Frenético mundo yuppie
En Golden Boys, el periodista Hernán Iglesias Illa retrata de manera instructiva y amena a los jóvenes argentinos que triunfaron en Wall Street durante las últimas tres décadas y, al mismo tiempo, pinta la ruleta financiera que decidió la suerte de países como el nuestro
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Golden Boys
Por Hernán Iglesias Illia
Planeta/Seix Barral/279 páginas/$ 40
Envidiados, despreciados y por encima de todo desconocidos para el común de la gente que sin saberlo ha sufrido muchas de sus decisiones, los golden boys o pibes de oro que retrata este libro son algunos de los más de 300 jóvenes traders , banqueros de inversión y economistas argentinos que lucharon y triunfaron en Wall Street a partir de la década de 1980.
Movidos por la adrenalina y el afán de engrosar los bonus de fin de año que les pagan los grandes bancos en los que trabajan, jugaron una ruleta financiera que ahora pretende disfrazarse de matemáticas y que decidió la suerte de países como el nuestro. Como escribe Hernán Iglesias Illa en Golden Boys. Vivir en los mercados , ellos son "los mercados". ¿Recuerdan aquellos títulos que no hace tantos años bajaban la palabra divina a nuestros diarios y resumían: "Inquietud en los mercados" o "Satisfacción de los mercados"? Eran ellos, los mercados son ellos, con nombre y apellido -muchos con apellidos dobles-, de clase media y alta, bilingües, osados, posgraduados, muy capaces y, sobre todo, con mucha buena suerte.
Emigraron a Wall Street para trabajar en J. P. Morgan (primer líder del mercado de deuda de países emergentes), Merril Lynch, UBS, Crédit Suisse, Citibank, Deutsche Bank, Chase, porque eligieron ser "pelusa en el ombligo de las finanzas globales" y desde allí decidir inversiones con plata que ni siquiera pertenece a sus bancos, sino a otros inversores, aumentando las deudas externas de la región y repatriando capitales fugados para luego volver a fugarlos.
Iglesias Illa ganó el año pasado la primera edición del Premio Crónicas Planeta/Seix Barral con fallo unánime de Jon Lee Anderson, Juan Villoro y Martín Caparrós. El premio financia un proyecto de crónica y luego la edita. Como la crónica es un género oceánico de orillas difusas que a veces sirvió a escritores sin ideas y periodistas sin información, conviene citar la definición de la convocatoria porque a ella se ajusta mucho Golden Boys : "Una investigación periodística realizada en profundidad, escrita con una marcada voz de autor y apelando a estrategias y recursos propios de la narración de ficción".
Ex editor de The Wall Street Journal Americas , Iglesias Illa vive en Nueva York desde 2004 y no solo ha entrevistado a sus personajes, sino que los ha frecuentado y ha jugado al fútbol con ellos. Su primer acierto es evitar la tentación de un enfoque maniqueo en un campo sembrado de figuras regaladas para el papel de villanos.
Así, muestra a los golden boys (una de cuyas figuras paradigmáticas fue el eterno Martín Redrado, hoy presidente del Banco Central) en su hábitat de múltiples pantallas planas, los dedos prestos a oprimir teclas o mover palancas que desplazarán cientos de millones de dólares en segundos, en sus casas millonarias de Greenwich, pendientes de los nuevos autos de sus compañeros, de los bonus propios y de sus colegas, y administrando el deseo de volver, un deseo rabioso en la mayoría de sus mujeres.
Primero los divide en tres grupos: traders a secas, banqueros de inversión y economistas. Los traders salvajes de los años 90 son los jugadores, players muchas veces intuitivos, hoy en retirada y reemplazados por especialistas en matemáticas. Los banqueros estarían un escalón por debajo en el Olimpo, y los economistas o analistas, autores de informes y pronósticos, son los storytellers o contadores de cuentos a quienes cada tanto leíamos o veíamos en televisión sujetos a sus libretos de achicar gastos, privatizar, abrirse, globalizarse y pagar (para volver a endeudarse).
El autor también acierta al pintar en algunos capítulos ese mundo desde la primera persona del plural, con un "nosotros" que habla por todos ellos y muestra costados humanos y cínicos, como las rivalidades, la contradicción de ir a misa los domingos sin creer en Dios, la decisión de bajarse para siempre de la calesita enloquecedora, el lamento porque hoy ha disminuido la avidez de Wall Street por nuestros boys . Muchos regresaron y otros trabajan en fondos de inversión. El medio se burocratizó.
La segunda mitad del libro deja atrás la fiesta menemista de los años 90 y nos introduce de a poco en lo que será la crisis de finales de 2001 vista desde Wall Street. Describe, por ejemplo, la perplejidad de un grupo de golden boys bien intencionados que vinieron a conocer a Fernando de la Rúa, sus ministros y su entorno y partieron despavoridos y con la certeza de que no había salida y era preciso vender.
Con otros términos, Iglesias Illa les pregunta a varios si no podía, si no debería haberse colado alguna dosis de patriotismo cuando jugaron en contra del país y ayudaron a su caída desde sus lejanas pantallas y teléfonos. Pero ellos no jugaban ni a favor ni en contra del país. Jugaban, cree el autor, en favor de sus bonus de fin de año y decidían en función de ese dinero que reflejaría sus aciertos. También cree que la mayoría era sincera cuando opinaba que había que aguantar la crisis sin caer en el default y la devaluación.
En este libro atractivo e instructivo que nunca decae y se lee sin requerir saberes técnicos solo cabe lamentar que, al ocuparse de ciertas entidades y personajes, no se mencionen algunos escándalos que los salpicaron o hundieron y que tienen su pata judicial. El autor únicamente lo hace al abordar el ruinoso megacanje de la deuda externa de Domingo Cavallo -hoy procesado- durante el gobierno de De la Rúa, pero la suya es apenas una referencia al pasar. Hace poco escribió en ADN que quiso "evitar el tono dramático de algunos libros de investigación que buscan el éxito tratando de hacer enojar al lector". Lo logró, y lo habría logrado igual de haber incluido esos antecedentes.






