Millonario proyecto para el Siqueiros

Alicia de Arteaga
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29 de diciembre de 2009  

Ni siquiera cuando Eduardo Schiaffino fundó el Museo Nacional de Bellas Artes, a fines del siglo XIX, la cultura contó con un presupuesto de la magnitud del previsto para acondicionar la vieja aduana bajo la plaza Colón, donde será exhibido el mural del mexicano Siqueiros, Ejercicio plástico , recuperado de manera milagrosa en una restauración que ya es historia. La coqueta decoración de los despachos presidenciales con sus sillones color pastel insumirá apenas un diez por ciento de la cifra anunciada por el secretario Parrilli cuando se puso en marcha el proyecto de convertir lo que queda de la vieja aduana, construida por el arquitecto Eduardo Taylor en 1853 y demolida en 1894 para dar comienzo a las obras de Puerto Madero, en un museo acorde con los estándares internacionales.

Los números hablan por sí solos: más de 80 millones de pesos costará la obra encargada a la empresa Dycasa, mientras la restauración del mural costó 600.000 dólares, aportados por empresas privadas; básicamente por Carlos Slim (Telmex-Claro), Carlos Pedro Blaquier (Ledesma) y Paolo Rocca (Techint). El nuevo emplazamiento del mural, ejecutado en 1933 por David Alfaro Siqueiros, con la colaboración de Berni, Spilimbergo, Castagnino y Lázaro, para la quinta de Natalio Botana, fundador del diario Crítica , será el museo vecino de la Casa Rosada. La mudanza fue tomada por la Presidenta como un asunto de Estado.

Cristina Fernández le dio entidad al proyecto y anunció que el mural podrá verse en todo su esplendor para las celebraciones del Bicentenario, dando por descontado que será el fondo para la foto, habida cuenta de que México y la Argentina coinciden en la magna celebración. Es el destino menos pensado para la pieza desmontada de las paredes del sótano de Don Torcuato; luego encerrada en varios contenedores durante 17 años y recuperada de la cárcel de chapa gracias a la celebración de Mayo de 1810 que le ha dado una nueva oportunidad.

Este final no estaba previsto por el empresario Mendizábal cuando les encargó a los ingenieros Fontán Balestra y Del Carril que desbastaran las paredes de la casa de Botana para retirar la obra y darle un destino itinerante. En ese momento se desató el litigio con la firma Dencanor, que condenó a Ejercicio plástico a una larga y húmeda espera en un playón de San Justo.

El 6 de agosto de este año, la Presidenta firmó el convenio para la recuperación de la aduana Taylor; lo hizo escoltada por el ministro De Vido; el secretario de Obras Públicas, Abel Fatala, y autoridades de la empresa Dycasa SA. Las obras son financiadas por la Secretaría de Obras Públicas, ejecutadas por la Dirección Nacional de Arquitectura (el plazo es de 18 meses) y han sido aprobadas por la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, que preside Martín Repetto.

Sin embargo, las últimas informaciones han teñido de pesimismo la frenética carrera para la exhibición pública del mural, porque existirían escollos insalvables para la expropiación definitiva. En otras palabras, la fabulosa inversión anunciada de 84 millones de pesos estaría destinada a refuncionalizar un museo que sería el hogar transitorio del mural de la discordia, antes de recuperar el destino itinerante según lo soñó Héctor Mendizábal, que ya no está más entre nosotros para contarlo.

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