
Furor por el Tapiz de Bayeux: ya se puede visitar la legendaria obra que el Museo Británico palpita hace décadas
La expectativa tuvo su recompensa y finalmente se expone en Londres este bordado invaluable, del siglo XI
7 minutos de lectura'

LONDRES.– Hablamos de una superproducción que tardó casi 1000 años en concretarse. Este jueves, el Museo Británico inauguró la muestra donde se exhibe el Tapiz de Bayeux: es la primera vez que ese invaluable bordado de casi 70 metros de largo del siglo XI regresa de Francia al país donde se cree que fue realizado.
Y aunque la mayoría de las superproducciones de los museos solo suele atraer a los aficionados al arte, esta exhibición en particular, que se extenderá hasta el 11 de julio próximo, ha hecho volar la imaginación del público británico en general.
Es una especie de furor que Michael Lewis, curador de la muestra, define como “Bayeuxmanía”.

Desde el museo comentan que hace un par de meses, cuando salió a la venta la primera tanda de entradas, había más de 80.000 personas esperando simultáneamente en línea para comprarlas, tal fue el interés que despertó ese lienzo donde puede verse representada la invasión a Inglaterra por parte de Guillermo el Conquistador en 1066, momento fundacional de la historia inglesa.
A mediados de julio, cuando el tapiz llegó al Museo Británico desde su sede habitual en Bayeux, norte de Francia, los canales de noticias británicos cubrieron su retorno como si se tratara de la vuelta a casa de un héroe de guerra, y no de un bordado dentro de una caja cargada en un camión. Y desde entonces, el interés no ha hecho más que acrecentarse.

De hecho, el propio rey Carlos III asistió la semana pasada a una visita privada anticipada, y los críticos de arte británicos se deshicieron en elogios al ver los avances difundidos para los medios. Uno de ellos comentó que la experiencia “te pone la piel de gallina” y que es algo “para contárselo a los nietos”, y otro crítico describió la obra como una “representación universal de la locura de la guerra” que está a la altura del “Guernica” de Picasso.
Ahora el público que tuvo la suerte de conseguir entradas ya puede acceder a la sala de exposiciones, que se mantiene a media luz, donde el tapiz se exhibe extendido en horizontal en el interior de una vitrina. Las 58 viñetas de la pieza —que según los historiadores fueron bordadas por mujeres inglesas en la década de 1070— culminan en una sangrienta escena de batalla y en la victoria del ejército invasor, los normandos, liderado por Guillermo el Conquistador.

El jueves a la mañana, los primeros visitantes recorrían la sala observando el tapiz y sacándole fotos. Todos guardaban silencio, hasta que uno de los visitantes, Cheryl Prax, una administradora jubilada de 71 años, notó que en los bordes del tapiz aparecen algunas figuras desnudas y soltó una carcajada. “Me encantan esas curiosidades históricas”, comentó Prax más tarde.
Cada cierta cantidad de minutos, por los altavoces se repetía un mensaje en inglés y en francés que instaba a los visitantes a seguir avanzando: “Por favor, no detenerse”.
Venetia McDade, una cuidadora profesional de 50 años que había viajado más de cinco horas para ver el tapiz, comentó que sus hijos ya lo habían visto en Francia durante sus viajes escolares, pero agrego que allá “no comprendían su importancia”.
“Lo fantástico es verlo en casa, donde realmente pertenece”, apuntó McDade.

Mary Beard, historiadora y miembro de la junta directiva del Museo Británico, comentó en una entrevista que en realidad esta es la segunda vez que el Reino Unido cae presa del “furor de Bayeux”. Recuerda que en 1966, cuando Inglaterra conmemoró el 900º aniversario de la invasión de Guillermo el Conquistador, había “imágenes del tapiz por todas partes”: la cervecería Guinness hacía alusiones a él en sus anuncios; Ernest H. Shepard, ilustrador de Winnie the Pooh, creó un bolso de tela con motivos del Tapiz de Bayeux pero con sus propios personajes; y la oficina general de correos emitió estampillas conmemorativas.
Pero ahora que el tapiz está físicamente en el Reino Unido, señala Beard, el furor parece más intenso que nunca, porque se trata de un acontecimiento que los británicos pueden celebrar independientemente de su ideología política, ya que los sucesos que representa pertenecen a la historia remota, “y ese es un espacio extraordinariamente seguro”.
Beard agrega que la sencillez narrativa del bordado también potencia su atractivo, porque “nadie te puede venir a decir que antes de ver el tapiz tenéis que saber otras mil cosas más”.

