
Mechita intenta resurgir con el aporte de artistas
Instalados en el pueblo, realizaron sus obras y las donaron
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MECHITA.- Como dormida. Así se encuentra la pequeña localidad de Mechita, a 200 kilómetros de Buenos Aires, en dirección oeste, cerca de Bragado. Pero durante esta semana, el letargo habitual de este pueblo de 1500 habitantes, con un pasado ferroviario en el olvido, vio alterada su rutina por la visita de cinco grandes maestros de la plástica nacional: Hernán Dompé, Adolfo Nigro, Jorge Diciervo, Eduardo Medici y Patricio Larrambebere.
"Es una experiencia curiosa y diferente", dice Nigro a LA NACION, mientras termina su cuadro a la sombra de un árbol, en el jardín de la casa del artista Juan Doffo, oriundo de Mechita y coordinador artístico del proyecto.
A pocos metros, Medici da los últimos toques a un gran retrato. Y un poco más allá, Diciervo busca el equilibrio perfecto, entre las esferas que se dibujan en la superficie de su tela. Ellos, al igual que Dompé y Larrambebere, fueron invitados por el pintor y fotógrafo Doffo y por la Asociación Responde, una asociación civil que lleva adelante iniciativas de desarrollo en pueblos pequeños del interior del país.
Según Ignacio Albornoz, representante de Responde, el proyecto "apunta a una recuperación socioeconómica de los poblados en riesgo de desaparición, para favorecer la participación y el compromiso de los integrantes de esas comunidades".
Talleres en el jardín
Durante esta semana, Doffo convirtió su quinta en pensión de artistas y su jardín, en taller al aire libre.
"Primero invité al escultor Dompé, pero luego se enteraron los otros y decidieron venir", cuenta. Así se conformó un grupo dispuesto a prestar su tiempo y su talento para rendir homenaje a Mechita y dejar sus obras como patrimonio del lugar. "Hice un reconocimiento del terreno y me reencontré con ciertos elementos", comenta Diciervo. Yo estaba trabajando con lonas y aquí encontré algunas. Me gusta porque tienen historia", relata.
El pintor y fotógrafo Medici confiesa que en Mechita la naturaleza irrumpió en su obra. En la parte derecha de la tela, una gran mujer mira enigmática al espectador y del otro lado hojas dibujadas y pegadas forman un follaje en distintos tonos de verde.
En la tela de Nigro todo es rojo, amarillo, azul, blanco y negro. En esos tonos aparecen una gran locomotora, unas casitas de estilo inglés y un tanque de agua abandonado, símbolo de Mechita. "La historia de este pueblo tiene que ver con el vaciamiento que hicieron del ferrocarril y la nostalgia de aquella prosperidad", comenta. "También hay una botella de vino, un caracol, árboles, estrellas, sandías, el dorado que pescó Dompé y todas esas cosas que forman parte de nuestras vivencias aquí", confiesa el artista.
La escultura de Dompé quedará emplazada al lado de la Delegación Municipal de Mechita en una plaza seca acondicionada para ello, según explica Albornoz. "Los vecinos colaboraron con rieles y espirales", comenta Dompé, mientras hace cálculos en un papel. Y detalla que "pesará unos 4000 kilos y medirá tres metros".
"Conocí Mechita por los boletos de tren y por Juan Doffo", comenta Larrambebere, el más joven de los artistas, mientras lustra cuidadosamente la puerta de una locomotora. "Es bueno poder contribuir con la recuperación de un espacio como Mechita", agrega, mientras restaura una de las once puertas de locomotoras que dispondrá en forma de mural, junto a las obras de los demás en una plaza seca especialmente acondicionada.
Conformes con la experiencia, todos los artistas esperan que se repita, para salir al rescate de otro pueblo.
Un perfil ferroviario
- Mechita surgió en 1906 con la instalación de un playón de maniobras y grandes talleres ferroviarios de reparación perteneciente al antiguo ferrocarril Oeste. Los terrenos eran propiedad del entonces presidente de la Nación Manuel Quintana y el nombre del pueblo se debe al apodo de su nieta, Mercedes. En su época de esplendor vivían en Mechita 5000 habitantes y corrían entre seis y siete trenes diarios a la Capital. La crisis del ferrocarril golpeó duramente al pueblo, que siempre tuvo un perfil ferroviario. Hoy, la población es de 1500 habitantes. Las casas inglesas y los talleres son testimonio del esplendor de antaño.



