
Alta Fidelidad. Pablo Suárez es Morrissey: autorretrato narciso y plebeyo
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En un escenario distópico se diría que las máquinas administran nuestra experiencia sensible y que hemos confiado el control de nuestras emociones a una compleja serie de algoritmos. Acaso nuestros días sean efectivamente distópicos y ahí están las redes sociales y plataformas de entretenimiento dispuestas a seleccionar y cuantificar los días que llevamos vividos en 2018. Facebook confecciona por nosotros un álbum del año en el que en un collage de menos de un minuto se mezclan nuestros posteos. ¿Están ahí el final de la larga separación, las dos mudanzas, la pelea y el reencuentro, las dos operaciones? Quizás no, la máquina (por ahora) la alimentamos nosotros y elegimos qué y cómo mostrar. El dispositivo consigue sorprendernos, de cualquier modo, con recuerdos que habíamos olvidado. Según Spotify, en 2018 pasé 22 horas escuchando a The Smiths, casi un día consagrado a la melancolía agria de Morrissey y el sonido etéreo del guitarrista Johnny Marr. Lo sé porque, como saludo de fin de año, la app manda a sus usuarios una estadística de todos sus movimientos en la plataforma. Asombroso. El primer álbum que escuché en enero fue Get on the good foot, de James Brown, y el primer artista que "descubrí" (así habla el algoritmo) fueron Martha & The Vandellas. ¿Nací negro en Detroit o vivo en una película de Tarantino? Nada de eso: el robot que hace mi identikit podría confundirse con estos datos. Pero la estadística es una forma de autorretrato y acaso no el más naturalista. Entonces, Spotify dice que pasé 24.233 minutos (casi 404 horas) escuchando música en la computadora o el smartphone; que mi subgénero musical favorito es el indie rock (y que "solo" hay 522.574 usuarios en el mundo que le dedican tanta atención); que la canción más antigua que escuché es de 1956 y de Chet Baker; que puse muchos artistas de Piscis este año (Johnny Cash, Rihanna). Al fin, el algoritmo ejecuta un top 100 basado en mis movimientos. Empieza con "I say a little prayer", de Aretha Franklin, y cierra con "Parabién de la Paloma", de Nara Leao. No hay nada "indie" en esto pero sí una parábola de 2018: año de mujeres. Lloré a la Franklin en esta misma web y escuchar a Nara me hace pensar en un Brasil más lindo que el que promete Bolsonaro.
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Siguiendo un autorretrato al que le puso Pablo boxeador, este podría llamarse "Pablo como Morrissey". Sería un desplazamiento del tiempo porque cuando Pablo Suárez en su autoexilio en la pintura-pintura de los 70 ejecutó esta obra magnífica, Stephen Patrick Morrissey no había cumplido los veinte años y era poco más que un fan devoto de James Dean y The New York Dolls. Sin embargo no puede evitarse ver en esa pintura donde Suárez se recrea esquinado y rufián melancólico al Morrissey solista, el Elvis dandy que pide a sus acólitos que conviertan el borde del escenario en un campo de gladiolos. Pintándose a sí mismo así, galán corrosivo, Pablo Suárez anticipó la imagen del ícono pop inglés. Miguel Briante había escrito de Suárez esto: "arltiano pero con refinamientos de un Borges, brutal y exasperante como una rosa brotando de una vara de fierro". Seguro no leyó Arlt, acaso sí Borges, pero seguro que Morrissey amaría ser descripto con esa imagen poética. Lo mismo que el nombre de la retrospectiva de Suárez en Malba donde se ve el autorretrato: "Narciso y Plebeyo". Enamorado de sí mismo y antimonárquico desde la infancia, esa definición no podría caberle mejor. El desfile de desnudos masculinos ("sandwichongos") es grotesco y explícito en Suárez mientras que los Smiths eran más ambiguos y sobrios con sus modelos de tapa en la cornisa del homoerotismo. Todo lo que va del Narciso de Mataderos al Narciso de Lancashire.
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Tiene razón Spotify. The Smiths, Morrissey y Suárez son indie rock. ¿Pero qué Suárez? ¿Pablo, el del autorretrato? No, Suárez, la banda que en el tránsito del underground a la escena alternativa fueron un poco nuestros Smiths. Suárez, un apellido tan común en la Argentina como Smith en Inglaterra, tenía al frente a la actriz y escritora Rosario Bléfari, que definió el perfil del artista en el rock independiente así como The Smiths hicieron que "indie" sea un sonido antes que una circunstancia. El año pasado y este se reunieron para dos recitales en Konex donde los vio más gente que nunca cuando estaban activos. El 95% de ese público nunca habrá visto a Suárez como casi nadie de los que ven a Morrissey en Buenos Aires y en el mundo estuvieron alguna vez frente a The Smiths. Poco se piensa en que Suárez, Pablo y Suárez, la banda, coexistieron en los 90. Suárez, Pablo, atravesó todas sus décadas de artista en presente y si bien era de otra generación, los 90 lo encontraron como uno más entre los artistas del Rojas. Suárez, la banda, vivía en la frontera del rock y el arte. Sus shows podrían pensarse como cuadros vivos. Inolvidable aquel en el que permanecieron en escena detrás de una sábana de papel que se iba cortando desde el escenario hasta que al final quedaban al descubierto. Los historiadores de arte contemporáneo harían bien en incorporar estas imágenes a su repertorio así como también se puede pensar que un retrato de Morrissey fue pintado ya en 1979 en el autorretrato de Suárez, Pablo.
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Posdata. Sé de una pareja de chicos que se reencontraron después de un año de haberse separado. Para explicarle al otro como había sido su vida solo, uno de ellos eligió mostrarse así: llevó todos los discos que había escuchado ese año y sentó a su ex a escucharlos. Uno por uno. Porque ese era su autorretrato en soledad. Y no existía Spotify.
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