El Matsuri como experiencia urbana: la cultura japonesa se vive hoy entre lo tradicional y lo pop
Cuando se cumplen 140 años de la llegada de la primera inmigración a la Argentina, Buenos Aires se consolida como una capital de este fenómeno multigeneracional
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Una nueva edición del Buenos Aires Matsuri se realizará el este fin de semana en Mercat Villa Crespo y propone una experiencia integral que cruza tradición, cultura pop y vida urbana. Habrá música J-Pop, bandas en vivo, tambores Taiko, danzas tradicionales japonesas y el Bon Odori como eje comunitario. El line-up reúne la diversidad de la escena nikkei argentina y dialoga con distintas generaciones, en un formato pensado para ser vivido más que observado.
Esa lógica participativa es una de las claves del crecimiento del fenómeno en la ciudad. “Es una invitación a toda la ciudad a conocer un poco más de la cultura japonesa”, resume Lorena Nonaka, presidenta del Club Gastro Japo, la asociación civil que reúne a más de 60 emprendimientos gastronómicos japoneses en todo el país. “El Matsuri es una celebración en comunidad donde las tradiciones y costumbres se comparten entre todos los participantes. No sos un espectador: lo vivís desde adentro y sos una pieza más que lo conforma”, dice.
La edición de este año, además, se inscribe en una fecha clave: se cumplen 140 años de la llegada del primer inmigrante japonés a la Argentina, un proceso marcado por el trabajo silencioso, la adaptación y el vínculo profundo con el país de destino. Ese trasfondo histórico convive hoy con una escena urbana activa, atravesada por la gastronomía, la música y los rituales colectivos que el Matsuri pone en primer plano.

La tradición japonesa, dice Sergio Miyagi, del Jardín Japonés, hoy se transmite tanto desde los espacios institucionales como desde la experiencia compartida. Uno de los momentos más significativos del Matsuri es el Bon Odori, la danza colectiva en homenaje a los ancestros. “Se baila alrededor de una torre, con tambores japoneses, y se desean buenos augurios y prosperidad. Cuando termina, simbólicamente, los difuntos vuelven a descansar en paz. Es una forma muy profunda de explicar nuestra relación con la memoria”, señala. Para muchos asistentes, incluso sin ascendencia japonesa, es el primer contacto con un ritual que mezcla emoción, comunidad y celebración.
Esa apertura es una de las marcas del presente. Desde el Jardín Japonés observan que el interés crece especialmente entre los hi-nikkei, personas que no son japonesas de sangre, pero sienten una fuerte identificación con esa cultura. “Nuestro presidente siempre impulsó darles lugar. Nos emociona ver cómo vienen vestidos de sus personajes de anime favoritos, cómo disfrutan un ramen o cómo se saludan en japonés”, sigue Miyagi. En esa línea, el Jardín Japonés refuerza su agenda de verano con propuestas que dialogan entre tradición y cultura pop: el 24 y 25 de enero será sede de un gran evento de cosplay, con competencias, música vinculada al anime y actividades abiertas, pensado como otra puerta de entrada contemporánea a la cultura japonesa.
El crecimiento del Matsuri en la Ciudad de Buenos Aires también tiene que ver con una decisión de gestión cultural. Sergio Asato, curador y productor de Mercat Villa Crespo, fue quien impulsó que la celebración saliera de los espacios tradicionales de la colectividad y se instalara en el corazón de la ciudad. “Históricamente los matsuri se hacían en campos deportivos o sedes propias, en La Plata o el conurbano. Cuando lo trajimos a CABA entendimos rápidamente el interés que existía”, cuenta. Familias, jóvenes, curiosos y fanáticos de la cultura japonesa empezaron a apropiarse del evento.
Asato, descendiente japonés, también habla desde la memoria. Recuerda haber participado, en 1986, de los festejos por los 100 años de la inmigración japonesa en Córdoba. “Compartíamos identidad, comunidad y pertenencia. Hoy, cuarenta años después, celebramos nuestra cultura y sus fusiones junto a toda la comunidad argentina”, dice. Para él, el Matsuri ya dio un paso más: “No debería quedarse solo dentro de la colectividad. Buenos Aires demostró que está lista para vivirlo”.

La gastronomía en este espacio vuelve a ocupar un lugar central. Con una lógica de street food japonés a precios accesibles, el público podrá encontrar opciones desde $5.000, entre onigiri, sando, karaage, yakitori, takoyaki, okonomiyaki, donburi, bento y dulces tradicionales. Comer, acá, también es una forma de aprender.
En el cruce entre ritual ancestral, cultura pop y ciudad, el Buenos Aires Matsuri confirma algo más amplio: la cultura japonesa no solo se conserva, se transforma y se transmite. En pleno verano porteño, se vuelve experiencia urbana, memoria compartida y celebración abierta.
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