casi trífida…De Picasso me gustan algunas cosas. Las caras femeninas, post arte africano. Brueghel, esos trípticos. La luz de Rembrandt. El conceptual Duchamp, esa idea de que el objeto que el artista señala ya es arte. El trazo irreductible de los japoneses". He ahí un apretado canon del arte de los últimos cuatrocientos años según el ojo de la voz (sensual, dolida, ácida) de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y, luego, el solista, el "hombre psicodélico" como se llama a sí mismo en estas páginas, capaz de movilizar con su llamado a multitudes nómades, verdaderos malones hedonistas de la pampa a las montañas. Como Romero Brest en los 60, también calvo y platense, Solari recorta su propia historia del arte occidental, de la luz de Rembrandt al ready made de Duchamp, y arma su museo imaginario: MoMA sampler.
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En la puerta de la galería de arte Barro, en La Boca,Marcelo Pombo cuenta una historia tan hermosa como sus collage de povera pop abrillantado. Dice que de 11 o 12 ya les pedía a sus papás que lo llevaran a ver el Di Tella, la Manzana Loca. Nunca estuvo allí pero de paseo por el centro coincidió con una función de la ópera rock Hair. Recuerda entonces haberse topado con un ser de otro planeta: pelo afro, pantalones de raso acampanados con un pañuelo anudado a la rodilla. El pequeño Pombo quedó paralizado, en shock, y ahora dice, en la puerta de la galería Barro, en La Boca, que hubiera querido abrazarlo como si fuera El Principito o Harry Potter o quien sabe qué. Pero era Pot Zenda (primero Alfredo Aldo Céspedes, luego Perico Gómez), un colombiano que apareció en el Club del Clan y luego se sumó a la onda beat para terminar como otro "hombre psicodélico" en el elenco del Hair porteño El encuentro de Pot Zenda debió haber detonado algo en el pequeño Pombo que se quedó a vivir en la forma única de su arte. Lo mismo que las excursiones en Nuñez a la casa de la familia Spinetta donde ensayaba Almendra. Pombo ya les había sacado la ficha a sus extravagantes vecinos todavía sin disco para escuchar. Así, parado en la vereda, la ñata contra el vidrio, escuchaba el sonido aéreo del cuarteto. Pombo debe tener discos piratas de Almendra en su inconsciente. Sí, hablamos del artista que le agregó a la colección de Bellas Artes un tocadiscos Winco pintado en el estilo abstracto-expresionista de Jackson Pollock.
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Una noche hice como Pombo pero en el Stud Free Pub de Libertador y el túnel. Los Redondos habían reventado el lugar y nosotros quedamos afuera. Qué tanto, nos sentamos en la vereda con los sweaters arremangados y escuchamos todo el concierto así . Era raro gritarle ¡¡¡"La bestia pop", "Superlógico", "Mariposa Pontiac"!!! a la puerta cerrada del pequeño Stud. Pero lo hacíamos. Hasta la afonía.
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En sus memorias, Indio Solari dice que compone sus canciones como si fueran cuadros. Imaginando superposiciones amorfas de colores que luego van tomando forma en el plano. Hay tapas de los discos de Los Redondos (obra de Rocambole) que son eso, comentarios sobre la historia del arte. El debut "Gulp" yuxtapone dos estilos contrapuestos: el salpicado onda Pollock (que a Indio le interesa pero no lo mata) con la interjección Gulp, tan del cómic absorbido por el arte pop (Roy Lichtenstein). El inmejorable Oktubre donde el constructivismo soviético se hace criollo con sombras de Berni ("Manifestación") y los superobreros de Carpani. Y está Bang Bang estás liquidado! que apropia la imagen de los fusilamientos de Goya. Tal la pequeña historia del arte de acuerdo a Patricio Rey.
En la galería Barro Marcelo Pombo guía a un grupo de curiosos por los laberintos de una muestra llamada Templos de barrio. Se llama así como una cita a Evaristo Carriego, poeta seminal del tango, pero Pombo dice que ha pensado toda esta muestra dividida en tres secciones como "una canción pop". Por la forma en que se acumulan los materiales y las formas, no bajo el imperativo virtuoso del jazz o la rigidez estructural de la música culta sino con la intención de agradar, de que haya un estribillo donde las pulsiones se liberen y el corazón explote. Si Indio canta cuadros imaginarios él, que escuchó ensayos de Almendra con la excitación febril de un niño escondido, es un cantor de arte contemporáneo. No quedan muchos.
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