Manuel Espinosa y un camino sin retorno

Celina Chatruc
Celina Chatruc LA NACION
Una de las obras de Espinosa exhibidas en el Macba
Una de las obras de Espinosa exhibidas en el Macba Crédito: Gentileza Colección Espinosa
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10 de noviembre de 2019  

Manuel Espinosa?", le preguntó Tomás Maldonado al acercarse en una muestra en la galería Müller, en 1942. "Quería decirle que ha estado acá en Buenos Aires un crítico brasileño que ha escrito un libro y cita su obra -agregó-, porque lo llevamos al cine para que la conociera y opina que es uno de los jóvenes más promisorios."

Así nació el vínculo entre dos grandes artistas que integrarían la vanguardia concreta en la Argentina. Maldonado, que llegaría a convertirse en un gran referente del diseño, se refería al mural que Espinosa había realizado el año anterior en Cine Arte, inspirado en dos películas protagonizadas por mujeres con destino trágico: La pasión de Juana de Arco y La barquera María.

Por entonces, su pintura aún era figurativa. Pero el encuentro con Maldonado marcó un camino sin retorno hacia la abstracción, que conduciría a su obra a ser colgada junto a la de Josef Albers en la muestra que alojó en 2003 a la Colección Cisneros en el Malba. Y ahora comparte otra en el Macba con Luis Tomasello, centrada en las exploraciones de ambos sobre el cuadrado.

Ese camino incluiría la fundación de la Asociación Arte Concreto Invención, en 1945, el acercamiento al maestro uruguayo Joaquín Torres García y un viaje a Europa a comienzos de la década siguiente, donde incidiría sobre su obra el contacto con grandes artistas como Max Bill y Georges Vantongerloo.

Cuando regresó a Buenos Aires, lo había perdido casi todo: sus obras anteriores, guardadas en su taller, habían quedado reducidas a cenizas. "Somos una familia perseguida por el fuego", dice Ana Espinosa, sobrina y ahijada de Manuel, al mencionar otro incendio que consumió la biblioteca del artista y provocó la muerte de su hermana.

Heredera de la colección Espinosa en 2006, fue ella quien editó los impecables libros sobre su legado y quien aguarda una merecida retrospectiva. Sería una buena oportunidad para recrear la instalación realizada en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1968, medio siglo antes de que Mariela Scafati fuera elogiada en Art Basel por una idea similar.

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