
La alumna de 15 años que en cuatro meses cumplió un sueño
Amalia Fortabat le regaló una casa en Morón y la becó en la Universidad
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"No sé qué decir. Es más linda de lo que yo imaginaba". Ayer a la tarde, en un tranquilo barrio de Morón, Daniela González conoció la casa que está ahora a su nombre, que le regaló Amalia Lacroze de Fortabat. Entró en ella con sus padres y su hermana menor, Gabriela, todos deseosos de habitarla cuanto antes.
Hace apenas cuatro meses, el 7 de abril último, LA NACION destacó el ejemplo de esta chica de sólo 15 años que cursa con muy buenas notas el segundo año de Ciencias Químicas en la Universidad de Morón.
Hasta ahora vive en una zona periférica de Merlo, en una descuidada calle de tierra, con sus padres, Daniel, sargento ayudante de la policía bonaerense, y Adriana, ama de casa que hace años dejó un trabajo como encargada de personal de una fábrica e incipientes estudios de derecho para dedicarse a su familia.
En abril último, LA NACION los visitó en su modesta casa y señaló, en una nota, los problemas económicos que dificultaban los estudios de una chica de condiciones excepcionales -a los tres años ya leía y escribía sin que nadie le enseñara- y muchas ganas de dedicarse a la investigación.
"Todo cambió. Hay un antes y un después de la nota", comentó ayer Daniela, que por primera vez faltó a clase porque tuvo que ir con sus padres a una escribanía de la Capital a recibir el título de propiedad y las llaves de su nueva casa.
Este desenlace feliz comenzó a gestarse cuando Amalia Lacroze de Fortabat leyó aquel artículo de LA NACION y el mismo día hizo que la conectaran con Daniela y su familia. En una charla telefónica, les dijo que pagaría los estudios de la joven y que quería regalarle una casa cerca de la Universidad.
"Esto es lo que ella prometió y más -comentó ayer Adriana, la mamá de Daniela, agradecida-. Y lo lindo es el seguimiento personal que ha hecho". Un representante de la Fundación Fortabat visitó a la familia, hizo llegar ropa nueva para Daniela -como el sacón de cuero que lucía ayer- y su hermana, entregó todos los libros que necesita para cursar 2º año y pronto le instalará una computadora de última generación.
La nueva casa está a 12 cuadras de la Universidad de Morón. Daniela, que antes tenía que hacer 45 minutos de ómnibus, podrá ir a clase caminando. "No es lo mismo estar allá que acá. Nada que ver", dijo. Sobre todo, porque el año que viene el curso se da en el turno noche.
La casa tiene tres plantas y está por estrenar. Posee pisos relucientes y techos de madera, que la hacen cálida y acogedora. Hay tres dormitorios: uno para cada una de las chicas -viene bien porque Gabriela, la menor, toca la flauta y estudia en voz alta- y otro para los padres.
Las chicas, al subir ayer la escalera, no podían ocultar su alegría por su nuevo hogar.
"No parece que fuera real, es increíble -dijo la mamá-. Cuando se publicó la nota en LA NACION, y todavía vivíamos allá en Merlo, nadie imaginó que nos iban a hacer otra, pero en la casa nueva."
Aquel artículo disparó muchas reacciones. Desde entonces, Daniela dio 48 reportajes en radio, televisión, diarios y revistas. Pero nunca dejó de ir a clase ni de hacer sus trabajos prácticos. Aprobó Físico-Química con 10 y Estadística con 8. Hoy rendirá Química Orgánica. Anoche pensaba quedarse estudiando hasta las 2 y levantarse bien temprano, a las 5.
El rector de la Universidad de Morón, Mario Mena, le dijo a Daniela que la eximían de pagar la cuota durante toda su carrera. Le dieron un premio en la Feria del Libro. Tuvo un ofrecimiento de trabajo. Y la llamaron de la Universidad Favaloro, ofreciéndole una beca para seguir Medicina cuando concluya Ciencias Químicas. Porque ella aspira a dedicarse a la investigación, al igual que la científica que tiene como modelo, la doctora Eugenia Sacerdote de Lustig, que cada mañana, a los 89 años, sigue yendo a su despacho en el Instituto Roffo.
"A mí no me gustaría trabajar de otra cosa para ganar plata. ¿De qué me sirve?", dice Daniela. Y se le cae una lágrima cuando piensa que no sólo los políticos, sino la gente, no le da importancia a la investigación.
Agradecimiento y dolor
- Daniela González es agradecida. Cuando habló con Amalia Lacroze de Fortabat, le impresionó que la escuchara. "Nunca le voy a poder agradecer lo que está haciendo por mí. Pienso retribuirlo con mis estudios, mis investigaciones, lo que pueda hacer por los demás. Cuando me reciba, quiero seguir medicina para ayudar a los que más lo precisan". Le dolió no llegar a conocer a Favaloro. "Se mató por todos nosotros, para que tomemos conciencia del país que tenemos, de nuestros valores morales, totalmente cambiados -dijo-. Todos debemos cambiar, debimos reaccionar antes. ¡Por eso siento impotencia!"



