
Reconocimiento a Jorge Halperín
Se incorporó a la Academia de Periodismo
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La Academia Nacional de Periodismo incorporó ayer en una sesión pública al periodista Jorge Halperín en un acto realizado en el Museo Mitre. El nuevo académico ocupará el sitial Juan B. Justo.
Abrió la sesión el secretario de la academia, Enrique Mayochi, que leyó una carta de Ernesto Sabato a Halperín, en la que le decía que "pertenece a esa corriente de periodismo responsable y crítico del que depende la formación de los hombres".
El presidente de la institución, José Claudio Escribano, presentó al nuevo miembro de número. Tras hacer algunas disquisiciones sobre la edad y la vasta experiencia del nuevo académico -"Halperín es joven, en apariencia; dice tener 55 años y habría que creerle, en principio"-, Escribano dijo que recuerda decenas de entrevistas de Halperín con personalidades de la cultura, de las ciencias, de los raros ámbitos en que se piensa. Y que lamentó, por el valor periodístico de lo que leía, que ambos trabajaran en diferentes medios. "Sólo los necios porfían en trabajar lejos de quienes, además de brillar, iluminan", dijo.
Un fantasma sin rostro
Halperín habló sobre "El enigma del lector". Señaló que, al cumplir 36 años con la profesión, iba a hablar de un personaje que está presente en toda la vida del periodista y, a pesar de su presencia, ignoramos quién es y qué piensa: el lector, el oyente, el televidente. "Digamos que es un fantasma que, por suerte, existe, pero cuyo verdadero rostro desconocemos."
Citó una encuesta del Ministerio de Educación de hace dos años, que reveló que el 37% de los argentinos mayores de 18 años lee diarios, libros y revistas. Esa encuesta de 2400 casos reveló también que un 27% de los argentinos no lee nada o muy poco, y dice que es por falta de interés.
Además, un 45% de los argentinos confesaba que no había leído ni un solo libro en el último año. Y para completar, el 10% decía que no lee nunca nada, ni libros, ni diarios, ni revistas, ni un prospecto de medicamentos.
Comentó los ecos que recibe un periodista de alguien que le dice que lo ha leído o escuchado. Y manifestó que incluso ha recibido comentarios del tipo: "No leí tu excelente nota de hoy".
Señaló que a los periodistas jóvenes les dice que deben sentir al lado el fantasma del lector y preguntarse qué sabe, qué ignora, qué desea saber.
Recordó a los autores Ariel Dorfman y Armand Matelart, que decían que personajes como el Pato Donald construían un lector alienado y manipulado ideológicamente. Pero ellos, con toda su imaginación, afirmó, casi concebían al lector como una suerte de vasija por llenar a voluntad. "No habían conseguido atrapar al verdadero lector, que no es un personaje pasivo."
Halperín comentó pensamientos de Umberto Eco; de Cesare Pavese; de Ralph Staiger, presidente de una institución dedicada a promover la lectura. Señaló que el único lugar que es seguro que la fomenta no es la escuela -si hay maestros que no leen más bien pueden destruirla-, sino una buena biblioteca, familiar o pública.
El disertante concluyó reconociendo que la búsqueda del rostro del público que intentó a tientas no llegó a buen puerto. "El enigma del lector persiste. Y, la verdad, es mejor". Porque estimulará el desafío y el placer de echar una botella al mar y esperar que una mano incierta se apropie de ese mensaje para cerrar la comunicación.
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