
Objeto cultural no identificado
LA GLOBALIZACION IMAGINADA Por Néstor García Canclini (Paidós)-238 páginas($ 18)
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"GLOBALIZACION" es una palabra ubicua. Miles de economistas, sociólogos, empresarios, críticos de arte, periodistas y políticos la usan a diario para describir el mundo en que vivimos. Estamos tan familiarizados con ella, se ha mimetizado hasta tal punto con nuestra imagen mental de la realidad, que casi pasamos por alto el hecho de que es una palabra vaciada de contenido. A fuerza de querer abarcar toda la trama económica, social y cultural de nuestros días, se ha transformado en un concepto multipropósito que no explica casi nada, excepto lo obvio. La mayoría de las obras que la invocan en su título suele incurrir en el mismo catálogo de denuncias que no por ciertas dejan hoy de ser lugares comunes: la avidez de las multinacionales y del sistema financiero, la crisis del Estado benefactor, la revolución de las telecomunicaciones o la explosión de los conflictos étnicos, nacionales y religiosos. El último libro de Néstor García Canclini no es la excepción.
La globalización, dice este prestigioso filósofo y antropólogo argentino -que reside y enseña en México desde su exilio en aquel país, en 1976- es "el último rostro del capitalismo", un "poder diseminado" que apunta a "realizar la hegemonía de las macroempresas industriales, corporaciones financieras, majors del cine, la televisión, la música y la informática, para apropiarse de los recursos naturales y culturales, del trabajo, el ocio y el dinero de los países pobres, subordinándolos a la explotación concentrada con que esos actores reordenaron el mundo en la segunda mitad del siglo XX". Estos enunciados retóricos (que por momentos lindan con la oratoria de barricada, o más bien, de asamblea universitaria) pueden halagar la sensibilidad del lector progresista, pero agregan muy poco en términos de conocimento. Sin embargo, lo más cuestionable de la debilidad de García Canclini por esta clase de discurso es que el eco de su abusiva reiteración envuelve al libro en un aire de redundancia, que debilita el impacto de sus ideas más originales y productivas.
La globalización, dice el autor (que entre otros reconocimientos internacionales obtuvo el Book Award de la Latin American Studies Association por Culturas híbridas , considerado como la mejor obra de su especialidad publicada durante el período 1990-92), es un "objeto cultural no identificado" que posee agendas contradictorias y divergentes. La falta de una teoría que incluya a todas sus variables en un solo sistema explicativo no se debe tanto a las limitaciones de la ciencia social, sino más bien al hecho de que "lo fragmentario" es una característica intrínseca de los procesos globalizadores.
Este podría ser exclusivamente un tema de discusión para expertos en epistemología, si no fuera por sus enormes consecuencias prácticas. En línea con las grandes tradiciones de la ciencia social, García Canclini considera que el conocimiento de la realidad no es un mero ejercicio teórico: también provee las herramientas para modificarla. Aceptar la globalización "no implica admitir con fatalismo el modo unidireccional en que vienen globalizándonos los economistas y empresarios". La globalización imaginada es un intento por elaborar la nueva agenda del progresismo latinoamericano, acorde con los límites y posibilidades del actual escenario internacional. García Canclini admite que, en este escenario, los proyectos de cambio radical están condenados a la nostalgia, pero que la eficaz acción planetaria de organizaciones como Greenpeace demuestra que las reglas del juego también pueden ser usadas provechosamente por los críticos del "globalismo mercantil".
Su imperativo político lo lleva a rechazar las dos posturas que dominan el debate sobre globalización: el neoliberalismo, porque impone un modelo único de pensamiento y políticas económicas, y el relativismo posmoderno, que niega la universalidad del conocimiento al sostener que éste se reduce a múltiples narrativas, todas igualmente legítimas. Por complacencia hacia el mercado o por renunciar a la búsqueda de una explicación racional, ambas posturas impiden articular políticas públicas capaces de superar las diferencias (ver cap. 8, "Hacia una agenda cultural de la globalización")
Como alternativa a esas posiciones, García Canclini propone una "perspectiva socioantropológica", que básicamente consiste en describir cómo imaginamos la globalización, comparando las metáforas y narraciones que empleamos para referirnos a ella. Expresiones como "aldea global", "tercera ola" o "macdonalización", son comunes a ricos y pobres, banqueros y políticos, pero no representan lo mismo para cada uno de ellos. Se trata, en definitiva, de analizar los "conflictos entre imaginarios".
