Cortázar: retrato inesperado en una biografía controvertida
Sin la autorización de los herederos, llega El cronopio fugitivo
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BARCELONA.– Pegado a la pollera de mamá hasta el fin de sus días y en buena medida agobiado por sus obsesiones sexuales. Así es como pinta Miguel Dalmau (Barcelona, 1957) al autor de Rayuela en una controvertida biografía que remata con una elocuente carta a la madre, María Herminia Descotte, jamás enviada y descubierta por Aurora Bernárdez entre sus papeles, pocas semanas después de su muerte. "Y no puedo ser otra cosa en libertad, porque en tu espejo de sonrisa blanda está la imagen que me aplasta, el hijo verdadero y a medida de la madre, el buen pingüino rosa yendo y viniendo y tan valiente hasta el final, la forma que me diste en tu deseo; honrado, cariñoso, jubilable, diplomado."
Julio Cortázar. El cronopio fugitivo estaba anunciada para 2013. Sin embargo, llega con casi dos años de retraso, tras el Centenario Cortázar, y publicada por Edhasa. De hecho, la obra se edita sorteando los últimos obstáculos sin una sola fotografía del escritor más que la de portada, y sin la autorización expresa de los herederos, estirando al máximo el derecho a cita estipulado en la legislación.
"Era alucinante porque recibíamos las presiones del abogado de Aurora Bernárdez para que la biografía no saliera, o eso me decían en la agencia de Carmen Balcells, y nadie había leído el libro", recuerda el biógrafo Dalmau. "Yo creo que Carmen -dice, en relación con la legendaria agente literaria fallecida el pasado agosto- había desactivado por completo el tema, porque mis antecedentes como biógrafo polémico no auguraban nada bueno a los defensores de la memoria oficial de Cortázar."
Los antecedentes a los que se refiere son el espinoso ensayo Los Goytisolo (finalista del Premio Anagrama) y la escandalosa biografía del poeta Jaime Gil de Biedma -que Sigfrid Monleón adaptó al cine como El cónsul de Sodoma-, autores de la poderosa agente literaria. "Balcells debía decir: «A Dalmau, ni agua», y con razón", especula el biógrafo, que también deja caer entre líneas cierta motivación económica, ya que su trabajo podía opacar otras ediciones conmemorativas, como el álbum Cortázar de la A a la Z, editado por Carles Álvarez Garriga y Bernárdez, quien "quería controlarlo todo para el aniversario".
"Queremos tanto a Julio que tendemos a imponer nuestra forma de amarlo en una única visión, y eso es negar la esencia de Cortázar, su apertura de miras y su generosidad", asegura Dalmau. Lo cierto es que su demorada biografía "no autorizada", aunque pueda irritar a más de un celoso custodio del Cortázar oficial, resulta mucho menos escandalosa de lo que se temía, "porque al otro lado del espejo, el dibujo de las constelaciones es el mismo", dice el investigador. Si bien reconoce que su trabajo no presenta "estrellas de grandes hallazgos", sí "nuevas constelaciones" de pequeños datos y aspectos.
En todo caso, el espejo en el que refleja Dalmau al autor de Historias de cronopios y famas es el del psicoanálisis, con el que propone una nueva lectura tanto de su vida como de su obra. "El mismo Julio reconocía que escribía para enfrentarse a sus demonios, a sus fobias y neurosis, porque nunca había ido al psicoanalista."
Retrato de autor con barba
Si Eduardo Montes-Bradley con Cortázar sin barba centraba su enfoque en la ausencia del padre, que lo abandonó cuando Julio era un niño, Dalmau, en cambio, carga las tintas en la figura materna de María Herminia, la hija ilegítima de un acomodado empresario a la que dio su apellido y mantuvo económicamente. Lo mismo haría el escritor durante toda su vida repitiendo el patrón de su abuelo biológico. "La dependencia con la madre era clarísima y se ve incluso en Libro de Manuel", subraya el biógrafo, que escarba en su infancia en Banfield rodeado de mujeres, entre su madre, su abuela Victoria, la tía Albertina y su hermana Ofelia, un año menor, a la que luego se le diagnosticaría esquizofrenia, para completar el cuadro edípico. "Algo que casa luego con su sensibilidad femenina y con su desinterés sexual hacia la mujer hasta muy avanzada edad."
Aunque Dalmau no hable explícitamente de homosexualidad, sugiere esa pulsión en más de un pasaje. "Eso no lo tengo muy claro. Sí que no funcionaba a la manera habitual del macho latino y que la mecánica sexista lo incomodaba muchísimo", aclara. Otro tanto hace el investigador con "los fantasmas del incesto y de la violación", que analiza a conciencia en obras como Bestiario y Queremos tanto a Glenda, respectivamente.
En el primer caso, "no pasaría en el plano real de juegos eróticos infantiles", matiza el biógrafo, pero no desdeña su impacto literario porque "Rayuela termina siendo una obra tan escindida y esquizofrénica como su hermana". Y el segundo lo vincula a la represión de sus propios impulsos a causa de un hipotético tratamiento a base de testosterona que habría recibido en París a mediados de los 60 para paliar la supuesta enfermedad -Dalmau recorre todo el espectro: síndrome de Kallmann, síndrome de Klinefelter, hiperprolactinemia- de la que resultaría su infertilidad. Un tratamiento que, además, según su interpretación, explica "la metamorfosis" sufrida por el aniñado y lampiño escritor, al que "le crece barba a los 52 años" y vive su "tardío despertar sexual" justo cuando comenzaba a ser famoso y recibía la admiración incondicional, sobre todo, de sus lectoras. Una metamorfosis de un escritor apocado convertido de pronto en un seductor, que se acentúa con el pasaje de 1967 al año de la revuelta parisina, cuando se separa definitivamente de Aurora Bernárdez, su primera mujer. "Su transformación personal está en sintonía con los tiempos, viene junto con el espíritu de Mayo del 68, la revolución sexual, su defensa de la marihuana y el hippismo y su compromiso revolucionario."
En todo caso, según su análisis, tampoco escapa Cortázar en el plano ideológico de la preeminencia del universo femenino. "Esa visión excesivamente romántica, que le achacaron sus detractores, está relacionada con sus amores", señala, enumerando romances efímeros y el mantenido con la cubana Isel Rivero, como las relaciones duraderas con su segunda y su tercera mujer, Ugné Karvelis y Carol Dunlop, respectivamente. "Todos los procesos revolucionarios a los que se apunta en sus últimos 30 años están asociados siempre a una mujer."
Y sobre su muerte Dalmau da credibilidad a la hipótesis de su amiga Cristina Peri Rossi, que lo llevó a los últimos especialistas que lo trataron en Barcelona para identificar qué virus desconocido entonces estaba acabando con su sistema inmunitario. A la ya diagnosticada leucemia se le sumó el sida, que contrajo en el verano de 1982 al recibir una transfusión masiva, por una hemorragia gástrica, con una partida de sangre contaminada por la que renunciaría años más tarde el ministro de sanidad francés.
En suma, si el afilado retrato freudiano de Dalmau resulta un tanto desmitificador, no lo es en absoluto la reivindicación final que hace el biógrafo del escritor "por su coherencia hasta sus últimos días a favor de las libertades individuales que se impuso sobre la ingenuidad política de los comienzos". "Más de 15 años después de la amarga polémica con Arguedas, Cortázar ya muy enfermo está defendiendo con ardor los derechos de los indígenas en Nicaragua y haciendo suya la causa del peruano. Eso es maravilloso."
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