Geografía pintada

Colores delicados y gestos violentos conviven en las obras que Mariano Cornejo presenta en Palatina. Los recorridos por su Salta natal llegan hasta el microcentro porteño con la ambigüedad de una naturaleza inasible
Delfina Helguera
(0)
29 de noviembre de 2013  

Es imposible separar la obra de Mariano Cornejo de la geografía de su lugar de origen: Salta y los paisajes de la cordillera de los Andes, la Puna y los valles. La exposición en la galería Palatina le da indicios al espectador con el título Crecientes, volcanes y tormentas . En acuarelas y obras sobre madera, Cornejo profundiza en el paisaje natal con un lenguaje abstracto que funde la geometría con la libertad del trazo y los planos de color pleno y capas de tonalidades.

Los colores emergen con el impulso de los viajes y estadías en los Valles Calchaquíes y la casa del pintor en Cachi, el recorrido por los lugares a los que pocos hombres llegan, como volcanes, lagunas de altura y senderos marcados por animales. La delicadeza de las tonalidades contrasta con las huellas que deja el artista en la madera o el papel: incisiones, raspaduras, huecos, perforaciones, cortes. Esto se hace evidente en las obras sobre papel, en las que el gesto violento contribuye a dar una sensación de relieve que evoca los paisajes montañosos. La mirada es aérea, como la de un pájaro que sobrevuela una topografía que cambia según la luz del día y de la noche.

Así como en las últimas obras se acercaba al paisaje a través de las floraciones en el desierto, en este caso se expande hacia crecientes con cielos anaranjados y rojos, lagunas esmeraldas y volcanes a la espera. Hay reminiscencias de aquellos artistas que abordaron la abstracción libre en el siglo XX y un acercamiento muy personal al paisaje que lo vio nacer. Todo lo que muestra es sugerido. Podrían ser otros lugares, como el mar o la llanura, pero en los títulos encontramos la llave: Concierto para volcán , El sueño de la laguna esmeralda , Creciente con cielo rojo .

El artista presenta también sus muebles-esculturas, que cumplen la doble función del uso y la experiencia del espacio escultórico. Este rasgo es propio de Cornejo. Sus obras planas sobre madera también comparten la ambigüedad de ser esculturas con relieve sobre las paredes, con marcos recortados. Nada es plenamente cuadrado o rectangular, sino que la obra se esparce sobre el muro. Las sillas y mesas participan de las cualidades de su escultura: bajo la tutela del artista, trozos de maderas encontradas se transforman en objetos sorprendentes.

La exhibición debe recorrerse con las palabras del propio Cornejo escritas en el folleto que acompaña la muestra: "Hay nubes de hielo como letras de una escritura antigua, pero cómo leerlas si ya son violetas? Y es que el paisaje se desata del espacio como si lo inmenso fuera un cuadro redondo que no pudiera pintarse nunca".

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.