Poema del amor triste
Por Eduardo Mileo
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Poema del amor triste
Adiós, amada.
Junta, de tu playa
los mejores cristales de mi arena.
La mar amarga, amor.
En el reloj de sal de los barquitos
ha dado la hora.
Pero la edad de madurar,
el sol de los frutales,
no llega a las orillas alejadas.
Paciencia.
Enhebraré de tu collar las perlas
como lágrimas alegres de mis ojos.
Adiós, amada.
Junto al hogar
donde se quema la madera viva
los animales hacen su refugio.
Pero la calle muda se vacía
en una helada hilera de luciérnagas.
Paciencia.
Quien llegue hará sonar su campanita.
Y en la terraza la camisa blanca
de la mañana volará
con nuestras alas.
Adiós, amada.
Brindo en tu boca
con el añejo vino del amor.
Hoy celebran misa de relámpagos
los mares inundados de mis ojos.
Mejor así.
Haber sacado al patio los sillones
para tomar el fresco.
En una casa vecina
se escucha alguna música
que no se alcanza a entender.
Paciencia.
Zumban
en mi boca abejas
atrapadas en su propia miel.
Pero la calle está quieta.
Sorda.
Embotellada en su licor narcótico.
Paciencia.
Algún sol brillará.
Alguna fiesta
animada por globos aerostáticos.
Detrás de las fogatas, las mujeres solas
conversan sobre un hombre que ha dejado de hablar.
Fragmento de Poema del amor triste , Ediciones En Danza, 2001






