Pasión por la lectura

TESTIMONIOS TANGIBLES Por Nora Catelli-(Anagrama)-209 páginas-($ 18,50)
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5 de diciembre de 2001  

En este trabajo, ganador del XXIX Premio Anagrama de ensayo, la catedrática e investigadora argentina Nora Catelli explora las representaciones de la lectura en la narrativa de la modernidad, como procedimiento constructivo (de esa misma narrativa y del sujeto moderno), como especulación metaliteraria que va desde la exaltación del acto de leer hasta la aguda conciencia de su fragilidad y de su extinción posible o inminente.

Catelli observa el hecho paradójico de que la abundancia de personajes femeninos protagónicos que leen, en la narrativa del siglo XIX, no se compadece con los datos estadísticos que exhiben una población de mujeres alfabetizadas siempre notablemente inferior a la de los varones con las mismas destrezas. Pero la existencia de algunas lectoras parece obrar en las ficciones como un profético detonante que las multiplica en el imaginario para anunciar los riesgos de la alfabetización masiva, y sobre todo, de la alfabetización masiva femenina. En cambio, aparece como verdadera novedad, a principios del siglo XIX, la lectura extensiva. Todo tipo de libros (en especial los de entretenimiento, como las novelas) ganan terreno sobre la lectura intensiva de carácter edificante y religioso. La expansión del alma, el descubrimiento de la propia subjetividad, marcan este momento.

A partir de un poema de Wordsworth ("El Preludio") que -desde un modelo cervantino- describe al lector como semialucinado custodio de los secretos de la naturaleza y la divinidad, Catelli avanza en el examen de una personal antología de textos canónicos (que también podrían haber sido otros) donde se expone, primero, la representación de la lectura como pasión, y luego, como extinción.

La lectura es -en la etapa de "pasión"- horizonte histórico común, biblioteca universal: "el" camino para la educación del alma, donde la literatura "seria", masculina y europea, resulta jerarquizada ("Modesta Mignon", de Balzac); es la inscripción (la letra) del pecado pero también su catártica asunción pública que permite a Hester Prynne construir otro destino de vida y de lectura ( La letra escarlata , de Hawthorne); es la vía de progreso económico e intelectual para la Sylvie de Gérard de Nerval, que se libera de su "autenticidad" y con ella, de su desvalida inocencia -Catelli interpreta con lucidez novedosa esta novela que la crítica había leído antes sólo desde la posición del "Autor" personaje-; es el aprendizaje femenino de la decepción y el lento logro del equilibrio ( Villette de Charlotte Brontë). Es la "biblioteca falseada" de Mme. Bovary, que no lee sólo novelas románticas (según se ha dicho) sino toda la literatura (la "alta" incluso) como si se tratara de un folletín, así como la Regenta de Leopoldo Alas lee, desde el deseo (el cuerpo) insatisfecho, todos los textos como si conformasen una gran novela sentimental. Apunta Catelli, certeramente, que las lecturas de los varones en la novela de Flaubert sufren también fuertes degradaciones de registro, y agrega que la identificación del surgimiento de la lectura de masas con un "dispositivo femenino",pertenece al campo de lo imaginario y no al de la comprobada práctica social histórica. Por fin, Caroline, personaje de Zola, no lee literatura, lee la ley, que le permite defenderse de las argucias de un especulador, mientras que la Dora de Freud interpreta con el cuerpo su estrecha biblioteca médica.

En el período de "extinción" , encontramos la posibilidad de leer el mal, más allá de todos los límites (Conrad), la transformación de la literatura en representación oral y vacía, que sólo coloca espejos frente a los espectadores (Woolf), la lectura como copia pueril de un libro escolar o copia fraudulenta de un texto poético -el del padre- (Benet).

Las inteligentes páginas de Nora Catelli saben desarmar supuestos, prejuicios, lugares comunes, y también hacer preguntas inquietantes, como ésta: ¿se relaciona el frondoso imaginario de la mujer lectora, con la progresiva satanización de los efectos de la lectura, o con la desaparición de las grandes figuras femeninas en la narrativa del siglo XX? Análisis y preguntas se expresan, además, en una escritura facetada y precisa que anuda el rigor intelectual al placer estético.

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