Pedro Lemebel: vigencia de un contestatario queer celebrado en museos y librerías de Hispanoamérica
“Pobre y homosexual, quería ser artista”, confesó; reconocimiento a la obra del escritor y performer chileno, con muestras y relanzamientos de sus libros, en un nuevo aniversario de su muerte
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“Todo lo que he aprendido lo he aprendido de las mujeres”, afirmó el escritor y performer chileno Pedro Lemebel, al explicar en un programa radial que había adoptado el apellido materno (a su vez, inventado por la abuela, dijo), en vez del paterno, Mardones. La revelación está incluida en el premiado documental Lemebel, de Joanna Reposi Garibaldi, de 2019. El 23 de enero de 2015, el autor de Loco afán y Tengo miedo torero, voz de los desposeídos y que supo bregar por una “vida impertinente”, fallecía en Santiago de Chile, a los 62 años.
“Pobre y homosexual, quería ser artista”, confesó. En plena epidemia del sida, y con Augusto Pinochet todavía en el poder, creó con Francisco Casas (1959) el colectivo artístico-contestario Yeguas del Apocalipsis (remedo queer de los jinetes bíblicos), cuando en su país los homosexuales eran perseguidos, si no asesinados en casas y calles. “El poder era el tema”, resumió la escritora Carmen Berenguer, amiga de Lemebel, fallecida en 2024 (y la rabia era la forma, se podría agregar hoy). Hoy, la obra del colectivo –de la que no hay tantos registros audiovisuales– forma parte de las colecciones del Museo Reina Sofía, el Museo de Arte Moderno de Nueva York y el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.
El martes, en el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile se inauguró Desbocadas. Yeguas del Apocalipsis. Retrospectiva, primera antológica dedicada a una dupla clave del arte y la acción performática en América Latina (inspirada, según contó Casas, en las performances de Fernando Noy en el under porteño), que se puede visitar hasta el 19 de abril. Entre otras acciones, Las Yeguas del Apocalipsis coronaron de espinas al poeta Raúl Zurita (al que le aconsejó teñirse las canas), refundaron la Universidad de Chile con los dos artistas desnudos, montando a caballo, al estilo de lady Godiva; proclamaron a Patricio Aylwin como el candidato ideal para la presidencia de Chile, interpretaron el cuadro viviente Las dos Fridas, en homenaje a Frida Kahlo, además de rendir tributo a los detenidos desaparecidos de la dictadura chilena y al “escritor chamán” Néstor Perlongher en un coloquio en Nueva York.
La muestra, al cuidado de Gerardo Mosquera, reúne gran parte de la obra existente del colectivo, con piezas hasta ahora desconocidas, junto con documentación de acciones efímeras conservada en archivos públicos y privados.
“Presentar esta exposición retrospectiva significa saldar una deuda con un colectivo icónico que en los años 80 desafió la norma y visibilizó las disidencias sexo-genéricas relegadas al margen en un contexto de represión. [...] Las Yeguas del Apocalipsis, con una obra incuestionable y reconocida internacionalmente, no solo ampliaron los límites del arte en Chile y en Latinoamérica, sino que además interpelaron a una sociedad atravesada por la violencia política, la homofobia y el silencio”, sostuvo Varinia Brodsky Zimmermann, directora del MNBA de Chile.

Para Mosquera, el cuestionamiento radical de las Yeguas “a los prejuicios y a las estructuras dominantes, su subversión situada e interseccional de lo establecido, conservan plena vigencia” e impulsan “su fuerza crítica hacia el presente”.
“La figura de Pedro Lemebel hoy sigue siendo clave -dice la curadora e historiadora del arte Feda Baeza a LA NACION-. Por un lado, ya desde los años setenta, reivindicó un modo de practicar lo marica que siempre se resistió a lo gay global, en consonancia con otras posiciones, como las de Jorge Gumier Maier o Néstor Perlongher. Lemebel nunca escindió el cuestionamiento a la estructura de géneros de las condiciones políticas y sociales, inclusive también desde las posiciones geopolíticas. El ser marica de Lemebel siempre fue un modo muy agudo de entender su sociedad, entender la violencia, el capitalismo, los cuerpos; a partir de su lengua bífida de marica neobarroca, se pueden distinguir todas esas vinculaciones y relaciones, tanto en su obra artística como en sus producción literaria o como cronista. La figura de Lemebel sigue siendo una puerta para conectar todos esos mundos que, hoy, parece particularmente relevante”.
