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DICCIONARIO DE LA NOVELA DE MACEDONIO FERNANDEZ Editor: Ricardo Piglia-Fondo de Cultura Económica-113 páginas-($17)
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Diccionario de la Novela de Macedonio Fernández es el resultado de una investigación sobre "Poéticas de la novela en América Latina" que, con el auspicio de la Universidad de Buenos Aires, ha realizado un grupo de doce mujeres (B. M. Guerra, M. Bueno, C. Landa, R. L. Poblet, M. A. Alí, S. Meta, P. Somoza, A. Allievi, M. Rossi, E. Vinelli) bajo la dirección de Ricardo Piglia.
Comprende términos presentes en las conjeturas e hipótesis en torno a "lo novelesco" desarrolladas por Macedonio en su Museo de la Novela de la Eterna . En el prólogo, Piglia señala que allí Macedonio despliega su concepción de la novela como género cuya estructura se erige sobre la tensión nunca resuelta entre ilusión y realidad, arte y vida, verdad y ficción, forma y experiencia, a la par que deja ver el núcleo utópico sobre el cual se funda su poética: "Para él no se trata de buscar la realidad en la novela, sino de buscar la novela en la realidad. La novela no sólo actúa y produce efectos en lo real sino que aspira a construir lo no-real, lo que está por venir y lo que todavía no es".
Cada entrada del diccionario está firmada con las iniciales de su respectiva autora. El producto es un sistema de conceptos cuya articulación brinda un panorama sólido de las ideas literarias que Macedonio sustentaba y de las metas que se proponía. Entre los objetivos del autor a los que se hace referencia, se destacan: "eliminar el argumento y hacer transitar al lector la aventura de una novela [...] que sólo existe en la continuidad de su presente narrativo" (P.G.); "generar una conmoción de la seguridad intelectual y ontológica del lector a través de un plan consciente de técnicas" (E.V); "llevarlo al continuo asombro de que algo sea o, mejor aún, situar al lector frente a la inexplicabilidad del ser" (R.L.P.). Si bien las definiciones guardan estrechas relaciones entre sí, cada una ostenta un brillo propio en su autonomía. Poseen particular encanto las concernientes a la figura de escritor que Macedonio construyó de sí mismo, mediante su resistencia a publicar, su vida contemplativa y errante, su constante escamotearse a la organización del mundo como si no quisiera ser alcanzado por sus engranajes.
Con notable precisión, aparece definido su deseo de exorcizar la muerte en virtud del inacabamiento, postergando eternamente el final del proceso de escritura para que la novela exista como una promesa siempre joven en su insistente anunciarse. Por supuesto, los 56 prólogos que preceden al Museo de la Novela de la Eterna confirman que no se trataba de concluir el libro sino de fracasar en el intento.
El volumen coordinado por Piglia acierta con un tono y una forma idóneos para su objeto. El rigor teórico se encuentra combinado con el humor; y sus páginas irradian el espíritu de libertad que distingue la obra de Macedonio Fernández. Como es sabido, un diccionario no tiene principio ni fin, se repliega sobre sí mismo en su intento de albergar una totalidad y de abolir el tiempo, como si el vínculo entre el término y su definición fuese a permanecer intocado por la Historia. De modo análogo, en la voluntad de resguardar la belleza del curso del tiempo y perpetuarla, reside uno de los secretos de la exuberante poética que este diccionario aborda.



