Ideas que inspiran. Marina Abramovic: "Mi método es hacer las cosas que me dan miedo"

Marina Abramovic durante su visita a Buenos Aires
Marina Abramovic durante su visita a Buenos Aires Fuente: Archivo - Crédito: Patricio Pidal
La prestigiosa artista está convencida de que sólo al experimentar el riesgo de desafíos nuevos se pueden cambiar realmente las cosas
Celina Chatruc
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25 de marzo de 2020  • 16:07

Marina Abramovic propone el juego de retroceder el tiempo hasta 1974 hasta el momento de que, en una galería de arte situada en alguna parte del mundo, una chica de 23 años, parada frente a una mesa con 76 objetos de lo más variados para el placer y el dolor e instrucciones que dicen "soy un objeto. Todo lo de la mesa puede utilizarse sobre mí. Asumo toda la responsabilidad, incluso si me matan. Y tienen seis horas".

"El inicio de esta performance fue fácil. La gente me daba el vaso de agua para beber. Me daba la rosa. Pero pronto hubo un hombre que tomó las tijeras y me cortó la ropa, luego tomaron las espinas de la rosa y me las pegaron en el estómago, alguien tomó la hoja de afeitar, me cortó el cuello y bebió mi sangre. Las mujeres les decían a los hombres qué hacer. Y los hombres no me violaron porque era sólo una inauguración normal, había mucho público y ellos estaban con sus esposas", rememora la artista en una charla TED .

"Después de cumplirse las seis horas yo comencé a caminar hacia el público hecha un desastre: medio desnuda, llena de sangre y las lágrimas me corrían por la cara. Todo el mundo escapó, simplemente huyeron. No podían confrontarme como un ser humano normal... Bienvenidos al mundo de la performance", agrega con tono didáctico.

Pero, ¿qué es la performance?

"Muchos artistas dan muchas explicaciones diferentes, pero mi explicación es muy simple: es una construcción mental y física que el artista hace en un momento determinado, en un espacio, en frente de una audiencia para que suceda el diálogo vital. El público y el artista componen juntos la pieza. La diferencia entre la performance y el teatro es enorme. En el teatro, el cuchillo no es un cuchillo y la sangre sólo es ketchup. En una performance, la sangre es el material y la hoja de afeitar o el cuchillo es la herramienta. Todo es cuestión de estar allí en el tiempo real, no se pueden ensayar las performances", agrega Abramovic, que se ha dedicado a la performance durante los últimos 40 años.

"Quiero mostrarles qué fue lo que realmente cambió mi vida, y fue la actuación en el MoMA . 'En esta performance', le dije al curador, 'me voy a sentar en la silla, y habrá una silla vacía en la parte delantera, y cualquiera del público puede venir y sentarse el tiempo que quiera'. El curador me dijo: 'Eso es ridículo, ya sabes, esto es Nueva York, esta silla permanecerá vacía, nadie tiene tiempo para sentarse delante de ti'. Pero estuve sentada durante tres meses. Y me sentaba todos los días, 8 horas, desde que abría el museo, y los viernes 10 horas, porque el museo abre 10 horas, y nunca me movía", recuerda.

"¿Y qué pasó? Ellos son observados por las otras personas, son fotografiados, son filmados, observados por mí y no tienen adonde escapar, excepto a sí mismos. Y eso marca la diferencia. Había tanto dolor y soledad, hay tanto cosas increíbles al mirar en los ojos de otra persona, porque en la mirada de un extraño, que ni siquiera dices una palabra, todo sucede. Y comprendí cuando me levanté de la silla después de tres meses, que no soy la misma de antes. Y entendí que tengo una misión muy grande, de que tengo que comunicar esta experiencia a todos", continúa.

Aquella experiencia fue el inicio del MAI (Marina Abramovic Institute) , que propone a quienes lo recorren todo tipo de experiencias ligadas a lo performático . "Siempre hacemos cosas que nos gustan en la vida. Y es por esto que uno no cambia. Uno hace cosas en la vida, y simplemente no pasa nada si siempre se hacen las cosas de igual manera. Pero mi método es hacer las cosas que me dan miedo, las cosas que temo, las cosas que no conozco, para ir al territorio que nadie fue", reflexiona.

"Y luego también para incluir el fracaso -concluye-. Creo que el fracaso es importante porque si uno experimenta, puede fallar. Si uno no entra en esa zona y no falla, en realidad uno se repite una y otra vez. Y creo que los humanos, en este momento, necesitan un cambio, y el único cambio que se debe hacer es un cambio a nivel personal. Uno tiene que hacer su propio cambio, debido a que la única manera de cambiar la conciencia y cambiar el mundo que nos rodea, es empezar con uno mismo. Es fácil criticar lo diferente, las cosas en el mundo y que no son correctas, como que los gobiernos son corruptos y que hay hambre en el mundo y guerras y muertes. Pero ¿qué hacemos a nivel personal? ¿Cuál es nuestra contribución a todo esto?"

Podés ver aquí la charla completa:

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