Escritoras de novela erótica eluden a los censores religiosos en Nigeria y obtienen ganancias con sus atrevidos textos
Son mujeres que comparten los textos por entregas a través de grupos de WhatsApp para esquivar a la policía moral; “si quiere transmitir un mensaje, utilice contenido erótico”, asegura una autora
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Una mañana reciente en el norte de Nigeria, los teléfonos de unas mil mujeres sonaron. El capítulo más reciente de Nymphomaniac King (El rey ninfómano) acababa de llegar a un grupo de WhatsApp solo para mujeres.
Llevaba meses observando en silencio en el grupo, llamado El Mundo de Oum Hairan, luego de que la autora me dejara entrar. La prosa era explícita, utilizaba palabras en hausa para designar partes del cuerpo que nunca sobrevivirían a los censores islámicos de la región. El grupo de mujeres musulmanas respondió de la misma manera, con una hilarante discusión repleta de emojis sobre quién podría satisfacer los apetitos del rey.
“El gran personal de su majestad es lo que impresiona a todas”, posteó Oum Hairan, la autora, burlándose de sus estridentes lectoras. Luego, justo cuando Nymphomaniac King alcanzaba un clímax tentador, cerró de golpe el muro de pago.

“Pagarán 300 nairas (unos 20 centavos de dolar) por el grupo normal”, escribió a las mujeres que suplicaban más páginas. Añadió que el acceso “V-VIP” costaba 1500 nairas, compartió su número de cuenta y esperó a que llegaran los pagos.
Durante décadas, el norte de Nigeria ha albergado una floreciente industria de novelas románticas, escritas en hausa por y para mujeres. Pero en una región que opera bajo un sistema legal dual, donde la ley sharia coexiste con los tribunales seculares para regular estrictamente la moralidad pública, las historias más subidas de tono se consideran inmorales. Algunos libros han sido quemados públicamente por funcionarios fanáticos.
Ahora, una nueva generación de escritoras publica contenidos mucho más explícitos, y los publica por entregas en WhatsApp, donde están fuera del alcance de los censores religiosos y gubernamentales, quienes siguen centrados en los libros de papel.
Algunas escritoras ocultan su identidad a sus familias y amigos, temiendo ser juzgadas o entregadas a la Hisbah, la policía moral. Pero Oum Hairan, de 31 años, cuyo verdadero nombre es Fauziyya Tasiu Umar, se identifica orgullosamente como escritora erótica.
Su éxito le ha ganado un estatus casi de celebridad en Garun Malam, su apacible aldea en el campo al sur de la metrópoli de Kano, donde los velos hasta el suelo de las mujeres ondean mientras recorren en bicicleta las callejuelas arenosas.
En una entrevista en su casa, sobre una alfombra extendida en una antecámara pintada con un derroche de pasteles geométricos, Umar dijo ser muy consciente de la discusión que giraba en torno a su obra y a la de otras jóvenes mujeres que escriben erótica en hausa, muchas de las cuales la citan como su inspiración.

“Dicen que estamos ayudando a echar a perder la cultura y la religión en la sociedad”, dijo Umar, cuyos ojos de párpados pesados le daban un aire cómplice y relajado. “Pero yo veo la escritura erótica como algo vital en la sociedad. Es lo que ocurre, así que a través de la escritura, la gente aprende sobre ello”.
Umar, que además de comentarista social es una hábil mujer de negocios, dijo que cuando escribe un libro que no es erótico, no es tan popular.
“Creo que la escritura erótica es la forma de captar la atención de las lectoras”, dijo, sonriendo a su teléfono, el sustento de su negocio. “Si quieres transmitir un mensaje, utiliza contenido erótico y pon el mensaje al final del libro”.
Escritoras como Umar enganchan a los lectores con capítulos gratuitos en enormes grupos de WhatsApp, y dejan caer un muro de pago en los momentos más álgidos. Para seguir leyendo, los fans deben utilizar dinero digital para comprar el acceso a grupos temporales específicos del libro, que se cierran una vez finalizada la serie. Pagar más garantiza actualizaciones más rápidas, mientras que el costoso nivel denominado “Mujeres especiales” entrega los capítulos por mensaje privado para mayor privacidad. Algunos vendedores pagan hasta 6500 nairas (4,70 dólares) a la semana por anunciar sus mercancías (incluyendo lencería, afrodisíacos y utensilios de cocina) en los grupos.
En el mayor éxito de Umar, Gidan Uncle, o La casa del tío, el mensaje era que si tus impulsos sexuales son extremadamente fuertes, es posible que necesites ayuda médica. Dijo que tuvo la idea del libro, que trata sobre el abuso sexual y los hombres que desean a las mujeres ricas, tras escuchar, y luego unirse, a una acalorada discusión en el salón de belleza.
Desde su publicación en 2019, más de 55.000 personas han leído Gidan Uncle en Wattpad, un sitio de relatos, y probablemente otras 20.000 más en WhatsApp, dijo Umar. Su fama creció.

