Esclavo de la ficción
VIAJES POR EL SCRIPTORIUM Por Paul Auster-(Anagrama)-Trad.: Benito Gómez Ibáñez-185 páginas-($ 29)
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Después de Brooklyn Follies , Paul Auster (New Jersey, 1947), en apenas ciento ochenta y cinco páginas, ahonda con lucidez el extraño vínculo que existe entre escritura e identidad, en una recapitulación casi autobiográfica de su propia obra y de su condición de novelista.
Esto es Viajes por el Scriptorium : un intenso ejercicio metaficcional que a cada momento, para mostrar las luces y sombras del hecho literario, cruza los límites de su propio espacio de representación. También expresa la angustia que produce concebir "vidas" a través de la imaginación y la creatividad, una tarea que enciende la culpa, difumina la verdad y, en ocasiones, se conecta con los peores abismos de la naturaleza humana.
Amnésico y doblegado por la edad, Mr. Blank ignora dónde y por qué está encerrado. Para él, la austera habitación en la que se encuentra confinado es una incógnita tan desconcertante como el motivo por el cual lo visita un conjunto desigual de personajes enigmáticos y se lo obliga a leer, una y otra vez, manuscritos que lo incitan a reflexionar sobre su propia y oscura situación. Atrapado en la inflexión entre presente y pasado, asaltado por la incertidumbre, cada nueva entrevista que concede (y padece) Mr. Blank anuda los despojos de una ficción de la que parece ser dueño, pero también, misteriosamente, esclavo.
Entre la pulsión por la verdad y el descenso en la culpa, el anciano recorre una trama en apariencia ajena, rememora no tanto el amor como sus estertores físicos y se debate entre creer en la versión de los hechos, siempre acusadora, expuesta por las criaturas que frecuentan su reducido mundo o liberar la imaginación para pensar su propia respuesta a las incógnitas que se suceden hasta devastarlo.
Una duda se erige en Viajes por el Scriptorium por sobre todas las demás: ¿tiene sentido separar la ficción de la realidad? ¿Tiene sentido asumir el lugar de creador de un pequeño mundo ficticio, transitorio y olvidable? En la encrucijada final de esta novela de aires beckettianos, un acobardado y vencido Mr. Blank parece seducido por la tentación de perderse (y anularse) en un mundo de relatos del que, eventualmente, él mismo podría ser el autor.
Como si se tratara de un alucinante viaje por la conciencia, Auster es capaz de velar la complejidad de su novela gracias a un curioso y logrado meeting point con personajes y argumentos de sus libros anteriores. Este recurso dista mucho, sin embargo, de ser un complaciente homenaje a sí mismo. Se acerca, en cambio, con inteligencia al autoanálisis y a la autocrítica, al reencuentro inesperado de lo conocido en lo desconocido. Pero el principal objetivo de la narración no es recuperar viejos referentes de la obra del autor de El palacio de la luna y La música del azar . El acento debe ponerse en la lúcida práctica metaliteraria de Auster, que se opone al vanidoso juego de cierto posmodernismo "clásico". Hay un "relato del relato", pero en él las criaturas se rebelan y amotinan para cuestionar el revés de la trama y la lógica de la ficción. Esta vuelta de tuerca al tema pirandelliano por excelencia (y que también recuerda el sentido profundo del Frankenstein de Mary Shelley) plantea una revolución de la que nadie sale indemne, ni los personajes ni la propia obra.
Viajes por el Scriptorium aborda con calculada desmesura el principal motivo del autor, la identidad, para enlazarla ahora con temas como la memoria, la culpa, el olvido y la decrepitud. Sin embargo, este desconcierto de Auster ante la verdad del ser y de la índole más íntima de cada individuo -algo frecuente en sus libros- indaga en esta ocasión la feroz fatalidad de la creación, las inexplicables consecuencias de una vida dedicada a pergeñar ficciones y a usurpar aunque sólo de modo efímero el lugar del Creador.
Más allá de las confidencias sobre el proceso creativo de la escritura, sobre los equívocos de la imaginación o las capacidades o las reducciones del lenguaje, Viajes por el Scriptorium es además, gracias a su atmósfera y su extraño suspenso, una lograda novela de misterio. Ese misterio, que termina por ser el de la creación misma, echa luz sobre otro misterio más inquietante todavía: entre el sueño y la vigilia, entre la tiniebla y la luz, se trata de comprender el espacio indefinible al que la literatura arroja sin piedad al escritor, un espacio que parece ser la encarnación de la autenticidad absoluta, pero que también se revela más incierto y sorprendente que cualquier duda concebible en la vida real.






