Delicado y fatal
La atenúan el cautiverio y el gesto de las patas al refrescarse. Pero, así y todo, la belleza –en un tigre de Bengala, ferocidad y belleza son una sola cosa– ahí está. “¿Qué mano inmortal, qué ojo pudo idear tu terrible simetría?“, escribió, hacia finales del siglo XVIII, el poeta británico William Blake, y hay un temblor en esas palabras que es el mismo que sentirán los visitantes del zoológico nacional de Bangladesh, en Dhaka. En las zonas de manglares ya no se trata de admiración, sino de terror: los lugareños invocar espíritus para no toparse con ninguno de estos felinos. A Jorge Luis Borges también lo subyugaban los tigres. “Iba y venía, delicado y fatal, cargado de infinita energía, del otro lado de los firmes barrotes”, escribió en uno de los textos breves de Historia de la noche. Y agregó: “Pensamos que era sanguinario y hermoso. Norah, una niña, dijo: Está hecho para el amor”.
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