Personajes de cuento
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LA lectura de estos cuentos induce a pensar que las convicciones literarias que expresan los personajes son las del autor, porque ese credo es minuciosamente respetado a lo largo del libro. Anota en su diario un escritor, protagonista de "La segunda lectura": "¡Por Dios, qué lenguaje! ¡Cómo es posible tanto rebuscamiento para describir la comida de una pareja en un restaurante! Yo, que siempre he tratado de decir las cosas con sencillez, me asombro de ese léxico que, a cada rato, obliga a abrir el diccionario".
Escritos en un lenguaje llano y, en su mayoría, en primera persona, los cuentos de este volumen son cuentos "de personajes", sin que eso signifique descuido por la trama. En "La isla del tesoro", la protagonista es una nena que relata desde la inocencia un crimen que le cambiará la vida; en "La segunda lectura", se trata de un escritor que en sus últimos días decide reescribir la obra completa de su maestro; en "El tapado", prosopopeya mediante, se muestra cómo un abrigo de piel puede elevarse a la categoría de personaje; "Grupo escultórico" es una historia de infidelidad y venganza.
Pero es en "Tema barroco" donde se encuentra el personaje más entrañable: una mujer que revive desde la conformidad provinciana sus años jóvenes de ideales, vocación y amor.
"La puerta del limbo", que cierra el volumen, es el cuento más complejo y constituye un alarde de destreza narrativa.
El texto alterna fragmentos narrados desde el punto de vista del protagonista con anotaciones en su diario, cartas, las historias que escribe, los delirios de la agonía y, en el final, el coro de los seres que animan su ficción, voces airadas que lo increpan desde la sombra. Buen cierre para una obra cuya tesis coloca a los personajes en el centro gravitatorio de la creación literaria.
Raúl Brasca
(c)
La Nacion


