
Claudia Piñeiro: “La verdad es un término muy difícil de asir”
Los pájaros, cómo convivir con voces diferentes sin convertir la diferencia en una batalla y otras obsesiones literarias de la escritora, en una charla sobre su nueva novela, “El canto invisible”, que esta semana presenta el festival Semana Negra BA
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El silencio y el orden de la montaña de libros y papeles sobre la mesa del comedor daban la impresión equivocada. Claudia Piñeiro no estaba en pausa, a la espera de que sonara el timbre. A 48 horas de la llegada a las librerías de El canto invisible, su nueva novela, la escritora trabajaba en la siguiente, inquieta por una palabra esquiva para aquello que necesitaba contar. Durante minutos, mientras el sol se apagaba sobre Buenos Aires, en lo alto de ese edificio el sonido de los pájaros recortó el silencio como en un montaje. Hasta que Piñeiro encontró la palabra que buscaba.
El comienzo de la charla fue un elogio al canto que llegaba hasta ahí. “Se convirtió en una obsesión para mí”, comenzó, al referirse a los pájaros que ahora la tienen al acecho, con una App que le ayuda a confirmar si el sonido pertenece o no a la especie que cree reconocer. Sobre esa y otras obsesiones habló con LA NACION.

“Siempre mis novelas fueron a partir de imágenes disparadoras. Pero el motor esta vez no fue visual, sino auditivo”, cuenta. Y agrega: “Casi que me interesa más el canto que el avisaje, me emociona. Me empecé a dar cuenta de que canta uno y el otro responde. No es uno sobre otro. Hay una forma de cantar uno con otro sobre el espacio”.
La referencia que la ayudó a pensar esa experiencia fue la filósofa Vinciane Despret y su libro Habitar como un pájaro. “A veces uno cree que se pelean. ¿Qué sería el mundo si habitáramos el mundo como pájaros?”, dice Piñeiro. La pregunta, que parece surgir del mundo natural, termina siendo también una manera de entrar en el territorio de su nueva novela: cómo convivir con voces diferentes sin convertir la diferencia en una batalla por imponer una única verdad.
En El canto invisible, los secretos familiares, los mandatos y las tensiones ideológicas se cruzan en una historia donde aquello que los personajes creen saber puede ser también aquello que los encierra. Julia, la protagonista, descubre que su mejor amiga guardaba un secreto que nunca le había contado. “Ese secreto es una herida”, explica Piñeiro, y es a partir de ella que, “para protegerse del dolor”, el personaje fabrica una verdad.
“Cada vez estoy más convencida de que la verdad es un término muy difícil de asir”, sostiene la autora de Las viudas de los jueves. En un recorrido por su obra, reconoce que esa es una de sus obsesiones literarias, la de mirar a los hechos con todas sus posibilidades. “En La muerte ajena es lo mismo: ¿Cuál es la verdad, con tres versiones de una misma historia? O en Catedrales, que tiene siete voces”, repasa. En El canto invisible, la protagonista, Julia, descubre que su mejor amiga tenía un secreto muy fuerte y construye una verdad a partir de hechos y presunciones que la llevan a convencerse de las razones por las cuáles nunca se lo compartió. En esa dificultad para abandonar una certeza aparece una preocupación que atraviesa buena parte de su conversación: los “fanatismos como una forma de clausura”, que son materia de su escritura y razón de algunas de sus apariciones públicas.
Piñeiro no construye, sin embargo, personajes destinados a representar el bien o el mal. “Uno se tiene que poner en los zapatos de los personajes, porque sino uno hace personajes maniqueos, y hace el bien y el mal”, dice. Incluso hay una zona deliberadamente incómoda para ella: “Creo que hay personas que si leen la novela y no les parezca tan mal lo que dice este personaje. Por otra parte no están juzgados los personajes”.
El trabajo de escritura la llevó a “conversar con jóvenes que votaron al gobierno actual y cuyas posiciones políticas no coincidían necesariamente con las de sus familias”. Piñeiro cuenta que, al escucharlos, encontró diferencias y también puntos de encuentro.
Para la autora, que a lo largo de su carrera ha recibido varios premios y distinciones, como el Sor Juana Inés de la Cruz por Una suerte pequeña y el Dashiell Hammett por Betibú, cree que se debe a la “necesidad de escuchar” el hecho de que sus ficciones a veces parezcan anticipaciones de la realidad. Habla de la serie El Reino, donde un pastor evangelista acumula tanto poder que termina convirtiéndose en presidente de la Nación, y se ocupa de aclarar: “Es una creación con Marcelo Piñeyro y la responsabilidad es de los dos, me gusta aclararlo”. Sobre aquella ficción y el presente, sostiene: “Me pasa que mis novelas son muy contemporáneas y entonces parece que te adelantás a los hechos. En realidad son cosas que ya están en el aire”, dice, en relación a la posibilidad de que Argentina tenga un presidente evangelista o las “formas mesiánicas” de hacer política. “Es tratar de mirar un poquito donde estamos, porque no nos hemos escuchado lo suficiente”, sostiene.
El cuerpo en la escritura y las cosas
El cuerpo es otra de las obsesiones que Piñeiro reconoce en su obra: no como aquello que necesariamente se describe, sino como el territorio sobre el que otros pueden tomar decisiones. “Hay otros que toman decisiones sobre tu cuerpo, desde la medicina, tus padres”, dice. Esas decisiones, muchas veces sobre el cuerpo femenino, atraviesan sus novelas y también su activismo en favor de la despenalización del aborto. “A mí, las decisiones que se toman sobre el cuerpo del otro evidentemente es algo que me preocupa y me aparece”. En El canto invisible, el cuerpo es el terreno de lo autónomo, de las decisiones que cada uno puede tomar sobre sí mismo y de aquellas que otros pueden decretar.
Pero también está el cuerpo de la escritora fuera de la página. “En este momento, como está todo tan complicado, hay que priorizarse y batallar algunas cosas, las que parecen más importantes, porque el cuerpo no da para todas las batallas”. Eso incluye preservar cierta distancia de los discursos de odio en redes, pero también participar cuando una causa lo requiere. Piñeiro estuvo en la marcha en favor de la universidad pública y cuando el presidente hizo una declaración que sintió “inapropiada” para la comunidad LGTB. Habla de su “preocupación por las mujeres”, de “no olvidar que la Argentina atravesó una dictadura, las personas con discapacidad y quienes no llegan a fin de mes”. También recuerda una acción junto a otros escritores en favor del Hospital Garrahan: “No es que logramos demasiado, pero se trata de poner el cuerpo para que no parezca que aceptamos algunas cosas”.
En las redes, mientras tanto, aprendió a administrar la exposición. “En X intervengo bastante menos que antes”, cuenta. Quizá por eso la productividad no es una cuestión de velocidad y la literatura puede convivir con otras ocupaciones. “Soy muy trabajadora, temerariamente productiva. Me dedico a todo junto”, admite.
Ese todo incluye El canto invisible, que acaba de presentar en la Feria del Libro de Santiago del Estero, mientras que desde el 7 de octubre participará de la nueva edición de Semana Negra de Buenos Aires. Entre una actividad y otra, sigue trabajando sobre aquello que todavía no termina de encontrar una forma definitiva de escucha


