
La política y sus líneas maestras
AUTORITARISMO Y DEMOCRACIA (1955-2006) Por Marcelo Cavarozzi-(Ariel)-229 páginas-($ 33)
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En 1983, con el retorno a la democracia, afloró la perplejidad ante la devastación económica y social que dejaban los militares en retirada, y la urgencia por examinar semejante anomalía. Analizar la historia política argentina apareció así como una necesidad perentoria. En este contexto debe entenderse la primera edición, en 1983, de Autoritarismo y democracia (1955-1983) de Marcelo Cavarozzi, quien a fines de los años sesenta fue uno de los primeros investigadores que el Instituto Torcuato di Tella envió a formarse al exterior y que en 1975 obtuvo el doctorado en Ciencia Política en la Universidad de California en Berkeley. El libro fue rápidamente incluido entre los estudios paradigmáticos de su especialidad dedicados a América latina.
Autoritarismo y democracia (1955-2006) es una edición expandida de aquella obra. Mantiene la versión original de los dos primeros capítulos, que analizan la historia política argentina desde la caída de Perón en 1955 hasta la guerra de Malvinas en 1982, e incorpora una tercera sección que extiende el análisis hasta el presente. No es un dato menor la notable cronología de 50 páginas que se agrega a modo de apéndice.
En la Introducción, el libro cuestiona los enfoques que explican la inestabilidad política del período 1955-1983 como una situación de "bloqueo político y empate social", en la que prevalecería un equilibrio de fuerzas sociales capaces de bloquear los proyectos políticos rivales aunque incapaces de imponer los propios. Para Cavarozzi es clave reconocer la eficacia propia de cada sistema político, su propia legalidad históricamente situada, y evitar las explicaciones fundadas en factores estructurales. En especial, la conformación de nuevas formas de hacer política en la Argentina desde 1955 debe entenderse, sostiene el autor, como "una situación de equilibrio dinámico".
El primer capítulo, "El fracaso de la ´semidemocracia y sus legados", analiza el período que se extiende entre 1955 y 1966, en el cual cada gobierno estuvo desde el principio jaqueado por presiones externas y obstaculizado por su heterogeneidad interna. En un ciclo de gobiernos "débiles" caracterizado por la alternancia cívico-militar, que impuso (o que no cuestionó) la proscripción del peronismo, se intentó sin resultados perdurables consolidar un "régimen semidemocrático". El autor identifica tres posiciones divergentes en el campo del antiperonismo -populismo reformista, desarrollista y liberal-, describe la transformación del movimiento sindical peronista en la expresión más poderosa del sector popular y los nuevos patrones de intervención política de las Fuerzas Armadas.
El capítulo siguiente, "El predominio militar y la profundización del autoritarismo", se dedica al período que se extiende desde 1966 hasta el final de la última dictadura. Dominada por los enfoques "quirúrgicos", esta etapa se caracterizó por gobiernos que se autodefinieron como "fuertes", que se propusieron la unificación del campo de la política y la transformación radical de la sociedad. Militares, sindicalistas, guerrilleros, tecnócratas liberales, Perón y, finalmente, "los impulsores de la trasnochada aventura bélica de 1982", respaldados por distintos sectores de la sociedad, ignoraron la construcción de consenso político e hicieron prevalecer la confianza en soluciones mágicas. Los sucesivos, inexorables y catastróficos fracasos, si bien tuvieron como consecuencia "la alteración, erosión, e incluso el colapso de patrones básicos de organización e interacción social", también expresaron "la capacidad de la sociedad argentina para bloquear proyectos autoritarios y represivos".
Finalmente, el tercer capítulo, "El rearmado de la política argentina: 1983-2006", trata el cuarto de siglo que se inicia con el retorno a la democracia y con la primera votación sin proscripciones desde 1946. Para el autor, durante este período se han reforzado algunas "prácticas políticas híbridas" como "el clientelismo, la obsesión recurrente por centralizar el poder [...] y la permanente reaparición de la tentación de negar o sublimar a la política". Los cambios que experimentó el país desde el retorno a la democracia tienen también que ver con otros dos procesos "regidos por lógicas autónomas y, a su vez, vinculados contradictoriamente entre sí", que son la destrucción del Estado y el armado de un sistema político.
Los desastres económicos y la indisciplina militar que demolieron el gobierno de Alfonsín, en sincronía con el aumento del poder del capital financiero y la expansión del los dogmas neoliberales en la arena internacional, desembocaron en la experiencia menemista, que Cavarozzi califica como "una suerte de neopopulismo-para-ricos, financiado, en buena medida, por los fondos generados por el nuevo envión de endeudamiento". Las iniciativas que tuvieron por eslogan la reducción del Estado significaron "una profunda desintegración y la pérdida efectiva de la ciudadanía para muchos argentinos y argentinas".
En lo que hace al rearmado del sistema político, el ocaso del partido radical es un dato importante para el autor, en la medida en que señala el fracaso en la estructuración de un bipartidismo clásico y la consolidación del síndrome de partido dominante. La otra dimensión es "la reprovincialización de la política", como consecuencia del repliegue del Estado nacional de sus responsabilidades históricas, en especial en las áreas de salud y educación.
La Argentina de hoy, la del 2006, atraviesa sin embargo una encrucijada donde las ideologías neoliberales están a la defensiva, los precios de los commodities de exportación son elevados y se percibe en el escenario local una recuperación de la autoridad política. Que esta oportunidad sea aprovechada, sostiene Cavarozzi, depende de la posibilidad de revertir dos tendencias: "la deconstrucción del sistema partidario y la continuidad del funcionamiento de un Estado opaco y segmentado, y por lo tanto débil".
Si fuera posible hablar de peculiaridades o idiosincrasias de la política argentina que surgen de esta obra, podría señalarse el bajo nivel de profesionalización de la política, la primacía de enfoques pragmáticos con escaso contenido programático en la conformación de conglomerados políticos con afinidades transitorias, y el correlato de una "lógica" de acumulación espontánea de poder que no contempla el consenso y donde las instituciones no regulan, sino que son ubicadas por debajo y al servicio de las empresas políticas de coyuntura.
Autoritarismo y democracia es un libro de escritura precisa y compacta, que devela las líneas maestras de una trama de cincuenta años de historia política convulsiva.
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