El efecto de la expansión hotelera
Contra todos los pronósticos, la ola de turistas ha terminado definitivamente con la idea del verano porteño de calles desiertas y poco tránsito. Florida es una babel de lenguas.
Rápidos, los operadores turísticos marcaron la tendencia: se acabó la temporada baja que iba de diciembre a fines de marzo. No hay más.
La ecuación calidad precio funciona, pero, y esto es lo importante, comienza a percibirse -y lo registran publicaciones como Food & Wine o Traveller &Leisure- que Buenos Aires ofrece cierta cuota de sofisticación infrecuente: alta moda, buen diseño, gastronomía gourmet y una oferta cultural excepcional. Pocas ciudades del mundo están en condiciones de exhibir una agenda de museos, teatros, cines, música, espectáculos al aire libre, ferias y shows gratuitos como Buenos Aires. Y los turistas que nos visitan lo saben.
No sorprende entonces que el Gobierno de la Ciudad haya decidido aggiornar el Centro Cultural Recoleta, ubicado en el eje turístico de mayor poder adquisitivo. En poco tiempo más, la avenida Alvear tendrá el cuarto hotel cinco estrellas de la zona, cuando se inaugure el Park Hyatt Palacio Duhau. Y avanzan en Montevideo y Guido las obras de un hotel "boutique", acorde con un nuevo concepto en la hotelería mundial que privilegia la preservación del patrimonio como una señal de identidad: la cadena NH recuperó los edificios del Jousten y del City Hotel, y el Sofitel hizo de un palacio decadente una meca internacional.
La bendición verde de la soja ya no será lo que fue en los últimos dos años, pero el turismo puede convertirse, por su efecto multiplicador, en la industria sin chimeneas que le puso alas a la economía española en la transición del franquismo. Acá no hay paradores nacionales, pero están las estancias con sus muebles, sus cuadros, la platería criolla, los carros, aperos y atalajes, determinantes de la identidad campera. El arte ocupa su lugar en el Alvear Palace, donde el marchand y galerista Ignacio Gutiérrez Zaldívar exhibe parte de sus colecciones de arte argentino del siglo XX; el NH tiene un acervo de 3000 obras de arte contemporáneo argentino; el titular del grupo El Rosario, que impulsa el proyecto del Palacio Duhau, compró de Guillermo Roux, calidad museo, para el futuro Park Hyatt. Esta semana cerró el Sofitel el programa de arte que organiza Leticia Lariviere, convertido en un imán para turistas y locales. La expansión hotelera cobra nuevo sentido porque se extiende al interior del país, con proyectos personalizados en Salta, como Colomé, hotel con viñedos de altura, propiedad de un suizo que es un gran coleccionista de arte. En Córdoba inauguró el Colibrí, de una familia hotelera de origen francés oriunda de Courchevel (Francia) y, en el Sur, Tipiliuke, el hotel del valle del río Chimihuín, dirigido por los hermanos Michel y Pedro de Larminat. Esta es la oportunidad argentina porque la distancia, que era un problema, en un mundo amenazado se vuelve una solución.




