Quién fue Loïe Fuller, la bailarina perdida y encontrada
Con una hipnótica presencia, apareció por primera vez en una película muda de Lumière; némesis de Isadora Duncan, con sus velos encandiló a Toulouse-Lautrec; se publica un libro de textos propios inéditos en español
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Danse Serpentine es una película muda de 1897, filmada por los hermanos Lumière, considerada el primer registro cinematográfico de una danza. El cine se había inventado apenas dos años antes y la danza ya estaba allí. En ella se ve a una bailarina que gira sobre si misma y se envuelve en una tela de grandes dimensiones y cada uno de los fotogramas pintados a mano.
La creadora de esa hipnótica danza fue la bailarina de origen norteamericano Loïe Fuller nacida en 1862. Sin formación clásica, ni formas apolíneas, Fuller triunfó en escenarios de todo el mundo, llevando de gira pequeños y asombrosos números coreográficos. Henri de Toulouse-Lautrec la descubrió en 1892 cuando la vio bailar con sus velos en un espectáculo en el Folies-Bergère y la pintó al óleo sobre un cartón, como solía retratar a las bailarinas de los cabarets de la Belle Époque.

Las huellas de Loïe llegan hasta las danzas árabes estilizadas, cuando coreógrafas de belly dance de Estados Unidos tomaron la danza serpentina y estandarizaron un vestuario de seda plisada para bailar lo que desde 1960 se conoce como Alas de Isis. Su nombre también fue recuperado por Loïe, una revista de danza, dirigida por Susana Temperley, Doctora en Artes de la UNA. Desde allí explican que su objeto de estudio es “la danza y la performance en relación con dispositivos, medios y materialidades. De ahí que los pétalos de la danza de Loïe Fuller hayan inspirado nuestro nombre y nuestro logo”.
Fuller fue una estrella con recorrido internacional, sin embargo su historia no ha trascendido el ambiente de la danza. Una de las pocas aproximaciones fue en el año 2016, cuando la directora francesa Stéphanie Di Giusto estrenó la biopic La danseuse que pone en escena la relación conflictiva entre Loïe e Isadora Duncan.
Pero es posible leer a Loïe desde sus propias palabras: Quince años de una bailarina es su autobiografía escrita en 1908, que 2(DA) En Papel Editora acaba de lanzar para su colección de libros de danza. Este libro traducido y enriquecido con imágenes y documentos incluye la transcripción de una conferencia de Fuller sobre el elemento químico radio, que relata su fascinación por la ciencia y su relación con Thomas Alva Edison y Marie Curie.
La colección de libros de danza de la editorial dirigida por Josefina Zuain ya había publicado otro título sobre la bailarina en 2025: Ella (NO) es Loïe Fuller, de Marie Bardet. “Nos gusta la modalidad de armado de archivo que permite ampliar las memorias –explica Zuain–. La Biblioteca de Nueva York tiene gran parte del archivo de la obra de Loïe y encontramos cuadernos manuscritos. En ese leer y volver a leer la puesta en relación de todos los documentos se pone interesantísima”.

El libro detalla tanto la secuencia de la creación de la danza serpentina, como el desgarro que sintió al descubrir que le habían robado la idea y otras bailarinas se presentaban en su nombre. El problema no era que otros cuerpos danzaran esos pasos, lo que le importaba es que le fuera reconocida la autoría. Esa preocupación puede leerse en una serie de traducciones de los vestuarios y dispositivos de luces que diseñó y patentó inmediatamente.
Los fragmentos de danzas de Loïe Fuller disponibles en Youtube convocan interminables discusiones sobre la presencia en cámara de Fuller en persona, o de alguna de sus émulas contemporáneas. “Loïe tiene cientos de miles de imitadores e imitadoras en todo el mundo y eso generaba la duda de si fue ella o no, la que vino a bailar a Córdoba en 1904 –sostiene Josefina Zuain –por eso, invitamos a Paulina Antacli, que encuentra documentos que permiten ajustar finalmente unas fechas”.
Hablando de fechas, es curioso que su colega/némesis/tal vez amante, Isadora Duncan haya muerto trágicamente, unos meses después que Loïe y que de algún modo haya opacado su figura para el gran público. Hay cierta épica en la historia de una bailarina que se muere ahorcada por su propia chalina. Pero también un relato construido desde los márgenes o desde el centro.
“Isadora fue un personaje muy conservador, con el culto del genio individual. Que no quería ser filmada –señala Zuain-. Hay una imagen de Isadora que se construye como mujer heterosexual que pierde a sus hijos. Pero Isadora tenía sus historias con mujeres, que no quiere necesariamente decir que fuera lesbiana como Loïe. Pero es un relato hetero-normativo de una mujer víctima del destino y rodeada de hombres de poder que están sosteniendo esa figura”.
En la presente edición de Quince años de la vida de una bailarina pueden leerse detalles de los encuentros con científicos y reinas. Con escultores y estafadores. Y un capítulo dedicado enteramente a Gab Sorère pareja y colaboradora clave de la bailarina. Tras la muerte de Fuller en 1928, Sorère heredó su laboratorio y compañía, manteniendo vivo su legado de danza e iluminación. Algo de eso puede verse en Loïe Fuller, obsesionada con la luz, documental de 2023 que repasa el legado de Fuller en la moda, la danza y la iluminación escénica.

“Creo que fue un personaje un poco externo a todos los espacios disciplinares –señala Josefina Zuain-. Ni tan bailarina, ni tan del mundo”.
Figura inclasificable, tal vez por eso la historia de la danza no la había puesto en el centro de la escena. Y sin embargo sus huellas son imborrables.
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