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El hombre se llama Bruno Menager, es jefe del departamento de pediatría del hospital Nuestra Señora de la Misericordia en Ajaccio, Córcega, y la música que no podemos escuchar nace de una cítola, un instrumento antiguo cuyo nombre y forma exacta se pierden en el medioevo. Hay dos miradas en la foto: la de Emmanuelle Prieto, esposa de Menager que, a su izquierda, lo acompaña y sonríe; y la del recién nacido que el médico sostiene mientras despliega su pequeño concierto. El bebé –los ojos abiertos– más que mirar, siente de un modo que pronto olvidará; todavía su mundo no está ordenado por la visión, sino por la confluencia de estímulos irrepetiblemente nuevos. Los siglos que evocan las cuerdas de la cítola, el mismo Mediterráneo donde este niño pronto se bañará: hay un movimiento aquí que lo mece, lo acuna, le dice sin palabras que es bienvenido.
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