Historias musicales felizmente rescatadas del olvido

Javier Navia
Javier Navia LA NACION
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18 de agosto de 2019  

En tiempos del streaming, cuando plataformas como Spotify nos dan un acceso inédito al universo musical permitiéndonos redescubrir trayectorias, repasar clásicos y detectar joyas del pasado, la literatura musical florece en paralelo con una gran variedad de investigaciones, biografías, memorias y anecdotarios. Ya el cine -con rutilantes biopics, como Rocketman, sobre Elton John; Bohemian Rapsody, acerca de Freddie Mercury y Queen; o el inminente film sobre David Bowie, actualmente en rodaje- viene en los últimos años depositando su atención en la vida de grandes artistas, al igual que lo hace la industria de documentales, muy activa en Netflix o en HBO, que ha echando luz recientemente sobre aspectos menos transitados de diversas figuras, como la lucha contra las drogas de John Coltrane o las batallas legales de Michael Jackson. Pero es especialmente en el mercado editorial donde más proliferan las obras consagradas a revisitar la historia de los músicos y estilos más celebrados. Secciones enteras dedicadas al género se levantan en las más importantes librerías del mundo y surgen nuevas editoriales especializadas en el tema. En nuestro país, Gourmet Musical Ediciones es una de ellas. Fundada en 2005, este pequeño sello se dedica a la publicación exclusiva de libros sobre música y musicología y ofrece a investigadores y melómanos un excelente y variado catálogo con títulos que abarcan desde el ADN del tango hasta el fanatismo global por los Rolling Stones.

Recientemente, ha sumado una investigación centrada en las visitas que realizaron a nuestro país las más importantes figuras de la historia de la llamada música negra: Grandes del jazz internacional en Argentina (1956-1979). Su autor, el reconocido crítico Claudio Parisi, indaga en el recuerdo de las presencias más rutilantes, aquellas que dejaron anécdotas desconocidas o ya olvidadas, pero imperdibles, cuando estas figuras visitaron Buenos Aires, muchas de ellas en su esplendor y provocando una conmoción en la ciudad similar a la que algunas estrellas del rock y del pop generarían en los 90. Parisi cuenta, por ejemplo, que Louis Armstrong terminó demorado en una comisaría por ruidos molestos tras conmover al barrio de Once cuando fue a degustar la comida judía -de la que era fanático- de la madre del baterista Leo Vigoda. Fue en 1957, un año después de que Dizzy Gillespie cruzara el centro de Buenos Aires a caballo y vestido de gaucho rumbo a una grabación con Osvaldo Fresedo. Estos episodios, como la internación de urgencia en el Hospital Fernández del enorme bajista Charles Mingus, o el insólito concierto de Bill Evans en San Nicolás, narrado en esta revista en abril de 2018, son parte de una deliciosa recuperación de la memoria musical del país y en especial de Buenos Aires, donde templos de la música como Jamaica, 676 o La Cueva fueron testigos de capítulos que ya son parte de la historia de la música. Una historia que felizmente ha sido rescatada a tiempo del olvido.

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