Antigüedades para todos
En su segunda edición, Expo Antiquaria reitera su compromiso por despertar en el gran público el interés por objetos con historia, muebles de época y piezas de colección. Más de 100 expositores se darán cita en el Centro Costa Salguero.
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Uno de los más conspicuos anticuarios que llevará sus tesoros a la exposición que abre sus puertas el jueves próximo suele decir con tono apocalíptico y cierta ironía que el minimalismo ha llegado a su fin.
En su paradigma estético -advierte de viva voz-, "no hay lugar para esa moda despojada que se impone como una tendencia obligada de fin de siglo". El hombre, como la mayoría de sus colegas, se pregunta cómo hacer para vivir en esas ambientaciones zen y olvidarse de las cómodas lombardas de maderas frutales; de los bronces renacentistas, de las tapicerías verdure o de esas arañas venecianas que propician un clima a la Visconti entre misterioso y decadente.
Antes de que la fórmula del Bauhaus menos es más se convirtiera en la piedra filosofal de una generación de decoradores, las antigüedades ocupaban el centro de la escena. Buenos Aires era un reservorio de piezas de gran calidad reunidas por los anticuarios tras la demolición y reciclaje de los palacios construidos en la belle époque, que entre nosotros, a falta de guerra se prolongó hasta pasados los años treinta.
La flor y nata de especialistas que marcaron una época, como Vetromile (Vetmas) y Bontempo (Antiques), marcó durante años el nivel excepcional de la Bienal de los Anticuarios, organizada por la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes bajo la mirada experta de su presidenta Nelly Arrieta de Blaquier.
En sus sucesivos domicilios (Patio Bullrich, Alvear Palace y Marriott Plaza), la Bienal fue un exclusivo y exquisito encuentro de piezas de colección que por unos días convertían a esta lejana capital sudamericana en un centro de antigüedades propio del Primer Mundo, como lo son el Armory Show , en Nueva York, o la feria de Maastricht, en el estratégico sur de Holanda.
Pero ya casi nada es lo que era. Muchas de las grandes piezas, adquiridas por los coleccionistas argentinos cuando nuestro país era una potencia, octava en el ranking de los poderosos de la tierra, volvieron a su lugar de origen atraídas por los cantos de sirena de los altísimos precios pagados en el mercado internacional. Así, partieron los retratos de Boldini, las lámparas de Gallé, las cómodas firmadas y los bronces déco del rumano Demetrio Chiparus. El éxodo de fin de siglo, como la importación de los años veinte, respondió al movimiento pendular de la economía. Finalmente, los que antes habían comprados tuvieron que vender apurados por la hiperinflación de fines de los ochenta.
Expo Antiquaria en su segunda edición intenta escribir un nuevo capítulo de esta historia sin perder de vista que el contexto y los protagonistas son otros. Los amplios pabellones de Costa Salguero estarán abiertos a un nuevo público que puede curiosear, preguntar, y... hasta comprar en más de cien locales que por única vez en el año están juntos.
En esta segunda edición hay nuevos expositores y crece la conciencia -compartida por organizadores, anticuarios, galeristas y coleccionistas- de que una feria de este tipo no tiene sentido si no propicia el conocimiento y el aprendizaje. Sólo un ojo experto puede capturar la diferencia -va mucho más allá del precio- que existe entre un mueble de época y un mueble hecho ayer, que reproduce el estilo original. Para acortar esa distancia se organizaron visitas guiadas y un programa de conferencias destinado a profundizar en temas que interesan a potenciales coleccionistas.
La cantidad de expositores da prueba de la buena acogida que ha tenido esta iniciativa de Pichon Riviére y la Asociación Argentina de Anticuarios, al tiempo que garantiza la variedad de la oferta.
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