
Máxima
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“Un pesimista / es sólo un optimista / bien informado” dice un haiku del escritor uruguayo Mario Benedetti. Y como toda “máxima”, encierra algo de exageración, aunque bien vale para estos tiempos y para otros. Tiempos en los que una semana hay alegría porque el auxilio financiero de Estados Unidos “calma” a los mercados (aunque no sabemos exactamente qué los tranquiliza o qué los pone nerviosos, sobre todo en la Argentina) y a la siguiente, los mismos mercados se vuelven a inquietar y todo tiembla. Como un péndulo. De acá para allá, de un extremo al otro. Parece que todo está bien y de repente parece que todo está mal. Y no es ni una cosa ni la otra. La prudencia, la cautela, es menester sobre todo cuando sabemos con qué “bueyes aramos”. Por eso la euforia puede llevar a una rápida desilusión al igual que una mirada catastrófica. “Nos van a salir dólares por las orejas”, dijo Milei. Suena desproporcionado.
Soplan vientos de máximas (mejores de la historia), de un léxico extremo, con palabras que imponen violencia (como “domado”), soberbia (como “masterclass”) además de contradicciones, de lo político a lo cultural.
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