Otro verano
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Apreta el calor en Wuhan. El hombre que aquí descansa, ¿tendrá noción de lo que el nombre de su ciudad pasó a significar para el resto del mundo? Wuhan, la ciudad del primer infectado, el sonido de la incertidumbre, el lugar desde donde llegaban noticias –y rumores– que mejor no escuchar; el símbolo de los años en que nuestras vidas parecieron quedar en suspenso. La pandemia pasó, pero el nombre de Wuhan sigue teniendo, al menos en Occidente, la resonancia del miedo. Imposible saber cuánto de esto hace mella en el hombre que aquí mira cómo se desplazan las aguas del río Yangtsé. Ya no hay barbijos ni improvisados puestos sanitarios en el horizonte de una Wuhan erizada de rascacielos: el semblante de la China de este siglo y su indefinible conjunción entre las densas capas de la historia y un rigor decidido a darle forma al futuro.
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