El modelo del arte que abraza
Crece en el mundo del arte la certeza de que las instituciones públicas y privadas deben ser centros abiertos que den una respuesta a la comunidad. El mejor modelo en esta dirección ha sido el Palais de Tokio en París, inaugurado en 2002 por iniciativa del crítico Pierre Restany en el edificio desactivado que fue el pabellón de Japón en la exposición universal de 1937. Su director, el suizo Jean Marc Wahler, pasó por Buenos Aires meses atrás para la inauguración de Mediodía-Medianoche , producción itinerante que se vio primero en el Centro Recoleta y se exhibe en el Museo Castagnino de Rosario. Wahler cuenta con una planta estable de 25 personas y recursos destinados a becas, publicaciones e intercambio. Como el Recoleta, dispone de departamentos para invitados internacionales.
En Madrid, La Casa Encendida, que dirige Pepe Guirao, responde al mismo concepto. Financiada por la Fundación Caja de Madrid, funciona en un edificio que fue banco en el siglo XIX, en el vecindario de Atocha. Debe su nombre, casualmente, al modelo de gestión orientado a la comunidad. La casa "está encendida" hasta tarde: tiene un programa de seminarios gratuitos, cíber al costo, talleres de idiomas, teatro, facilidades para discapacitados e información en braille.
La Caixa Forum inauguró diez días atrás su nueva sede de Madrid. Ocupa una usina reciclada por el estudio Herzog & Demeuron (Tate Londres) en el Paseo del Prado. La Caixa tiene 500 millones de euros disponibles por año para programas sociales, invierte en arte contemporáneo y tiene, quizá, la mejor colección de España, seleccionada por María Corral (ex directora del Reina Sofía), con obras de Gursky, Clemente, Kuitca y Varejao, entre otros.
Con otros números en el presupuesto, el Centro Cultural Rojas de la UBA dedica su espacio y su esfuerzo a una infinidad de cursos de bajo costo, aptos para todo público, incluido el jubilado que sueña con aprender tango o tomar clases de teatro. De esa madera deben estar hechos hoy los centros culturales y museos. Los ejemplos se multiplican: el programa educativo del Malba dedicado a escuelas públicas está inspirado en un programa similar al desarrollado por el MoMA de Nueva York, puesto en práctica también por la Fundación Arte Viva en San Pablo y en Río de Janeiro. En Brasil, las bienales son gratuitas; la última edición de Porto Alegre incluyó una "estación pedagógica" dirigida por el artista uruguayo Luis Camnitzer, en la que hicieron escala 300.000 chicos. Que el arte puede cambiar la vida lo prueban proyectos como Eloisa Cartonera, Arte sin Techo y la escuela de grabados del presidio de Ezeiza, entre otras iniciativas.






