Lenguajes corporales

Después del éxito de La soledad de los números primos, el italiano Paolo Giordano presenta una cruda historia sobre el modo en que la guerra incide en las leyes del cuerpo
Alejandro Patat
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14 de junio de 2013  

Un pelotón de soldados italianos, al mando del suboficial René y, en línea jerárquica, bajo las órdenes del capitán Masiero, del coronel Ballesio y de una autoridad invisible que "viene de arriba", se halla al frente de una misión de control del territorio afgano, en la región de Gulistán. Miembro clave de dicho pelotón es el taciturno y gélido médico militar Alessandro Egitto , que deberá velar por la salud de los jóvenes soldados. Su voz alterna con la de un narrador distante, en off , sólo para recordarnos que detrás de cada orden hay un desorden interior. En una lenta misión que los soldados deberán cumplir al mando de René, a través de una geografía inhóspita e insidiosa, tiene lugar la catástrofe. El ataque de un grupo de rebeldes afganos desata un velocísimo combate sangriento que pone a prueba el frágil equilibrio del pelotón y cambia para siempre la vida de los soldados.

El cuerpo humano , de Paolo Giordano, se mantiene, por un lado, fiel a la tradición de la literatura de guerra. La deuda del libro es harto explícita. El epígrafe extraído de Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque, coloca la novela en ese sinfín de textos antibélicos, que han hecho de la guerra la metáfora del sinsentido existencial. Lejos de cualquier reivindicación patriótica que justifique mínimamente la intervención europea y norteamericana en Afganistán (no existe la palabra Italia o italianos en todo el texto), la guerra se presenta no sólo como una ocasión capaz de hacer emerger las contradicciones de cada ser humano. La novela parecería afirmar de manera transparente que ningún combate es comparable al que cada uno emprende contra sí mismo.

Remarque subyace también en la idea transversal del texto: el conflicto en Afganistán, metonimia de todas las guerras actuales, es el nuevo escenario del sacrificio de una nueva generación de jóvenes. A decir verdad, no resulta convincente la comparación entre las intervenciones militares de hoy y la dimensión planetaria de la Primera Guerra Mundial, que efectivamente aniquiló a toda una generación. Éste es, quizás, el punto más débil del texto: el que pretende encauzar, a través de la escenografía afgana, la protesta de millones de jóvenes europeos abandonados a su suerte.

Por otro lado, el libro tiene el mérito de abrir nuevo caminos, en particular en el modo original como afronta la relación entre cuerpo y mente. Por ello, es útil recordar que en un reciente encuentro científico en Bolonia, un psicoanalista argentino, residente en Roma desde 1976, invitó al público a volver a pensar dicha relación. Decía que el psicoanálisis ha trabajado a lo largo de un siglo sobre una idea unidireccional, según la cual las palabras expresan el lenguaje psíquico profundo, que muchas veces se manifiesta como síntoma a través del cuerpo. Y propugnaba, en cambio, la inversión del derrotero tradicional. Porque no existe sólo una memoria psíquica, sino ante todo una memoria del cuerpo, que podría emerger también a través de las palabras. El desafío de hoy no consistiría entonces en analizar la relación psicosomática sino la "somopsíquica", por la cual el cuerpo, con toda la carga del pasado y de su sintomatología derivada, incide en el lenguaje de la mente.

En realidad, El cuerpo humano esconde detrás de la trama una ecuación canónica (el cuerpo manifiesta a fin de cuentas todo desarreglo emotivo) e insiste, por otro lado, en aquella tesis que ya Levi había elaborado en sus libros: la atrocidad de la guerra multiplica y potencia la materialidad del cuerpo, reduciendo al hombre a un conjunto objetivo de funciones fisiológicas, instintivas y animales, que se superponen trágicamente a la interioridad subjetiva. De hecho, en la novela abundan referencias a cuerpos desnudos deserotizados, masturbaciones, coitos mecánicos, sudoraciones, secreciones, defecaciones, orinas; a movimientos, gestos y funciones que responden a un estímulo, antes que a un deseo.

Un elemento interesante de la novela esque la historia personal del médico Egitto y su visión de las cosas terminan contagiando al narrador, propenso a un análisis detallado de sensaciones, antes que de sentimientos. Sobre Egitto apunta el narrador: "Está experimentando algo que ya sabía: que toda la pena, el sufrimiento, la compasión hacia otros seres humanos se reducen a pura bioquímica: hormonas y neurotransmisores inhibidos o en circulación". Pensamiento especular del padre del personaje, también médico, que ante cualquier desarreglo emocional, sometía a sus hijos a interminables análisis médicos, en busca de un diagnóstico irrefutable. La originalidad de la novela reside en el hecho de que todo este discurso hegemónico, el triunfo incontestable del lenguaje del cuerpo, hace agua por todos lados. Cada personaje, analfabeto de toda emoción, madura en el tiempo, se ve sometido a la ley que dicta su cuerpo y viaja a la deriva por el marasmo de las emociones que lo afectan.

Paolo Giordano, nacido en Turín en 1982, compuso su segundo libro tras el éxito mundial de su primera novela, La soledad de los números primos , sobre el angustiante vacío existencial de dos adolescentes. Aunque enfrenta dignamente esta segunda prueba, el control excesivo al que somete a sus libros le ha impedido hasta ahora un mayor desafío estilístico y compositivo.

  • El cuerpo humano

    Paolo Giordano

    Salamandra

    Trad.: Patricia Orts

    352 páginas

    $ 115
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