Pero entonces, en 2021, la Hisbah la llamó a su oficina de Kano, la segunda ciudad más grande de Nigeria. Cuando se presentó ante tres mujeres de la Hisbah, dijo que le pidieron que hiciera sus escritos menos eróticos.
“Me dijeron que estaba cometiendo un pecado muy grande”, dijo riendo. Dijo que les respondió que cómo podían saber eso, a menos que estuvieran leyendo sus libros.
Cuando admitieron que habían leído algunos, ella les explicó su filosofía. Sus libros estaban dirigidos a mujeres casadas, dijo, y la finalidad era transmitir mensajes sobre la sociedad. Ella era madre y trataba de criar hijos rectos, añadió, por lo que no haría nada que corrompiera a los jóvenes. De hecho, en una especie de prólogo a cada libro, Umar prohíbe su lectura a las jóvenes solteras.
La Hisbah pareció aceptar su explicación.
“Les dije que no podía prometer dejar de hacerlo y me dejaron marchar”, dijo Umar.
Funcionarios de la Hisbah dijeron más tarde en una entrevista que no habían intentado humillarla ni procesarla, solo aconsejarla por motivos religiosos.
Las mujeres hausa han tenido durante mucho tiempo vidas eróticas variadas incluso mientras navegaban por los estrictos códigos morales públicos, dicen los comentaristas culturales. Una biografía antropológica de 1954, Baba of Karo, detalla cómo las mujeres hausa tenían a menudo 10 o 20 amantes secretos.
Ni la sociedad ni las autoridades preocupan a Umar, quien ha sobrevivido a la muerte de su primer esposo, a una operación de garganta y a una lluvia de críticas por su trabajo, experiencias que la han dotado de una gran serenidad.
Puede hablar abiertamente porque cuenta con el apoyo de su segundo esposo y de su familia, dijo. Algunas admiradoras poderosas también pueden ayudar: las esposas de los gobernadores, la hija de un emir y los políticos leen su obra, añadió.
Y actualmente las autoridades no reprimen con tanta dureza como antes.
En los últimos años, varios TikTokers del norte de Nigeria han sido detenidos, algunos incluso encarcelados, y acusados de violar la sensibilidad moral. Pero ante las intensas críticas de los jóvenes a la policía islámica, la Hisbah y los encargados de hacer cumplir la ley islámica se han echado atrás y últimamente se muestran menos agresivos, según los observadores.
Aún así, otras pocas escritoras eróticas hausa son tan abiertas como Umar.

Una de ellas es una enfermera que trabaja en un hospital del norte de Nigeria y que además, es escritora de literatura erótica bajo el seudónimo de Oum Aphnan.
“Mi único valor es que no me expongo”, advirtió, y habló bajo la condición de que utilizáramos solo su seudónimo y la entrevista la concedió entre un paciente y otro en un consultorio en medio de una sala muy concurrida.
Oum Aphnan empezó a escribir libros eróticos durante la pandemia como una forma de pasar el tiempo, dijo, y rápidamente encontró un público ávido con suficiente dinero como para proporcionarle una importante fuente de ingresos adicional. “Está muy por encima de mi salario”, aseguró.
Utiliza las ganancias de sus escritos eróticos para sus gastos de manutención, dijo, y ahorra su salario de enfermera. Su hermana, otra conocida escritora erótica a quien se conoce con el sobrenombre de Maman Teddy (porque le gustan los osos de peluche), dijo que gastaba las suyas en hijabs y crédito telefónico para su marido.
La mayor preocupación de ambas hermanas es que su padre se entere.
Los libros exploran temas como los sugar daddies, la poligamia, los apetitos sexuales insaciables, la vida sexual de los eruditos islámicos y, en ocasiones, el abuso infantil y la violación.
Algunas escriben sobre encuentros entre personas del mismo sexo, un tema muy tabú en el norte de Nigeria y justo el tipo de cosas que entran dentro de las competencias de la Junta de Censura de Kano.
En la oficina de la junta situada en un edificio gubernamental con eco, donde los eruditos islámicos examinan sacos de manta llenos de libros confiscados, Abba Al Mustafa, el presidente ejecutivo de la junta, quien es una conocida estrella de cine de la popular industria cinematográfica de Kano, describió cómo “revisa” a los escritores y obras ofensivas.
Sacó un ejemplar de Queen Primer II, un pequeño y anticuado libro de rimas leído por generaciones de niños nigerianos de primaria, del que dijo que su equipo había incautado recientemente 55.000 ejemplares.
En una página de rimas sobre abejas en los árboles, una muñeca llamada Poll y una pelota en un salón, el verso en cuestión decía: “Ben y Tom pueden saltar en el heno/ ¿Es éste el camino? Sí, seamos gay”. (El libro se publicó por primera vez a finales del siglo XIX, cuando “gay” se utilizaba sobre todo para significar “feliz”).
Al Mustafa se sentó en su silla de oficina, con aspecto satisfecho por el trabajo bien hecho. Cuando se descubrió el verso, “los problemas empezaron a penetrar al Estado”, dijo. “Tuvimos que intervenir”.
Queen Primer II está ahora prohibido en las escuelas de Kano, y dijo que planeaban quemar públicamente los libros.
Admitió que cuando se trataba de medios sociales y contenidos en línea como los de las escritoras eróticas, la junta tenía muy poco poder. “Hay cosas que simplemente hay que pasar por alto”, dijo. “Pero al menos puedes controlar lo poco que tienes”.
En sus propios dominios, las escritoras practican ellas mismas una especie de censura, expulsando a las críticas de los grupos y lanzando maldiciones a aquellas jóvenes que sospechan que leen el contenido pese a las restricciones de edad.
Un grupo de lectores potenciales se topa con la censura automática cuando intenta entrar en los grupos de erótica: los hombres.
A mediados de diciembre, la paranoia por un presunto infiltrado masculino llevó a Umar a emitir un decreto implacable: eliminar cualquier número de teléfono no reconocido.
“Cierren la casa. Saquen a todo el mundo”, ordenó.
Aunque en un principio me había añadido al grupo, mi número no fue reconocido en el frenesí de la purga.
A las 10 pm, mi ventana a este mundo secreto se cerró de golpe.
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