Estos conflictos se hacen más evidentes cuando cruzamos la frontera entre diversas culturas; por eso, viajes y migraciones tienen un lugar central en la reflexión de García Canclini. Su propia experiencia -"un argentino exiliado en México, que estudió en Francia y (que) en los últimos años se ve exigido, como cualquier mexicano, a preguntarse si habitar este país es ser latinoamericano o norteamericano"-, enriquece la mirada profesional del antropólogo con la penetración de la vivencia personal. La relevancia metodológica de esta tensión entre la objetividad del científico, su subjetividad y la cultura del lugar en donde trabaja (sobre todo cuando ese lugar es México, con su carga de nacionalismo cultural y su relación ambivalente con los Estados Unidos y la Argentina) merece un capítulo entero, el último.
García Canclini denuncia de la falsa igualdad entre identidad y cultura, que opera como justificación ideológica de la discriminación. Cultura es "el conjunto de procesos de producción, circulación y consumo de las significaciones en la vida social". Basada en este concepto, la investigación científica puede establecer contrastes empíricos. Las identidades étnicas o nacionales, por el contrario, son estereotipos construidos por un grupo social en determinadas circunstancias históricas para diferenciarse de otros grupos, y no cumplen una función cognoscitiva sino política.
Esta distinción permite desnudar los estereotipos culturales que marcan la relación entre América latina, Europa y los Estados Unidos. El autor lo hace en el capítulo 3, cuyo orden expositivo contrasta con la argumentación aluvional que inunda la mayor parte del libro y que, a menudo, evoca las digresiones típicas de un profesor en clase. El enfoque asistemático del autor rinde sus mejores frutos en el análisis "micro" de fenómenos socio-culturales. La eficaz combinación del método antropológico con la crítica de arte, por ejemplo, se destaca en su descripción de las obras de "artistas fronterizos" como Yukinori Yanagi o el mexicano Marcos Ramírez Erre (ver la sección "Postales para un bestiario de la Globalización", ilustrada con fotos); la demolición de estereotipos nacionales, en el diálogo con el mesero mexicano en un restaurante de Edimburgo. Esos pasajes, a los que puede sumarse el análisis socio-lingüístico de los chistes sobre argentinos, son algunos de los más penetrantes de la obra.
En cambio, cuando García Canclini se aparta de su propia prevención contra las generalizaciones e intenta cubrir bajo una misma explicación demasiadas variables -como la dinámica del mercado internacional de obras de arte o el bosquejo de una "teoría de la ciudad posmoderna"-, sus conclusiones parecen esquemáticas y poco fundamentadas. Su declarada desconfianza hacia las técnicas estadísticas de investigación y el manejo superficial de la información económica lo inducen al cliché naïve ("la Europa de los mercaderes o de los gobernantes y de los ciudadanos") y al razonamiento simplista (su evaluación de las posibilidades del mercado audiovisual latinoamericano) o sencillamente erróneo (su crítica a la metodología de las encuestas).
La jerga teórica que caracteriza a las ciencias sociales de nuestro tiempo (sobre todo en América latina) puede ser otro obstáculo para el lector no especializado. Pero cuando el autor deja de lado el aparato erudito para entregarse al impulso de su propia imaginación, brinda otro de sus mejores momentos. En apenas diez páginas, el capítulo 5 (un relato ficticio de los desencuentros entre un antropólogo latinoamericano, un sociólogo europeo y una experta estadounidense en cultural studies ) plantea vívidamente el núcleo del conflicto intercultural.
La Globalización imaginada es el testimonio de una angustiosa esperanza: la de un intelectual para quien el futuro de la democracia depende, en gran medida, de que el mundo desarrollado sea capaz de reconocer su propio mestizaje en el espejo de América latina. Porque una cultura política democrática, dice García Canclini, es aquella en la que todos sus integrantes pueden convivir pacíficamente con "la ambigüedad de la diferencia". Pero las fuerzas económicas que rigen la globalización del planeta no habrán de lograr por sí solas que esa convivencia se transforme en realidad.




