Jérôme Ferrari: "La literatura es un modo de conocimiento más intuitivo"
El escritor francés visitó Buenos Aires para presentar El sermón sobre la caída de Roma, la novela por la que ganó el Premio Goncourt
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"Para mí la literatura no fue nunca un ejercicio nacional". Jérôme Ferrari (París, 1968) dice también que llegó tarde a la literatura francesa contemporánea, lo que, sin embargo, no le impidió ganar en 2012 el Premio Goncourt. "Hasta hace cinco o seis años, leía solamente literatura extranjera. Jamás estuve en el mundo literario parisino. Me moví siempre en la periferia. Después conocí alguna gente y empecé a leer. Pienso en Mathias Enard, Laurent Mauvignier, Maylis de Kerangal. Todos tenemos más o menos la misma edad."
¿Lo sorprendió a Ferrari el Goncourt? "Mucho. Para empezar, mi editorial, Actes Sud, no es una editorial de la que suelan salir premios Goncourt. Y además me sorprendió que premiaran una novela sobre Córcega."
El libro premiado fue El sermón sobre la caída de Roma, recién editado localmente por Random House. Ferrari, que es también profesor de filosofía, encontró el origen de la trama (una rara novela familiar de decadencia e insularidad) en el sermón 81 de San Agustín, aquel que se refiere al escándalo y que, hacia el final, considera la eventual destrucción de Roma. "El sermón fue el punto de partida -explica Ferrari-. Era simple y abría enormes posibilidades para el desarrollo de distintas historias. Pero no concebí para nada la novela como una alegoría. No se compara la caída de Roma con ninguna otra cosa. Se habla de la caducidad de todas las cosas humanas. Lo que me interesó es que Roma podía ser una ilustración posible de esa caducidad, como si diera una ley general."
-En cuanto a Córcega, parece en su visión un lugar un poco utópico. ¿Es para usted "lo otro" de Europa?
-Yo diría que es más bien la contrapartida de París. Crecí en un suburbio de París, en Vitry-sur Seine, y la verdad es que ese suburbio no tiene nada que ver con París misma. Es otro mundo. Fue un lugar que detesté con todo mi corazón. El pueblo de mis abuelos en Córcega era el lugar ideal para instalarme, y eso hice cuando cumplí 20 años. Córcega es un desierto nueve meses y en temporada se convierte en un caos. Esa estructura esquizofrénica me resulta más interesante para la literatura? Lo que me gusta de Córcega es que las relaciones de amistad no están condicionadas por la situación económica, sino por la unidad de lugar. Es un lugar chiquito que puede deparar una experiencia mayor que la de una gran ciudad.
-¿En qué términos piensa la relación de fuerzas entre filosofía y ficción?
-Desde mi punto de vista, la filosofía y la narrativa literaria son la misma cosa. Tal vez sea otra esquizofrenia. La diferencia consiste en el modo de producción. Los dos son medios para entender, pero con formas distintas. A lo mejor, pienso en conceptos, pero no me expreso en conceptos. Por supuesto, se puede también hacer ficción con conceptos filosóficos, como Borges. Pero entonces el concepto es tomado en ese caso como literatura.
-La literatura sería entonces también una forma de conocimiento.
-Bueno, no querría hacer una generalización, pero, por lo menos para mí, la literatura es una manera de mirar el mundo y de tratar de comprenderlo. Y lo bueno de la literatura es que incluye también las contradicciones, algo que la matriz racional de la filosofía impide. Es un modo de conocimiento más intuitivo.
-Una pregunta un poco más personal. ¿Le dio miedo ganar el Goncourt?
-Sí. Tuve pánico de que el premio cambiara mi manera de escribir. Y eso puede pasar sin que uno se dé cuenta. El peor de los errores sería escribir pensando qué esperan los otros. Por eso me llevó tanto tiempo Le Principe, mi nueva novela. O tal vez porque mi agenda es más apretada? Es muy diferente de El sermón? Lo peor habría sido la parodia.
-Nada que ver con Córcega.
-No. Es sobre el físico Werner Heisenberg. Pero conseguí meter un poco de Córcega. Lo sé solamente yo, nadie lo ve.
-Una Córcega invisible.
-¡Sí! La Córcega invisible. Un nuevo concepto.
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