Hallan una esfinge funeraria romana incrustada en una escalinata tallada en piedra en el siglo I
La escultura pertenece a la tumba de un personaje destacado de la ciudad de Elche, en Valencia
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MADRID.– Por el yacimiento arqueológico de El Monastil (Elda, Alicante) han pasado las principales culturas que han habitado la península Ibérica desde la Edad del Bronce hasta la etapa andalusí, incluyendo los periodos romano, bizantino y visigodo. Todas ellas dejaron un amplio rastro arqueológico a su paso. Ahora, la dirección del yacimiento anuncia el hallazgo de una esfinge funeraria romana del siglo I, que fue reutilizada en una muralla de los siglos V y VI.
Antonio M. Poveda Navarro, director de la excavación, define la figura como “una escultura de piedra, que corresponde a parte del torso y el arranque de las patas delanteras, que estaban estiradas en línea vertical. Su posición y rasgos anatómicos permiten identificarla como una esfinge de época romana, un ser híbrido que en contextos funerarios ejercía una función protectora, profiláctica, de la tumba y del personaje en ella sepultado; pero al ser un animal alado, siempre tenía un valor psicopompo; es decir, transportaba en su hipotético vuelo el alma del difunto, para llevarla al más allá, y conseguir su descanso eterno en el lugar sacro donde estaban las divinidades, como el Olimpo entre los griegos”.
Fue en la campaña arqueológica de 2000, y mientras se trabajaba en la muralla romana de El Monastil, cuando se desenterró una pequeña escalinata de tres peldaños. Al año siguiente, y tras unas fortísimas lluvias, se observó que una parte de los sillares se habían desmoronado. Al comprobar los daños, los arqueólogos descubrieron que “uno de los sillares se correspondía con una escultura de gran tamaño que se conservaba muy parcialmente, pues se había reutilizado como un simple sillar rectangular para construir uno de los peldaños de la escalinata, en un claro ejemplo de spolia [reutilización]”, recuerda Poveda.

La escultura fue trasladada con el máximo cuidado al Museo Arqueológico de Elda para su conservación, pero la identificación, a causa de los golpes y recortes de su superficie, resultaba muy complicada. Parecía “un ser mitológico con alas, de las que se conservaba al menos una; también se observaba el abdomen del que sobresalían unos abultamientos frontales que interpretamos como senos, y entre el situado en el lado izquierdo y la parte del ala conservada se identificó un elemento vertical que podía ser un brazo o extremidad superior”, explica el arqueólogo. Se pensó que podría tratarse de una obra de arte ibérico, de la necrópolis prerromana de El Monastil. Es decir, “este gran fragmento escultórico podría pertenecer a una figura femenina alada ibérica que había sido colocada en la necrópolis”, dice Poveda.
El año pasado, el Museo Arqueológico de Elda inició la limpieza y consolidación de esta escultura. Un equipo encabezado por el propio Poveda y uno de los mayores especialistas en escultura romana de la península ibérica, Ferrán Arasa i Gil, profesor de la Universidad de Valencia, realizó nuevos análisis y se buscaron los paralelos tipológicos y estilísticos con otras esculturas pertenecientes al grupo de las esfinges egipcias, griegas, romanas e ibéricas.
Así se llegó a la conclusión de que se asemejaba mucho a un buen número de esfinges funerarias romanas, halladas en la parte septentrional de la península Itálica, en el limes germano y en Dacia (Rumanía). “Estamos ante parte de una escultura monumental de época romana, perteneciente a un edificio funerario de un personaje vinculado a El Monastil, que estaba probablemente en su necrópolis, cerca del camino de acceso a la vía Augusta”, indica el arqueólogo.

La escultura, según los análisis, fue cincelada entre el reinado de Augusto y mediados del siglo I d.C. Su propietario debió de ser un relevante miembro de la élite rural de la cercana colonia romana de Ilici Augusta (Elche). Quizás a la esfinge le acompañaría alguna otra fiera mitológica. Posiblemente fue creada en un taller de Elche.
La figura, labrada en caliza beige de la zona, mide 31 cm de altura, 55 cm de anchura y 25 cm grosor, aproximadamente un tercio del tamaño de toda la pieza. Le falta aproximadamente el tercio superior, en el cual iría la cabeza y la mayor parte de las alas, y el inferior, con las patas delanteras y la parte posterior del cuerpo.
La esfinge es un ser híbrido de procedencia egipcia con cabeza de mujer y cuerpo de leona que se difunde ampliamente por Oriente y llega hasta el mundo griego, donde desde época arcaica tiene una función funeraria. En la península Ibérica tienen una destacada presencia en la cultura íbera, con una función similar. Con la misma función, también se utiliza en el mundo funerario romano, que recoge la iconografía de la esfinge griega y generaliza la representación del atributo anatómico de los pechos y las ubres, estas últimas propias de la leona de la cual toma el cuerpo.
Las figuras de esfinge con función funeraria de todo el imperio halladas hasta hoy son 160, de las cuales una mayoría significativa (26%) se ha encontrado en la Cisalpina (Italia). En cuanto a la cronología, la mayoría (85%) se fecha en el siglo I d.C. En la península Ibérica son poco numerosos los ejemplos de esfinge de época romana que se conocen; Baetulo (Badalona, Barcelona), Segobriga (Cuenca), dos en Albacete (Ontur y Mata de la Estrella), Caraca (Drieves, Guadalajara), Carissa Aurelia (Espera, Cádiz), Cortijo del Álamo (Jódar, Jaén), Obulco (Porcuna, Jaén), Setúbal y Faro (Portugal).
“La esfinge de Elda viene a enriquecer un reducido, pero creciente conjunto de representaciones. En la comunidad valenciana, es la primera conocida. A escala comarcal, es un descubrimiento destacado en los valles del río Vinalopó, donde los hallazgos escultóricos de época romana son escasos, y en el que también hasta el momento es el más antiguo de la época romana”, concluye Poveda.
El yacimiento de El Monastil se ha convertido en los últimos años en uno de los más interesantes de la península, pues sobre él se superponen desde un monasterio bizantino, una base militar de Pompeyo o una iglesia visigoda. Los numerosos materiales que el equipo de Poveda extrae se envían al Museo Arqueológico de Elda. Es tal el volumen de objetos que se puede tardar, como en este caso, décadas en estudiarlos.








