Cristina de Middel: “Lo que crea la IA son imágenes sintéticas; la fotografía es escribir con luz”
Del viaje a la Luna que fracasó en Zambia al Gentleman’s Club que retrata a los consumidores de prostitución, la española cuestiona los límites entre ficción y realidad; presidió hasta el año pasado la prestigiosa agencia Magnum, de la que continúa siendo es miembro
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La fotografía documental y la ficción no son dos extremos opuestos, sino que van de la mano en el trabajo de Cristina de Middel (Alicante, 1974), fotógrafa española con carrera internacional. Es artista y periodista gráfica, y llegó al puesto más alto al que puede aspirar un fotoreportero: la presidencia de la mítica agencia Magnum Photos (entre 2022 y 2025) fundada por popes como Henri Cartier-Bresson y Robert Capa. A la vez que valora la puesta en escena para contar hechos reales, critica el uso engañoso de imágenes artificiales o sintéticas, como llama a las creadas con AI.
Hoy inaugura Sueños y culpas, su primera exposición en Argentina, que permite conocer parte de su labor, en Arte x Arte (Lavalleja 1062), organizada por la Fundación Alfonso y Luz Castillo, con la curaduría de Rafael Doctor Roncero. Llega con el apoyo del Centro Cultural de España en Buenos Aires (CCEBA). En planta baja, es posible ver los libros que ha publicado con sus principales ensayos. En los pisos superiores, se despliegan dos de sus series fundamentales: Afronauts (2012), el trabajo que la catapultó al reconocimiento internacional, y el más reciente Gentleman’s Club (2023), en el que aborda la prostitución femenina desde la mirada de quienes la consumen. Al final de una serie de retratos de clientes en habitaciones vacías, aparece Richard Gere. Un poquito de ficción entre tanta realidad, para no irse de las preocupaciones que son la constante de su obra: el cuestionamiento del valor documental de la fotografía, la resistencia frente los estereotipos y la revisión crítica de los cánones tradicionalmente asociados al medio fotográfico… sin perder el humor.
Afronauts tiene un componente de comedia. Surgió en 2012, a partir de una historia real que estaba un poco escondida en los anales de la historia desde 1964. “Por una casualidad forzada di con ella y me pareció un ejemplo muy bueno para sacar a la superficie todos los prejuicios que tenemos y qué es lo que esperamos del continente africano, a través de una anécdota que estaba escondida: en 1964, Zambia recién había ganado su independencia del Reino Unido, y decidió hacer lo mismo que los grandes países de la época e iniciar su carrera espacial para llegar a la Luna. Entonces, se pusieron a entrenar alumnos aventajados de la universidad y a diez gatos. El proyecto no llegó a buen puerto, pero el hecho de que lo intentaran me parecía algo de lo que podríamos hablar”, cuenta de Middel. El problema del ensayo fotográfico era que la fotógrafa no podía viajar a aquel lugar y a aquel tiempo. “Ese era un poco el reto. Lo que decidí fue documentar cómo yo me imaginaba un programa espacial africano en general. Y al hacer ese ejercicio me di cuenta de todos los estereotipos, los prejuicios, las bajas expectativas que tenemos sobre el continente, porque si fuese un programa espacial danés, que es igual de imposible, no nos daría risa”.
Entonces, aparecen trajes estampados, cascos estrambóticos, cohetes de cartón… pudo construir una ficción para documentar una realidad. “No es nada que haya inventado yo; si quieres saber cómo era la Rusia a principios del siglo XIX, pues léete a Dostoyevsky, que es ficción. Para contar una historia, casi siempre es una ficción la manera más práctica, más útil y en la que estamos más acostumbrados para entender los hechos, para relacionarnos con la realidad. La realidad y ficción son como dos siameses”, explica.
Quizá el problema de esta época es que cualquiera puede crear imágenes con IA y es difícil distinguir si es ficción o realidad. “Hay que tener confianza en el proceso. Si nos remontamos un poco al principio de la historia, que es con los griegos, antes de que llegase un señor que se llamaba Heródoto, que fue el primero que dijo voy a contar los hechos, antes todo eran los dioses, y las personas se relacionaban con el mundo, con el planeta, con la vida, a través de la mitología, que no estaba confirmada ni nada. No había documentos. Llegó este señor, que es el primer reportero histórico que hay, y a partir de ahí hubo una separación entre la verdad y el mito. Todo eso se ha desarrollado, y yo creo que ahora en cierto modo estamos volviendo un poco ahí. No sé lo que va a pasar, pero parece que tanto la verdad como la realidad han perdido su importancia”.
Lo dice una fotógrafa que es Premio Nacional de Fotografía en 2017 en España, que en 2024 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y que es parte del staff de la Agencia Magnum, la misma que se rasgó las vestiduras cuando hubo dudas del apego a la verdad de Muerte de un miliciano, una fotografía de culto que obtuvo Robert Capa durante la Guerra Civil española. “Creo que hoy la fotografía documental es más importante que nunca. Hay que tener de todo: gente buena en ficción, gente buena diciendo mentiras, gente buena diciendo la verdad. A veces escenificar me sirve más para explicar las cosas. Yo creo que donde recae un poco el peso es en la responsabilidad que tú tienes cuando pones una imagen ahí fuera con respecto a quién la recibe. Un mal uso de la imagen es lo que está mal, no la imagen en sí. Su uso engañoso. A las imágenes creadas con IA no deberíamos llamarlas fotografías. Son imágenes sintéticas. La fotografía es escribir con luz”.
Hace unos meses De Middel dejó la presidencia de Magnum, donde continúa trabajando como parte de la cooperativa de la vieja agencia creada en 1947. Sigue habiendo fotógrafos que trabajan con negativo blanco y negro, pero el 90% se adaptó a la realidad fotográfica que hay ahora. “No solo digital, sino también nuevos lenguajes. El hecho de que yo misma, que coqueteo con la ficción y con la escenificación, haya entrado en la agencia y haya sido presidenta, pues también es una manera de decir que estamos abiertos a otros lenguajes, porque el mundo está necesitando otros lenguajes. Eso no significa que la fotografía haya perdido su poder de comunicar y su poder de conmover y de movilizar a la gente. Hay fotografías que han cambiado la historia recientemente. Entonces, dentro de que cada vez el puente es más estrecho, hay que seguir hacia adelante”, alienta.
Magnum conserva un acervo valiosísimo de más de ocho millones de fotografías, que hoy se está digitalizado, y que físicamente está en proceso de centralizar en París lo que antes se repartía entre esa ciudad, Nueva York y Londres. Hay activos alrededor de cincuenta fotógrafos por el mundo y también fotógrafos ya fallecidos que siguen vendiendo fotos históricas a través de sus herederos. “La fotografía documental es un contrapeso muy importante y tiene muy pocos apoyos. Al final, la están protegiendo cuatro gatos sin fondos, agencias internacionales y nosotros que estamos ahí como agarrados a la pared intentando no caernos. Algunos periódicos. Algunos fotógrafos también a veces. Es importante que siga habiendo un registro de lo que ha pasado, que será la opinión de cada fotógrafo, pero sin caer del todo en la imagen sintética que genera un ordenador porque entonces te quitas la experiencia. Yo creo que la experiencia es lo que fundamenta la opinión y lo que te hace buena persona”.
Para agendar
Sueños y culpas, de Cristina de Middel. En ArtexArte, Lavalleja 1062, CABA. Hasta el 16 de mayo. De martes a viernes, de 14 a 20 y sábados de 15 a 20. Domingos y feriados cerrado al público. Entrada libre y gratuita.
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