Inconfundible
En uno de sus haikus, Bashō escribió: “A pesar de la niebla es bello el Monte Fuji”. Para quien tomó esta foto, desde la ventana de un avión que hacía la ruta Tokio-Hong Kong, la niebla no es problema y la belleza de esta montaña lo es todo. Sublime en las Treinta y seis vistas que le dedicó Hokusai, magnífico en las que a su vez realizó Hiroshige, inconfundible en cada recreación que luego emprenderían la cultura pop, el arte contemporáneo, la nueva mirada oriental, el cruce con lo occidental. Para muchos, el Fuji es el emblema de la perfección –suavidad, simetría, equilibrio–; para otros, una cita con el intangible territorio de lo sagrado. Probablemente el símbolo más universal de la cultura japonesa, posee un magnetismo que esta imagen confirma. No hay niebla, hay nubes; la altura desde donde se observa es inhumana. Y allí está: lejano, elegante, mudo. Dispuesto a dejarse adorar.
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