La biblioteca móvil que ayuda a los chicos a recuperar su historia
Se llama Euforión y recorre las escuelas que atienden comunidades rurales
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LA PLATA.- Son apenas diez chiquilines despeinados por el viento y curtidos por el frío y la humedad de la ribera. Sentados en círculo tratan, junto con un grupo de estudiantes avanzadas de Antropología, de recordar el momento en que ingresaron en la escuela.
Los chicos, que tienen entre 9 y 14 años, asisten a la Escuela N°15 de Berisso, una institución de carácter rural situada en el Gran La Plata a metros de la costa, allí donde el río parece haberse tragado muchas de las historias de la región.
El trabajo emprendido a principios de este año por la Biblioteca Popular Euforión apunta, precisamente, a recuperar los recuerdos comunitarios en zonas rurales. Lo logran de a poco, a partir de la realización de talleres en establecimientos educativos.
En el programa intervienen la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y la organización no gubernamental Cibeles. Además, el proyecto logró el auspicio de la Secretaría de Extensión Universitaria y de las facultades de Periodismo, Ciencias Naturales y Bellas Artes.
"Nuestro objetivo es conseguir recuperar la memoria colectiva de los pueblos y revalorizar la identidad local", comenta Ana María Carballo, impulsora del programa y titular de Euforión.
Carballo cuenta que "el programa surgió al observar la demanda de actividades extracurriculares en escuelas alejadas de centros urbanos, que se dificultaban por el aislamiento físico y social de las familias".
Los recuerdos
Para los miembros del equipo, que también cuenta con una docente de artes plásticas y una licenciada en Comunicación Social, "es importante trabajar sobre los aspectos culturales que dan un perfil a los grupos, ante la inexistencia de otras instancias de encuentro social". Por eso eligieron las escuelas como punto de partida para la tarea.
Todas las semanas, siempre y cuando el tiempo lo permita, una camioneta de la biblioteca llega a la escuelita de Berisso para llevar adelante el taller.
La experiencia, que también se está desarrollando en la Escuela N° 108 de la localidad de Ignacio Correas -una comunidad vinculada con la producción láctea, situada unos diez kilómetros al este de esta ciudad-, involucra tanto a chicos como a docentes, padres y otras personas que habitan en el lugar.
"Yo me acuerdo de que cuando vine por primera vez tenía cinco años, la escuela era toda de madera y sólo había tres salones", dice Sandra, que hoy cursa séptimo grado.
Al lado, Noelia rememora el tiempo en que la escuela fue reconstruida y tuvieron que dar clases en la casa de un vecino.
Damián no se olvida de la paliza que le dio un compañero el primer día que asistió a clases, pero también se entusiasma al evocar una mañana en que el profesor de educación física decidió llevarlos a la playa a hacer ejercicios. Allí disfrutaron del sol y de un reparador baño en el río.
"Son historias chiquitas, a veces balbuceadas, pero que van poniendo granitos de arena para construir un relato del lugar que nunca fue contado", sostiene Jéssica Romero Egüez, una de las estudiantes de Antropología que coordinan el taller.
Para Romero, la importancia del proyecto radica en que, "además de poder descubrir cosas que pasaron, los lugareños tienen un espacio para conocerse, ya que muchas veces en estos parajes no existen otros sitios para reunirse".
Después de dos horas de trabajo, la gente de Euforión se retira por el estrecho sendero que conduce a la ciudad. Atrás quedan el tibio sol de la tarde, el edificio escolar -montado sobre pilotes dispuestos para cuando sube la marea- y una tupida alameda que, poco a poco, parece devorarse los relatos, las imágenes y los característicos ruidos del monte ribereño.




