
La revolución según Zeitgeist
Mañana se estrena en más de sesenta países -la Argentina incluida- la tercera parte de una serie que alienta la controversia política
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¿Una película puede iniciar una revolución? La pregunta sobrevuela el estreno simultáneo en sesenta países -Argentina incluida- de Moving forward , la tercera parte de la serie Zeitgeist , muy probablemente el alegato cinematográfico más contundente y brutal contra los poderes políticos, sociales y financieros de la globalización. "Mientras más empieces a investigar sobre lo que creemos que entendemos (de dónde venimos, lo que pensamos y lo que hacemos), más empezarás a ver que nos han mentido" dice la voz en off que abre Zeitgeist (2007), la película del estadounidense Peter Joseph que, sin estreno comercial en las salas del mundo, habría sido vista por 50 millones de personas a través de Google Video. Aún en la estela de su altísimo impacto, Zeitgeist-Addendum (2008) profundizó la crítica a los sistemas políticos actuales y sugirió que la corrupción no es una consecuencia no deseada de las organizaciones y gobiernos, sino la base de la llamada "corporatocracia" que movería los hilos económicos a escala global. Y ahora, por primera vez en la historia de la serie, Zeitgeist-Moving forward llega a las pantallas de cine ni más ni menos que para poner la revolución en marcha. Eso, si es que la revolución no comenzó ya.
El proyecto Zeitgeist es tan audaz y polémico que "Peter Joseph", el director de las películas, se llamaría Peter pero no Joseph, ya que habría cambiado su apellido para proteger a su familia. Como el hacker Julian Assange y los técnicos y voluntarios que trabajan en el sitio Wikileaks, Joseph es un activista convencido de que todos los poderes mienten, ocultan, tergiversan y manipulan. Pero si Assange concentra sus esfuerzos en sacar los trapitos gubernamentales a la luz global, Joseph prefiere poner la mira en el corazón de las instituciones actuales, a las que acusa de "convertir a la autoridad en verdad, en lugar de tomar a la verdad como autoridad", según palabras del egiptólogo Gerald Massey. Con esa sospecha enarbolada como premisa, la primera película va de las extraordinarias y muy inquietantes similitudes entre el culto egipcio a Horus y las religiones occidentales a las estrategias de propaganda del poder político estadounidense en tiempos de George W.Bush. En el caso de los atentados del 11 de septiembre de 2001, ninguna otra película fue tan a fondo en la intención de demostrar que la inteligencia paquistaní y la estadounidense habrían estado involucradas (¿aliadas?) en los atentados que, además, incluyeron a un semidesconocido edificio 7 del World Trade Center neoyorquino, posiblemente derrumbado por la acción de bombas como las que se colocan en una demolición controlada (la película sugiere, aunque no prueba, que en el interior de las Torres Gemelas también se activaron estas bombas). Por su parte, la segunda película denunció la lógica de la "corporatocracia" y alertó sobre las políticas de instituciones financieras como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que por cierto la Argentina conoce de primera mano. Ese doble ataque convirtió a la serie Zeitgeist en una contraseña ideológica en la que confluyen elementos de la teoría de la conspiración, el ciberanarquismo, la contrainformación y, en Addendum , la reivindicación de un nuevo orden basado en una economía no monetaria.
En una época más reformista que revolucionaria, asombra que Zeitgeist se proponga como un controvertido mazazo a los grandes paradigmas actuales, entre los que se destacan la religión, las organizaciones bancarias y la presunta ilegitimidad del poder político. En sus términos, "terrorista" no es aquel que desde una cueva desértica de Medio Oriente dirige atentados contra las grandes capitales, sino "la técnica usada por los gobiernos para manipular a la opinión pública con el fin de promover una agenda". Pero estas películas no se limitan a crear conciencia sobre una situación que el director analiza con citas que van de Carl Sagan a Jimi Hendrix; su principal objetivo es llamar a la acción. Tal parece la propuesta de Moving forward y de la revolución que, quién sabe, ya está en marcha.
<b> Estreno. </b>