Otra sensación muy extendida entre los ingleses es que poder contemplarlo en el Museo Británico es una oportunidad única en la vida para ver un objeto que todos los niños del país estudian en la escuela.
Otro de los visitantes del día de la inauguración, John Hopkins, un archivero jubilado de 81 años, comentó que era la segunda vez que veía el tapiz, porque ya había tenido oportunidad de verlo en Normandía. “Pero vale mucho la pena volver a verlo: es una obra de arte maravillosa y al mismo tiempo es una pieza histórica increíble”, dijo Hopkins.
A pesar del entusiasmo generalizado por la exhibición, el traslado del tapiz al Reino Unido hizo refunfuñar a algunos expertos en arte. Aunque la pieza llegó al país sin sufrir graves daños, una de las conservadoras de la obra, Thalia Bajon-Bouzid, informó por email que al examinarla tras su arribo a Inglaterra, su equipo había descubierto dos nuevas “pequeñas roturas” entre los millones de hilos que la componen, y precisó que ambas roturas miden “unos pocos milímetros”.

Didier Rykner, fundador de La Tribune de l’Art, una publicación francesa especializada en arte que hizo campaña en contra del préstamo del tapiz, declaró por teléfono que si bien los daños parecían leves, el gobierno francés había asumido un riesgo inaceptable al trasladar la pieza al Reino Unido. Además, agregó, todavía falta el viaje de regreso del invaluable bordado a Francia, cuando termine la exhibición.
Pero los visitantes de la exhibición del Museo Británico no parecían preocupados por los daños que la pieza ha sufrido a lo largo de los siglos, incluido su reciente traslado a Gran Bretaña.
Paul Georghiou, un contador jubilado de 61 años, confeso estar “asombrado” de que el tapiz hubiera sobrevivido casi mil años. “Hoy los británicos ya no fabricamos nada que dure mil años”, comentó entre risas.
El museo estima que durante los diez meses que permanecerá abierta la muestra atraerá a alrededor de un millón de visitantes, una cifra menor a los 1,6 millones de personas que acudieron en masa a la exposición Tesoros de Tutankamón de 1972, pero los expertos en conservación decidieron limitar la cantidad de horas que el tapiz estará expuesto a la luz.

En cualquier caso, se espera que la exhibición del Tapiz de Bayeux le reporte importantes ingresos al museo en un momento en el que intenta recaudar los 1350 millones de dólares que necesita para encarar una gran remodelación de sus instalaciones. Aspiran a que los visitantes se apiñen en la tienda de regalos del museo tanto como la propia sala de exposiciones.
Y entre la gran variedad de artículos a la venta hay kits de bordado, jarras de cerveza, calendarios con motivos del Tapiz de Bayeux, réplicas de cascos de batalla, chocolates y platos conmemorativos.

El jueves, al terminar su visita, McDade recorrió la tienda de regalos en busca de un recuerdo adecuado y se decidió por un librito que cuesta 15 libras (unos 20 dólares) y que incluye una reproducción desplegable del tapiz.
Dice que contemplar la obra fue una experiencia sobrecogedora, y que sintió una sorprendente conexión tanto con las mujeres que la confeccionaron como con los soldados representados en sus hilos. Y aunque habría querido que le dieran más tiempo para observarlo, agrega: “Pero en realidad no sé cuánto tiempo habría necesitado. Podría haberme quedado horas ahí dentro”.
(Traducción de Jaime Arrambide)

