
El uso de un lenguaje que orilla la ilegalidad
Al abrirse un ciclo, se debatió sobre el sentido de "trucho"
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Decir "trucho" es decir ilegal, falso, apócrifo, engañoso. Pero es también un eufemismo para nombrar, con una sonrisa, la astucia de burlar la ley.
Recorrer los matices de la palabra "trucho" y descubrir de pronto lo que su uso y abuso dicen de nuestra relación con la legalidad fue la propuesta del primer debate del ciclo "Temas argentinos", organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación.
Durante cinco encuentros, que se realizarán los jueves de este mes y el primer jueves de diciembre, a las 19, con entrada libre y gratuita, se cuestionarán los sentidos de algunos términos cotidianos, cuyo uso esconde significados inquietantes, curiosos, en transición, siempre reveladores. El "buchón", el "macho", el "bocasucia" y el "aguante" serán los próximos temas que se abordarán en los encuentros, que el secretario de Cultura, José Nun, definió al inaugurarlos como "debates sensibilizadores".
"Nuestra crisis cultural es de tal magnitud que la tarea hoy es traer a la superficie problemas y fenómenos para empezar a discutirlos. El propósito básico de estos debates es sugerir hacia dónde mirar, aunque no sepamos de antemano qué vamos a ver", dijo Nun, al abrir el primer encuentro en el aula magna del Colegio Nacional de Buenos Aires.
Siguió una exposición coordinada por el periodista Orlando Barone -quien recordó la aparición del "diputrucho", en 1992, como fecha de nacimiento del uso contemporáneo del término-, que transitó la etimología de la palabra y adoptó enfoques jurídicos, psicoanalíticos y lingüísticos para pensarla.
Secuelas de la represión
Hay antecedentes de la palabra "trucho" en el habla del siglo XVII, pero el desacuerdo sobre su origen permanece. Su definición más aceptada en los diccionarios la vincula con lo falso y lo fraudulento, aunque también se la utiliza en relación con la falta de calidad, lo clandestino, lo poco confiable e inescrupuloso.
Así lo planteó el psicoanalista José Nesis, responsable del proyecto Responsabilidad Ciudadana del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec, coorganizador del ciclo), quien ubicó el resurgimiento de su uso reciente en la década del ochenta.
"Lo trucho es la forma que adquiere lo ilegal después de la última dictadura militar. Es un éxito de la represión, pero a la vez es su fracaso, porque algo decimos cuando decimos trucho, lo que revela la mala relación con lo ilegal", dijo Nesis. "Lo trucho nos permite tener mayor tolerancia a lo ilegal. No tenemos todavía un lenguaje para celebrar la legalidad y condenar la ilegalidad", afirmó.
A su turno, Sofía Tiscornia, especialista en antropología jurídica del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), definió lo trucho como un modo de convivir con un sistema de normas que nos es impuesto, pero de cuyos orígenes e implementación desconfiamos.
"Lo trucho es una forma de pararse ante una ley ajena, solemne y no creíble. No hay comunidad pura ni leyes consensuadas, por eso hay truchada. Su condición de existencia es la imposición violenta de una ley cuyos resortes y orígenes desconocemos. Si tengo que acatar la justicia lo hago, pero si puedo me mando una truchada", describió Tiscornia.
Esta "ilegalidad precaria, astuta e improvisada" de lo trucho tiene matices, dijo Tiscornia, quien diferenció entre "las máximas truchadas de los poderosos" y "el trucho del común", que "reserva un espacio de negociación y salida de la maraña de una ley impuesta. Somos truchos porque somos débiles y aunque peleamos también nos cansamos y vamos por el atajo", sintetizó.
Por su parte, Héctor Zimmerman, lingüista y autor del libro "Tres mil historias de frases", advirtió que el término "trucho" es sólo "el sobrenombre ambiguo para el engaño" que usamos hoy, pero que ha sido un "recurso siempre presente en la vida privada y pública de los argentinos".
Recordó, por ejemplo, el diario de Yrigoyen como ejemplo de truchada ya en 1930, y términos como "meter la mula" o "engrupir", hoy fuera de uso. "Lo trucho dejará lugar a otros términos. Mientras el hábito de burlar la ley continúe, no hay motivo para culpar a la lengua", dijo.



