Policial de la decadencia

En un thriller protagonizado por un médico inescrupuloso, Herman Koch critica amargamente la superficialidad y la indolencia de la sociedad holandesa
Armando Capalbo
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28 de septiembre de 2012  

Entre el thriller y la crítica de la mentalidad burguesa se erige Casa de verano con piscina , del holandés Herman Koch (1953), actor y periodista además de premiado narrador. La ambigüedad ética, la crisis de identidad y la tensión entre el mundo real y las ilusiones son los temas que componen este oscuro policial. A la manera de la clásica série noire , la novela acota una cruda visión sobre la ausencia de toda inocencia en el comportamiento social contemporáneo.

Médico de cabecera de reconocida reputación en Ámsterdam, valorado por la paciencia y la dedicación con las que atiende a su gran clientela, el doctor Mark Schlosser relata su propia historia de crisis de valores a partir del vínculo amistoso que entabla con uno de sus pacientes, el célebre actor teatral Ralph Meier. Egocéntrico, fascinador y voluptuoso, el astro se va involucrando cada vez más con su médico, quien cede ante su solicitud de recetarle estimulantes inadecuados. Meier invita a Schlosser y a su bella esposa a un rutilante estreno teatral y poco después a pasar parte de la temporada veraniega en su residencia de vacaciones, entre cuyas comodidades se destaca la piscina que da título a la novela. La amistad se extiende a las familias, esposas e hijos adolescentes. Será inevitable que se produzcan, en medio de la apacible monotonía estival, desde molestos flirteos hasta la insinuación de actividad swinger , además de confidencias cruzadas e insospechadas. Pero pronto, víctima de una no detectada insuficiencia, Meier muere y Schlosser es visto como el responsable.

Con cierta evocación de James Ellroy y Ross Macdonald, Koch recrudece su retrato en negro de la burguesía media y alta aunque sobre todo despliega una incomparable ironía respecto de la relatividad moral en los representantes de la profesión médica. Desde la desidia hasta la mala praxis, o desde la total ausencia de ética profesional hasta el aprovechamiento inescrupuloso de la vulnerabilidad de los pacientes, el cinismo de la primera persona narrativa, la voz del doctor Schlosser, es también la que maneja la muy bien calibrada dosificación de la trama.

Con un énfasis inusitado, a través de su docto personaje, Koch dictamina sobre la injusticia que reina en su país respecto del acceso de los ciudadanos a la atención médica o a los cuidados institucionales del sistema sanitario, particularmente reprueba la práctica de permanente derivación de un especialista en otro e inculpa a la concepción ministerial de la salud pública sobre la mortalidad de bebés en los muchos partos domésticos. En un punto intermedio entre la venganza y la justicia, el doctor Schlosser intentará remontar el tedio de su propia existencia y la acusación que pende sobre él por la prematura y misteriosa muerte del actor. Así, la tensión crece y el lector se ve beneficiado cuando, en la segunda parte, del relato se encamina con certeza a la intriga policial sin interferencias de circunloquios morales. Koch resuelve el único punto débil de su andamiaje narrativo: la tendencia al monólogo de impugnación moral.

El holandés Herman Koch tiene una visión escéptica de su país
El holandés Herman Koch tiene una visión escéptica de su país Crédito: EFE/ Archivo

Casa de verano con piscina sostiene una equilibrada trama de desconfianza, celos y traiciones maritales, que no excluye el desasosiego ante la superficialidad de valores de la vida consumista. La de Koch es una Holanda sumida en la irreflexiva experiencia del bienestar económico y de la falsa liberalidad sexual. En la esencia misma del personaje del doctor Schlosser se imbrica la autocomplacencia y la disconformidad del mundo, como si un álter ego del autor ofreciera su propia experiencia para redimir a un conjunto anestesiado. A la vez, el tema de la inútil redención se subraya con más fuerza en la medida en que el lector comprende los reveses éticos del médico a partir de su inútil esfuerzo por salvar a su propia hija de las consecuencias de esa misma hipocresía sexual que él alienta.

Todos y cada uno de los personajes se mueven en ese territorio incierto entre la corrupción, la indolencia y la fragilidad. El caso del médico que pendula entre la justicia privada y el cinismo es sin embargo la recusación principal de la novela, un logrado thriller cuyo propósito es desembozar una reflexión amarga respecto del derrumbe de las ilusiones en una realidad social cernida entre el envilecimiento y la decadencia.

Casa de verano con piscina

Herman Koch

Salamandra

Trad.: María Rosich

348 páginas

$ 95

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