Tras negociaciones con los herederos de su obra, el Grupo Planeta acordó el relanzamiento en todas sus filiales, a partir de junio y en el sello Seix Barral, de gran parte de la obra de Lemebel, con nuevas portadas, diseñadas por el artista y diseñador chileno Santi Nam. También se encargaron prólogos a la española Alana S. Portero (Tengo miedo torero; su única novela, llevada al cine por Rodrigo Sepúlveda Urzúa), la ecuaroriana María Fernanda Ampuero (Loco afán), su compatriota Cynthia Rimsky (Adiós mariquita linda) y otros del mexicano Julián Herbert, el colombiano Giuseppe Caputo y la peruana Gabriela Wiener. En 2025, Planeta de Chile publicó Tu voz existe. Vida de Pedro Lemebel, de Jovana Skármeta y Marcelo Simonetti. La literatura lemebeliana sigue inspirando a escritores hispanoamericanos.

“Se lo extraña; su lengua deslenguada, su falta de cálculo, su interés por lo que pasa afuera de él mismo, sus columnas aventureras, el humor de su escritura -dice Rimsky a LA NACION-. Como está el mundo ahora, es difícil imaginárselo acá”.
“Mi crónica no es la que hacen los cronistas latinoamericanos ahora -dijo Lemebel a LA NACION, en 2010-. Los periodistas dicen que hago literatura y los literatos, que hago crónica. En ese intermedio se mueven mis letras y aparentemente se mueven bien. Mi escritura es una mezcla de estilos, un género bastardo, un pastiche de la canción popular, la biografía, el testimonio, la entrevista, las voces y los susurros de la calle. Con esos materiales, literarios o no, me muevo”.
El escritor Alejandro Modarelli fue amigo de Lemebel y sigue siendo admirador de su obra. “Regresé en estos días de Santiago de Chile, antes de que en Museo Nacional de Bellas Artes se celebrara, a once años de la muerte de Pedro, el legado del colectivo de arte Las Yeguas del Apocalipsis -dice-. Una dupla que, intuyo, el régimen de Pinochet había pasado por alto, más atento a otras represiones y entuertos económicos, y porque seguramente sus funcionarios no entenderían muy bien de qué se trataba. En estos asuntos de performance e inversión del género, la dictadura chilena fue mucho menos obsesiva que la argentina. Y un enemigo mucho más evidente, para Pedro, que el giro neoliberal posterior en democracia. Resistir a la dictadura es una aventura peligrosa, pero convertirse en un firme contendiente de la democracia tal como persiste en su país puede ser un plato indigerible”.
Se lo consultó varias veces sobre los expedientes que conforman la herencia de Lemebel. “Qué artistas visuales, qué escritores, qué formas de militancia se obstinan en devolver su nombre y su obra a la escena chilena y latinoamericana, porque Pedro era profundamente voraz de ciudades como Lima o Buenos Aires –revela Modarelli–. A once años, qué señalar, me pregunto. Meses después del libro publicado por su amigo y escritor Juan Pablo Sutherland, Lemebel sin Lemebel, recorro calles de Santiago y troto por las redes, y siempre, siempre, veo que las imágenes lo mantienen vigente. Ni qué decir de la revuelta de 2019: su fantasma era un combatiente en la primera línea grafitera. Y en 2025 lo que nunca quedó olvidado forma tesoro en las paredes. Su furia, su lengua, su marcha en stiletto. Si Michelle Bachelet lo había visitado en el hospital López Pérez mientras él, en el último tramo de su cáncer, se enojaba con el destino, y Gabriel Boric lo menciona con admiración, José Antonio Kast debe prepararse, porque del bello grafito Pedro podría pasar a ser río y sumergirle el misal”.










