Frieze, feria de vanidades
Más de 1000 artistas de 30 países representados por 64 galerías están reunidos hasta mañana bajo una carpa blanca en el bucólico entorno londinense de Regent´ s Park; en su séptima edición, es barómetro de lo último, fija precios y marca tendencias
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Frieze ha sido la última feria en ingresar en el club de las grandes ligas donde domina la suiza Art Basel, recupera posiciones la FIAC de París y busca sostenerse en medio del tembladeral de la crisis la madrileña ARCO. Habitué de Frieze, la coleccionista argentina Patricia Pearson de Vergez define la feria londinense como una plataforma edgy , conectada con su tiempo, caja de resonancia de lo último, representada por los Cartier Awards, que consagran los mejores proyectos multidisciplinarios, y por un nuevo formato llamado Frame , dedicado a 29 galerías emergentes con menos de seis años de existencia y un programa regular de exposiciones.
Más de 450 galerías se inscriben por año para estar en la feria. Lo hacen en diciembre del año anterior en la Web; la fecha de cierre es en febrero y el comité de selección, integrado por galerías que participan de la feria, se expide en abril. Bajo una carpa gigante de 21.000 metros cuadrados diseñada por el estudio Caruso St. John abrió sus puertas el jueves y espera recibir hasta mañana más de 60.000 visitantes, en su mayoría curadores, coleccionistas, críticos y galeristas que vienen a Londres a medir el pulso de los precios y el rumbo de las tendencias. Poblado de esculturas, el bucólico entorno de Regent´ s Park reúne durante cuatro días a 164 galerías de todo el mundo, ninguna de la Argentina y varias de Brasil (Casa Triángulo, Fortes-Vilaça, A Gentil Carioca, Luisa Strina, Vermelho), lo que da cuenta del kilometraje de ventaja que nos lleva el país vecino. Además de ser la potencia en carrera para preparar el Mundial de fútbol de 2014 y las Olimpíadas de 2016, Brasil acumula méritos en la escena global del arte contemporáneo, con la influyente Bienal de San Pablo y la fuerza regional de la Bienal del Mercosur, que tiene a Porto Alegre como sede y en esta edición a la argentina Victoria Noorthoorn como cocuradora. Basta con un dato: Marcia Fortes, de la galería paulista Fortes-Vilaça, integra el exclusivo comité de selección de Frieze. En su séptima edición, la feria británica es una vidriera para 1000 artistas de 30 países. No se explica su existencia sin el impulso impresionante que ha sido para Londres la creación de la Tate Modern, considerada de manera unánime la catedral del arte actual desde que abrió sus puertas en el umbral del tercer milenio, en la nave gigantesca de una vieja usina decimonónica reciclada por la dupla de arquitectos suizos Herzog & De Meuron. Visitada por más de 4 millones de personas, la Tate cuenta con la calidad sin fisuras del proyecto curatorial de Nicholas Serota, a la cabeza del ranking de influyentes que establece anualmente Art News, secundado por el español Vicente Todolí, formado en Valencia, Portugal y Estados Unidos, que aporta una mirada distinta, fresca y latina: lo diferente nutre, algo que el imperio conoce desde siempre.
Este año coinciden con Frieze la inauguración de la retrospectiva de John Baldessari en el Turbine Hall de la Tate Modern y una esperada muestra de Anish Kapoor en la Royal Academy. Kapoor (Bombay, 1954) es el artista preferido de los coleccionistas -sir Norman Foster entre ellos- por sus juegos visuales expresados en volúmenes de magnética superficie.
Londres es "raro", diría con su sentido único del humor el inefable Federico Manuel Peralta Ramos. Y lo es. La misma ciudad que venera el sombrero bombín, el cambio de guardia en Buckingham Palace, los club exclusivos y la competencia de sombreros en el Derby más encumbrado del planeta, ha hecho tabla rasa de mitos y prejuicios para convertirse en punto de convergencia del arte actual, en tierra de promisión para artistas llegados de todas las latitudes, India, Rusia, China, Japón, confirmando la capacidad de absorber como una esponja la savia de otras culturas. Es también un febril centro de ventas, meca para nuevos ricos, como el millonario ruso Roman Abramovich, dueño de un club de fútbol y audaz comprador de arte, famoso por las cifras escandalosas que paga cuando lo movilizan la chispa del deseo propio o el entusiasmo de su novia, la bella Dasha Zhukova.
