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Biografías

Muhammad Yunus, el banquero de los pobres que lucha para terminar con las desigualdades

Andrea Ventura
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13 de septiembre de 2020  

Desarrolló un sistema de microcréditos para pequeños emprendimientos en Bangladesh, su país natal, sacó de la indigencia a millones de personas y logró el Premio Nobel de la Paz

¿Es posible cambiar el mundo, terminar de una vez y para siempre con las desigualdades? Muhammad Yunus, el economista y líder social, pero ante todo el soñador, el idealista que lucha desde hace años por erradicar la pobreza, por lograr un nuevo sistema económico global, con 80 años cumplidos durante la pandemia, cree que todavía es posible. Que algún día, según dijo, si se trabaja en el camino correcto, habrá que construir un museo de la pobreza, porque las nuevas generaciones no sabrían de qué se trata eso de ser pobres y vivir en la indigencia. Cumplió muchos de esos sueños que parecían utopías en la pobre Bangladesh, donde nació y donde aún vive y su historia es un ejemplo de vida. Nada lo detuvo: ni los grandes capitales, ni la resistencia religiosa, ni el omnipresente machismo.

Se graduó en Economía en la India, continuó sus estudios en varias universidades de Estados Unidos, pero volvió a su tierra natal y comenzó a trabajar en la universidad de Chittagong. Luego de unos años dejó los claustros, a veces fríos, teóricos y se volcó a la calle, a codearse con los excluidos, a entender sus dificultades y penurias. Así se convirtió en el banquero de los pobres, como se lo llama, y logró el Premio Nobel de la Paz en 2006 por sus esfuerzos para incentivar el desarrollo social y económico desde abajo.

Mientras la gente moría de hambre en las calles yo enseñaba teorías económicas elegantes. Me empecé a odiar a mí mismo, a la arrogancia de pretender que tenía todas las respuestas
Muhammad Yunus

El clic lo hizo en 1974, cuando vio morir a miles de compatriotas, apremiados por el hambre. "Mientras la gente moría de hambre en las calles yo enseñaba teorías económicas elegantes. Me empecé a odiar a mí mismo, a la arrogancia de pretender que tenía todas las respuestas. Nosotros los profesores éramos todos tan inteligentes, pero no sabíamos absolutamente nada acerca de la pobreza que nos rodeaba", recordó muchos años después.

Caminando por Jobra, una aldea cercana a la universidad donde trabajaba, conoció la realidad de muchas mujeres que se ganaban la vida con la construcción de muebles de bambú. Eran cautivas de prestamistas, usureros, que les cobraban intereses inmorales, porque los bancos tradicionales no se los daban plata a los pobres, no tenían garantías, y luego las obligaban a revenderles los productos al precio que ellos imponían. Trabajaban mucho, muchísimo, ganaban apenas unas pocas monedas, víctimas del sistema de exclusión.

Fue así que Yunus comenzó con su revolucionario sistema de microcréditos, préstamos a pequeña escala, que logró expandir por su país y también por medio mundo y que ayudó a millones de personas a salir de situaciones de extrema pobreza, a levantar cabeza en un sistema opresor. Primero les prestó 27 dólares de su bolsillo a 42 mujeres, para sacarlas de las garras de los prestamistas. Luego fundó el Grameen Bank, el banco de los pobres, porque no logró ayuda ni del gobierno ni de empresas privadas. El método era sencillo: le prestaba poco dinero, principalmente a mujeres (a las que privilegió y empoderó), para que puedan desarrollar sus emprendimientos. Sin papeles, sin firmas, sin documentos y con intereses mínimos. Para asegurarse el pago, las que recibían el crédito debían juntarse en grupos de cinco y aunque el préstamo era individual, entre ellas dar garantía de cumplir, como una pequeña cooperativa. Todas cumplieron, los niveles de pago alcanzaron el 98%. Creó también otras empresas, derivadas del banco, exitosas también.

Con los años profundizó su modelo con la intención de lograr un mundo con tres ceros (Un mundo con tres ceros, es el título de uno de sus libros): cero concentración de riqueza, cero emisión de carbono y cero desempleo.

Ahora, desde su casa en Dhaka, la capital de Bangladesh, coordina la distribución de alimentos a 100.000 familias que morirían de hambre porque perdieron sus ingresos durante la pandemia. Y también está involucrado en la producción de equipos de protección para personal hospitalario.

Sin pausas, Yunus sigue buscando el cambio, con la esperanza que el Covid-19 sea la gran oportunidad para dejar el mundo anterior: "Tenemos que concentrarnos para reinventar el mundo, para no caer en la misma trampa otra vez"

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