Esto es grave
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La idea no me pertenece. Fue planteada en su momento por el respetado criptógrafo estadounidense Bruce Schneier. Es tan simple que es una de esas cosas que solo ven las personas muy inteligentes. Es, además, cierta. Parafraseo: ninguna sociedad organizada puede funcionar sin confianza. Creamos e imponemos mecanismos de seguridad, pero a la larga, la democracia se basa en que los ciudadanos confiemos en las instituciones. ¿Por qué? Porque no podemos controlar todo. Dejás el auto en un estacionamiento y cambio te dan un papelito; no firmás un contrato ante escribano público. Es imposible fiscalizar cada acto, cada instante. Así que una forma de minar las democracias es devaluar la confianza de los ciudadanos en las instituciones, como señala agudamente Schneier en este artículo.
¿Suena familiar? En la Argentina, se ha instalado la idea, maligna, falsa y destructiva de que la justicia no es confiable. La política no lo es. Ni el periodismo. Ni los legisladores. Ni la policía. Ni los militares. No lo son los sindicalistas y tampoco los empresarios. Este clima de nihilismo desesperanzado, pero canchero, está despedazando nuestro sentido de comunidad, porque en un contexto así lo único firme que queda es la verdad revelada del líder carismático, del partido heroico, del lema eterno, de la consigna sagrada. Y eso es grave, porque desandar un camino así podría llevarnos generaciones.