¿Qué es lo que hace diferente a Frieze del resto de las ferias globales? La decisión de mostrar sólo arte contemporáneo, nada más que obras de artistas vivos, y este dato marca la diferencia fundamental con Art Basel. La feria suiza ganó fama por la calidad de la oferta de arte moderno, desde Picasso hasta Giacometti, Warhol, Matisse y Brancussi. El pabellón de la Messeplatz en junio es una suerte de museo temporario que está con todo su contenido... en venta.
En el otro extremo, la historia del presente se escribe en Frieze. Por los pasillos caminan los artistas. Hay obras interactivas como la propuesta por Ryan Gander (Cartier Award), que ha instalado un estudio de fotografía en medio de la feria y toma placas de los visitantes contemplando su obra preferida; el "retrato" es impreso de inmediato en dos copias: una para el protagonista y otra para ser colgada en una instalación en la entrada de la feria. El juego tiene un sesgo participativo ya puesto en práctica con enorme éxito en la edición 2008 de ARCO, cuando la galería brasileña A Gentil Carioca (uno de sus directores es el artista Ernesto Neto) vendía por 5 euros pins con obra recortada del catálogo elegida por el visitante. Un potente ciclo de conferencias, films, videos y muchas propuestas interactivas destinadas a un público entrenado en nuevas disciplinas forman parte de la agenda de Frieze que tiene a su vez una publicación paralela con el mismo nombre y un programa educativo intensivo: cuatro días con workshops para estudiantes de arte y programas de fin de semana para familias en el Espacio de Deutsche Bank, patrocinador de la feria que tiene como media sponsor a The Guardian , uno de los diarios mejor diseñados del globo.
Ocupar el liderazgo de lo nuevo se entiende por la influencia virtuosa de la Tate, pero también por la existencia del Turner Prize, siempre polémico, y, por tanto, tema de debate abierto. La pata del mercado es el publicista Charles Saatchi. Desde que puso en órbita a los integrantes del YBA con la muestra Sensation , los precios de Hirst, los Chapman, Jane Saville y compañía se fueron a las nubes. Hoy por hoy, en Frieze el más cotizado es Anish Kapoor, que en la última edición vendió un trabajo por 900.000 esterlinas. Los conocidos de siempre, como Gagosian, Lisson y White Cube, han comenzado a cerrar operaciones, pero los precios son un secreto guardado bajo siete llaves. Las obras más comentadas, además de la instalación de Ryanh Gander, son las de Ruth Ewan y Mike Bouchet, y en un escalón consagratorio las esculturas de Ugo Rondinone y la pinturas de Anselm Kieffer.
Una visita obligada en la cargada agenda londinense merecen la retrospectiva de Sophie Calle en la Whitechapel Gallery; la feria paralela Zoo en un galpón de Shoredtch High Street, conocida entre los iniciados como la " baby sister " y la muestra de Damien Hirst en la Wallace Collection, institución que rara vez exhibe obra posterior al siglo XIX. El comentario unánime es que esta vez "Hirst ha pintado las obras con sus propias manos y no con las del batallón de asistentes entrenados en encapsular tiburones en formol". Toda una novedad que espera el veredicto de la crítica y la opinión del publicista Saatchi. La última vez que Hirst sometió sus obras a la ley de oferta y demanda se alzó con una millonaria cosecha; claro que fue el mismo día de la caída de Lehman Brothers.
© LA NACION
FICHA
Frieze Art Fair, Regent´s Park, Londres, hasta mañana. Entrada: 20 libras; abierto, de 11 a 19. Frieze Education y Frieze Talks, gratis.





